Ugo Tognazzi

(Cremona, 1922 - Roma, 1990) Actor italiano. Se inició en el teatro y fue un destacado animador del music-hall hasta convertirse en una de las figuras más populares de la televisión italiana y también del cine de su país, en el que destacó como actor cómico a partir de su trabajo en La abeja reina (1963), de Marco Ferreri.


Ugo Tognazzi

Nacido en el seno de una familia burguesa, Ugo Tognazzi participó por primera vez en un espectáculo teatral cuando apenas tenía cinco años, en una representación organizada en Bérgamo, donde su familia se había instalado poco antes. A los catorce regresó a su ciudad natal y comenzó a trabajar en una fábrica de embutidos. Con el dinero que ganaba en este empleo se fue costeando los estudios de arte dramático, pese a la oposición de sus padres.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se dedicó a organizar, con un grupo de aficionados, una serie de espectáculos teatrales para los soldados italianos. Finalizada la contienda, prosiguió su trabajo como actor de teatro y trasladó su residencia a Milán, donde hizo su debut profesional en 1945, con la revista Vivan las mujeres. Después, y durante un tiempo, se dedicó de lleno a la comedia musical.

Su primer trabajo para el cine fue un papel en el filme I cadetti di Guascogna (1950), dirigido por Mario Mattoli. En la siguiente década intervino en numerosas películas, aunque generalmente interpretando personajes secundarios. La ocasión para afirmar su talento le llegó con la película de Luciano Salce El federal (1961), en la que Tognazzi encarnaba a un fascista de la vieja guardia.

A partir de entonces se convirtió en el actor favorito de Marco Ferreri, con el que rodó La abeja reina (1963), filme con el que logró el reconocimiento internacional, y Se acabó el negocio (1964). Logró hacerse con el primer papel, en competencia con Vittorio Gassman, en la película de Dino Risi Monstruos de hoy (1963). A continuación vendrían otras cintas de éxito como Yo la conocía bien (1965), por la que recibió el Premio Nastri d'Argento, Una cuestión de honor (1965), Muchas cuerdas para un violín (1967), Barbarella (1967), Abrázame y sáciame de besos (1968) y En nombre del pueblo italiano (1971), entre otras.

En 1973 trabajó otra vez a las ordenes de Marco Ferreri en La gran comilona, una controvertida película en la que compartía reparto con Marcello Mastroianni, Michel Piccoli y Philippe Noiret. Por entonces era considerado uno de los mejores actores cómicos italianos, independientemente de sus buenas actuaciones en papeles dramáticos, y su interpretación de un homosexual en Vicios pequeños (1978) descubrió una vez más sus aptitudes y su gran versatilidad.

En la década de los 80 siguió todavía trabajando en el cine (fundamentalmente, en comedias), aunque con mucha menor asiduidad. Entre sus trabajos de sus últimos años figuran La jaula de las locas (1980), la película de Bertolucci Tragedia de un hombre ridículo (1981), por la que recibió el premio de interpretación del Festival de Cannes, y Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (1984), dirigida por Mario Monicelli.

Ugo Tognazzi probó también suerte como realizador. En 1961 dirigió El mantenido, a la que seguirían El fiel servidor (1968) y Los viajeros del atardecer (1979). Su vida privada proporcionó abundantes crónicas a la prensa del corazón. En 1955 tuvo un hijo, Ricki, fruto de su romance con la bailarina inglesa Pat O'Hara. En 1963 se casó con la actriz noruega Margretha Robsam, con la que tuvo otro hijo, Thomas, y de la que se divorció al cabo de unos meses. En 1972 contrajo nuevas nupcias con la también actriz Franca Bettoja, con la que tuvo dos hijos: Gianmarco y María Sole. Tognazzi falleció el 27 de octubre de 1990 a causa de un derrame cerebral en una clínica de Roma, poco después del rodaje de La batalla de los tres reyes (1990), última película en que participó.