William Shakespeare

 
Macbeth. El teatro de Shakespeare no ha sido únicamente el más leído, representado y conocido de la historia; también es, probablemente, el que más influido en creadores posteriores, y no solamente en el campo de la literatura, sino en todas las artes. Así, las obras de Shakespeare han inspirado numerosas adaptaciones musicales: Otelo fue convertido en ópera por Giuseppe Verdi, mientras que Romeo y Julieta dio lugar a un poema sinfónico de Chaikovski, a un ballet de Serguéi Prokofiev e incluso a un musical como West Side Story (1957), donde capuletos y montescos son eficazmente sustituidos por bandas callejeras de Nueva York. Del mismo modo han sido múltiples las adaptaciones cinematográficas de la obra shakesperiana. El genial cineasta estadounidense Orson Welles realizó magníficas versiones de Macbeth (1948) y Otelo (1952), mientras que Laurence Olivier hizo unas no menos notables adaptaciones de Hamlet (1948) y Ricardo III (1954). El japonés Akira Kurosawa se inspiró en Macbeth para realizar Trono de sangre (1957), y en El rey Lear para rodar Ran (1985). Kenneth Branagh, Franco Zeffirelli y Oliver Parker también se han basado en Shakespeare para algunas de sus películas. En la imagen, Orson Welles en su impresionante versión de Macbeth.