Esteban Manuel de Villegas

(Matute, La Rioja, 1589 - Nájera, La Rioja, 1669) Escritor español del Siglo de Oro. Hijo de una familia rentista de buena posición, dedicada al préstamo en juros y censos, cursó estudios de Gramática en Madrid y de Leyes en la Universidad de Salamanca, obteniendo el título de Licenciado. En la capital del reino coincidió y participó en la gran efervescencia literaria del Siglo de Oro, militando en las filas del declinante Humanismo frente a las nuevas corrientes barrocas, que, sin embargo, terminarían influenciándolo.


Retrato apócrifo de Esteban Manuel de Villegas

Finalizados los estudios, se afincó en Nájera, donde vivió de las rentas familiares, emparentó con las familias acomodadas de esta población y suspiró por un empleo en la Corte (Cronista de Indias o bibliotecario de la Biblioteca del Conde-Duque de Olivares, luego de D. Luis de Haro) que nunca logrará. Casado felizmente, tuvo siete hijos, pero sólo le sobrevivieron dos mujeres. Pésimo administrador, algunas herencias mitigaron esporádicamente sus continuas dificultades económicas, pasando estrecheces en sus últimos años y ganándose una inmerecida fama de pleitista porque era el único modo de cobrar las rentas debidas por los informales prestatarios. Viajó con relativa frecuencia, sobre todo a Madrid (de joven, para participar en los certámenes poéticos de las Academias y en la madurez por diferentes motivos), pero también a Toulouse para perfeccionar sus estudios humanísticos y gestionar publicaciones.

A raíz de una disputa con dos frailes benedictinos del Monasterio de Santa María la Real sobre la interpretación del libre albedrío en San Anselmo, y pasados siete años, se le incoó un proceso de herejía por la Inquisición de Navarra, con sede en Logroño. Al cabo de otros ocho años, en 1659, cuando contaba con setenta de vida y llevaba once meses encarcelado, fue condenado a cuatro años de destierro, de los que sólo cumplió cuatro meses en la población burgalesa de Santa María de Ribarredonda, al serle concedido el perdón que había implorado. Pudo entonces volver a Nájera, donde falleció con ochenta años.

Aunque tiene una notable producción como filólogo y humanista o erudito, es más conocido como poeta, debido a que, de las dos únicas obras publicadas en vida, la primera y más impactante fue Las Eróticas o Amatorias, una miscelánea de poemas que editó con su dinero en 1618 en la imprenta de su paisano Juan de Mongastón y que había empezado a escribir precozmente, como él mismo señaló en estos versos: "Mis dulces cantinelas, / mis suaves Delicias, /a los veinte limadas, / a los catorce escritas."

La obra se divide en dos partes: la primera, plenamente clasicista en técnica y espíritu y con predominio del verso heptasílabo (una de sus grandes aportaciones métricas a la poesía española) alterna recreaciones y traducciones de los clásicos, sobre todo de Horacio y las Anacreónticas, en cuatro capítulos que contienen, respectivamente, 36 Odas, 38 Versiones, 44 Cantinelas o Delicias y 64 Monóstrofes, que él llama El Anacreonte; la segunda, ya impregnada del estilo barroco de la época y donde lo clásico sólo es una técnica para deslumbrar, consta de otros cuatro capítulos con, sucesivamente, 14 Elegías, 4 Idilios, 12 Sonetos y 9 Epigramas y el cuarto, que llama Las Latinas, con 1 Égloga, 2 Sáficos y 2 Dísticos, mostrando en estas últimas poesías su otra gran aportación métrica, la estrofa sáfico-adónica.

La otra publicación fue la traducción de los cinco libros De la Consolación de la Filosofía de Boecio, obra de madurez (1665), pero dejó una importante producción manuscrita, que se perdió durante siglos y que, finalmente, descubrió y clarificó el profesor Julián Bravo Vega, dando el siguiente listado: Las Disertaciones Críticas, imponente trabajo en latín de más de mil folios sobre pasajes de un sinnúmero de autores clásicos; El Antiteatro, compuesto al menos de cinco sátiras con unos mil doscientos versos; tres Sátiras sueltas, entre ellas una novedosa “En apoyo de las mugeres, contra la malicia de los hombres”, 373 versos de feminismo anticipado; un Epistolario a su amigo Lorenzo Ramírez de Prado con once cartas autógrafas en romance, halladas en el Códice de Cuenca; y unos pocos restos de una Sátira y dos Epigramas, además del Libro de Sátiras, del que no se sabe sino que fue confiscado por la Inquisición.

Personaje de mentalidad aristocrática (se anteponía el Don y alardeaba de hidalguía), bastante vanidoso (presumía de hacer la mejor literatura) y dado a la polémica, se codeó con un selecto círculo de humanistas (Cristóbal de Mesa, Francisco Cascales, Lorenzo Ramírez de Prado) pero fue despreciado por la cumbre literaria del Siglo de Oro (Cervantes, Góngora o Lope de Vega, aunque éste terminara por aceptarlo), obteniendo en el siglo XVIII, que lo consideró maestro del “buen gusto”, la fama que se le negó en vida, prolongada más críticamente en el siglo XIX para nuevamente caer en el olvido hasta fechas recientes.