Victor Segalen

(Brest, 1878 - Huelgoat, 1919) Viajero, arqueólogo y escritor francés. Participó en tres expediciones arqueológicas en China (1909-1913; 1914-1915; 1917-1918). Es autor de la novela Los inmemoriales (1907), del relato En un mundo sonoro (1907), del poemario Estelas (1912) y de las narraciones en prosa poética de Pinturas (1916). Tras su muerte aparecieron Orfeo rey (1921), drama lírico para un proyecto de ópera de Debussy, la novela René Leys (1921), las Odas (1926) y un diario de sus viajes a China (La expedición. De Pekín a las marcas tibetanas, 1929).


Victor Segalen

Victor Segalen estudió en la Escuela de Medicina Naval de Burdeos, al mismo tiempo que cultivaba sus intereses musicales y literarios. En 1902 dio a la prensa su tesis de licenciatura, Les Cliniciens ès lettres, que se sitúa en el límite entre la medicina y la literatura: es el estudio del tratamiento literario de las imágenes de la enfermedad y de las neurosis. En el mismo año publicó en el Mercure de France un artículo sobre Les Synesthésies et l'École symboliste en el que, a través del análisis de la obra de Charles Baudelaire, Thomas de Quincey, Joris-Karl Huysmans y Guy de Maupassant, concretó su interés por lo que se escapa a las normas y a los límites: desórdenes psíquicos, hechos paranormales, lo indecible, desdoblamientos de personalidad, correspondencias entre sonidos, colores y pensamiento.

Invitado como médico a bordo de un barco de Polinesia, Victor Segalen permaneció allí desde 1902 hasta 1904, elaborando muchos proyectos literarios. En Hiva-Oa, en las islas Marquesas, adquirió las esculturas que decoraban la casa de Paul Gauguin (muerto pocos meses antes), cuya experiencia le llevó a meditar sobre la metamorfosis de un arte occidental iluminado por la cultura polinesia. Documentándose sobre los viejos mitos maoríes, reunió material para un proyecto de novela, Los inmemoriales, publicada en Francia en 1907 bajo el pseudónimo de Max Anély, y dedicada a los tahitianos de antaño y a la agonía de sus tradiciones. Publicó además un artículo, Gauguin dans son dernier décor.

De regreso a Europa, Victor Segalen pasó por Colombo y Kandy, donde se interesó por el pensamiento hindú y por el budismo. En Djibuti buscó las huellas del paso de Rimbaud, a quien dedicó algunos artículos: Les hors-la-loi (1905) y Le double Rimbaud (1906). De nuevo en Brest entre 1905 y 1909, terminó muchos escritos fruto de su experiencia en Oceanía: Pensers païens (1906) y Voix mortes: musique maorie (1907).

La publicación de la novela En un mundo sonoro (1907) hizo que Claude Debussy se interesara por él. El compositor le propuso escribir el drama lírico Orfeo rey; juntos trabajaron en él entre 1907 y 1908, y la versión definitiva, que lleva la fecha de 1915 y no incorpora la partitura musical, fue publicada póstumamente en 1921. De estos años es también el proyecto de un Ensayo sobre el exotismo, en el que trabajó intermitentemente hasta 1918.

A raíz de haber conocido a Jules de Gaultier, descubridor de Nietzsche en Francia y defensor acérrimo del idealismo filosófico, maduró el deseo de realizar un viaje a China, que organizó con Gilbert de Voisins. Llegó al país en el momento en que la revolución china ponía fin a un imperio milenario. Estuvo en China en tres ocasiones (1909-1913, 1914-1915 y 1917-1918), durante las que enseñó medicina y, al mismo tiempo, entusiasmado por el arte y la civilización de la antigua China, hizo algunos trabajos arqueológicos de relieve que le llevaron a importantes descubrimientos. Mientras, había conocido a Paul Claudel, que vivía en Tien-Tsin.

Sus primeros escritos chinos confluyeron en el volumen Briques et tuiles, que incluye textos escritos entre 1909 y 1912, y en un segundo volumen titulado Imaginaires. Además de algunas novelas como La tête y Le siège de l'âme y el esbozo de un Essai sur le Mystérieux, trabajó entre la primera y la segunda estancia en China en su obra maestra poética, Estelas, un conjunto de 64 poemas en prosa publicado en Pekín en 1912 (en una elegante edición con caligrafía arcaica), y en el volumen Pinturas (1916), un texto mixto entre la poesía y el relato de viajes.

Otras importantes obras escritas en esta época fueron publicadas después de su muerte, como la novela René Leys (1921) o El misterio del Palacio Imperial (1921), una serie de poemas titulados Odas (1926) y, sobre todo, el libro de viajes relativo a una expedición arqueológica en el corazón de la China, con Gilbert des Voisins y Jean Lartigue: La expedición. De Pekín a las marcas tibetanas (1929). A estos textos hay que añadir escritos científicos como Misión arqueológica en China (1923-1924) y El arte funerario en la época Han (1935).

En su tercera estancia en China, que fue motivada, tras un período en el frente, por la misión de reclutar trabajadores como oficial de sanidad, escribió textos como Chine. La Grande Statuaire, y el largo poema Thibet, inspirado por la lectura, en traducción, del manuscrito del fundador del budismo tibetano, Padmasambhava. De nuevo en Brest, mientras trabajaba en la redacción de sus estudios arqueológicos y el último gran poema, fue víctima de una enfermedad misteriosa que le llevó a la pérdida progresiva de sus energías, hasta que murió desangrado en el bosque de Huelgoat, cerca de Brest, por una hemorragia provocada por una herida en una pierna.

Un tema central en toda la obra de Victor Segalen es la relación entre la imaginación y la realidad. Juzgando insatisfactorias las respuestas proporcionadas por el realismo puro, el exotismo convencional y el simbolismo superficial, elaboró una estética de "lo Diferente", centrada en un particular tipo de exotismo esencial que es un camino hacia la realidad suprema, ascesis del cuerpo y del espíritu hacia la "extrema lontananza" del espacio y del tiempo, hacia orígenes en que "las mismas palabras son divinidad".

Segalen sitúa dicho exotismo en el centro de su visión del mundo, porque está convencido de que corresponde "a la ley fundamental de la intensidad de la Sensación, de la exaltación del Sentir y, por lo tanto, del vivir". El ser se abre a la espléndida diversidad del mundo, no para apropiarse de ella y asimilarla sino "para sentirse a sí mismo, a los demás, revestidos de un extrañamiento inquietante", lo único que permite la aproximación al conocimiento de uno mismo.

Con este fin, para Segalen es fundamental la búsqueda del instante en que las diferencias se resuelven sin mezclarse: "El Exotismo no es una adaptación; no es la comprensión perfecta de un fuera de sí que se encerraría en sí, sino la aguda e inmediata percepción de una incomprensibilidad eterna." Este instante, el "momento misterioso", lleva lo normal y lo insólito, lo real y lo imaginario, opuestos y complementarios al mismo tiempo, a la superación de todo conflicto y a la conciliación superior.

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