William Shakespeare

 
Atracción turística. Cuando Shakespeare llegó a Londres, el teatro, apoyado por una fértil tradición de raíz medieval, contaba con autores tan excelentes como Robert Greene, George Peele, John Lyly, Thomas Kyd (a quien se debe uno de los antecedentes de Hamlet) y Christopher Marlowe. Como género, era de asombrosa ductilidad; no se hacía literatura en el sentido moderno, sino que se respondía a las preferencias de la audiencia isabelina, mezcla de aristócratas, ingenios galantes, ladronzuelos, marineros y soldados esperando un nuevo destino, aprendices, colegiales y estudiantes de las universidades. Al revés que en el teatro moderno, el isabelino no simulaba que el público no estuviese allí, ya que a plena luz del día la gente rodeaba el escenario, comía, reía, entraba y salía. Eso explica en parte la variedad de registros y el cruce de tonos en las obras de la época: para los analfabetos, acciones y muertes; para los cortesanos, frases brillantes y juegos de artificio verbal; para las inteligencias más reposadas, meditación y reflexión; para marinos y vagabundos de Londres, doble sentido grueso y burlesco; amor para las damas y petimetres; canciones para el conjunto. En la imagen, interior del New Globe Theatre, una reconstrucción moderna del antiguo Globe. Emplazado a unos doscientos metros de la ubicación original, abrió sus puertas en 1997 y se ha convertido en una de las atracciones turísticas más visitadas de Londres.

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