Pablo Picasso

En el pintor español Pablo Picasso se resumen todos los cambios y las significaciones simbólicas, científicas y sociales del arte pictórico del siglo XX. Figura clave de la pintura e incluso del arte contemporáneo en general, es evidente la revolución de las formas en su obra, pero más significativas que sus aportaciones morfológicas resultan sus relaciones con la sociedad y la época en que vivió. En el primer aspecto, es el máximo representante del cubismo; en el segundo, una de las cumbres del expresionismo, si bien nunca figuró entre sus grupos y actuaría de forma autónoma. Su evolución estilística y temática dibuja un apasionante itinerario, en el que asombran los múltiples registros con que puso de manifiesto las variadas posibilidades que el lenguaje pictórico tiene para retratar la sociedad o los problemas de una época.

Etapas azul y rosa

Sus primeras etapas corresponden al figurativismo. En la denominada época azul domina un sentimiento patético, expresado con una monocromía que posiblemente se inspiró en ideas debatidas en la tertulia modernista barcelonesa de Els Quatre Gats. Instalado en París, se inclinó decididamente por la monocromía azul para destacar la melodía de las líneas en un muestrario de personajes dolientes. El Picasso de veinte años parece conmovido por el sufrimiento y retrata un mundo de mendigos y ciegos de cuerpos escuálidos y cabezas vencidas.


Detalle de La tragedia (1903)

En la siguiente etapa, la época rosa, combina poco a poco los tonos más amables para plasmar el mundo del circo con sus juglares y saltimbanquis. Si se compara La comida frugal de la época azul con los retratos o escenas de circo correspondientes a la época rosa, se percibe, más allá de las diferencias entre la tristeza compasiva y una cierta serenidad aceptada, la profundización en la observación del hombre y los ambientes sociales. Su vida en el Bateau-Lavoir parisino tuvo la misma intensidad que la de los cenáculos modernistas barceloneses, y esas vivencias se llevaron a la tela.

El cubismo

Picasso pasaría en pocos años de las formas expresivas a las formas simbólicas. La revolución se inició con Les demoiselles d'Avignon (1907), manifiesto del arte del siglo XX, cuya gestación exigió a Picasso un trabajo de meses. Varios cuadernos de apuntes y cambios en las figuras y la composición desembocaron en este grupo de mujeres, donde la corporeidad humana y los rostros se intensificaron mediante deformaciones.


Les demoiselles d'Avignon (1907)

La influencia del arte africano y la herencia del arte ibérico llevaron a Picasso a ensayar esta nueva anatomía llena de presagios terribles, como si buceara en niveles todavía no explorados de la realidad humana. Era el manifiesto del cubismo, corriente que ocuparía la actividad del pintor durante una decena de años, aunque sus conquistas geométricas reaparecerían en toda la producción posterior.

Clasicismo, surrealismo, expresionismo

El drama de las figuras cubistas sintonizaba perfectamente con los desastres de la guerra. Al finalizar la contienda, sin abandonar el cubismo (como se percibe en Tres músicos del Museo Metropolitano de Nueva York, de 1923), Picasso inicia la etapa denominada clasicista, caracterizada por la representación del movimiento en los decorados para los ballets rusos de Sergei Diaghilev.

Hacia 1925 cambió la temática; algunos autores hablan de una fase surrealista, y, en efecto, en algunas obras parece aproximarse a los ensayos de representación onírica. Pero a su pupila analítica no se le ocultaban los fenómenos amenazadores, entre ellos el ascenso de los fascismos o los desequilibrios sociales, manifiestos en los ambientes y barrios degradados de las urbes donde se concentraba la mayor parte de los habitantes. Y a través de las deformaciones que caracterizarían al expresionismo, el artista empezó a expresar las vivencias de inseguridad y angustia ante el futuro. Es el período de las metamorfosis, basadas primero en curvas y en elipses calmantes, luego en ángulos y trazos enérgicos que traducen un espíritu atormentado.


Detalle de Guernica (1937)

El clímax de tensión expresionista se alcanzará durante la guerra civil española. El Guernica es, más que una escena concreta, un símbolo en el que se renuncia al color y se reduce la gama cromática a una especie de grisalla. Las llamas, el guerrero muerto con la flor en la mano, el caballo herido, son símbolos del dolor de la guerra. Las figuras crispadas expresan el dolor como un alarido. Y un grito, más que una palabra articulada, viene a ser esta obra maestra, sin duda uno de los más impresionantes testimonios de la historia del arte.

Durante la Segunda Guerra Mundial Picasso insistió en temas dramáticos, como Naturaleza muerta con cráneo de buey (1942), donde se unen el dolor de la guerra en la Francia ocupada y el que el artista siente por la muerte de su amigo, el escultor Julio González. Tras la contienda se inicia un período de calma en el arte picassiano: es el momento de las palomas y los balcones abiertos hacia el azul del Mediterráneo, aunque la guerra de Corea ponga un paréntesis a estas visiones idílicas con nuevos testimonios sobre la crueldad y el sufrimiento.

A la altura de las circunstancias

Es clara la dimensión histórica en la obra del gran pintor español; porque su objetivo no se cifró en la búsqueda de la belleza, sino en testificar y aclarar los grandes procesos sociales. Así lo manifestó en una ocasión: "el artista trabaja sobre sí mismo y su tiempo, trabaja para dar claridad ante su conciencia y sus contemporáneos de sí mismo y de su tiempo". La forma armoniosa de otros siglos del arte reflejaba una concepción armónica del hombre; la forma desgarrada de Picasso traduce el sufrimiento del hombre moderno.

En medio de sus símbolos y sus renovaciones incesantes, en efecto, es posible detectar como constante la sensibilidad por la época, reflejada en la alternancia de períodos plácidos y dramáticos. Pero en todo momento Picasso mantuvo viva su obsesión dolorosa por el hombre que sufre: desde los ciegos de la época azul hasta los gritos de los cuadros expresionistas es constante la meditación compasiva del artista sobre el ser humano.