Enrique de Villena

(Enrique de Aragón o de Villena; Torralba, actual España, 1384 - Madrid, 1434) Escritor español. Absolutamente incomprendido en su época, fue uno de los primeros humanistas españoles.

Nieto bastardo de Enrique II de Castilla por parte de madre y miembro de la casa de Aragón por vía paterna, quedó huérfano a temprana edad. Vivió en su infancia en la corte de su abuelo Enrique, quien le crió, y luego en la de Enrique III, que le nombró maestre de la orden de Calatrava, título del que fue desposeído en 1415. Su matrimonio con María de Castilla no fue feliz y acabó en separación.

Su desinterés por las cuestiones militares y de Estado se había hecho patente desde su juventud. Su afición a la teología, la medicina y la astronomía lo apartaban de sus quehaceres cotidianos y no tardó en labrarse cierta fama como erudito, si bien su conducta extravagante y su amplitud de miras, muy desprejuiciada para la época, despertaron más de una sospecha entre las gentes de la orden, quienes lo consideraban poco menos que un brujo. Tras asistir a la ceremonia de coronación de Fernando I de Aragón (1412-1416), se retiró a Valencia para vivir de las rentas y dedicarse a la literatura.

Antes de 1417 comenzó a preparar Los doce trabajos de Hércules, obra compuesta en un principio en catalán y que después vertió al castellano y en la que aplica a los relatos mitológicos los procedimientos usuales en la exégesis bíblica. En ellos, Villena narra la leyenda de cada una de las empresas o trabajos para rematarlos con una interpretación alegórica y una explicación desde el punto de vista histórico.

Otra de las obras conservadas, si bien de manera fragmentaria, es el Arte de trovar (1430), dedicado al marqués de Santillana y en el que se conjugan ciertas observaciones sobre la poesía, muy influidas por la tradición trovadoresca provenzal y catalana, con disquisiciones más lingüísticas. Sus traducciones de la Retórica nueva de Tulio de Cicerón, de la Eneida de Virgilio (la primera en una lengua romance y muy apreciada por Juan de Mena) y de la Divina Comedia de Dante pueden considerarse, si cabe, uno de los primeros indicios del cambio en el gusto que llevaría, ya avanzado el siglo XV, al desarrollo de un ambiente más proclive a la aparición del humanismo.

El resto de su producción se aleja de la literatura para centrarse en otras áreas de conocimiento por las que seguramente sentía mayor interés, como la medicina (Tratado de la lepra, 1417), la teología (Tratado de la consolación, 1423), la magia (Tratado del aojamiento, 1422-1425; Libro del Ángel Raziel, destruido en la hoguera por considerarse impío), la astrología (Tratado de astrología, h. 1426, deturpado por el copista) y la gastronomía (Arte cisoria, 1423). Pese a sus fracasos políticos y militares, escribió una Epístola a Suero de Quiñones (c. 1428) y el Libro de la guerra (c. 1430), una versión bastante fiel de la obra de Vegecio De re militaria.

Pese a la variedad de materias tratadas, es muy aventurado considerar a Enrique de Villena un autor disperso o diletante, sobre todo si se tiene en cuenta que, a su muerte, el obispo Lope de Barrientos, al parecer siguiendo la voluntad de Juan II (1419-1454), ordenó expurgar su biblioteca y quemar cuantos libros atentasen contra el dogma. No obstante, su fama como nigromante perduró durante muchos siglos hasta el punto de convertirse en protagonista de numerosas anécdotas o cuentos populares de tema fantástico que inspiraron a Ruiz de Alarcón, Rojas Zorrilla, Quevedo o Hartzenbusch.