La economía

Como estudio sistemático de las relaciones sociales relativas a la producción y distribución de bienes materiales, la economía tiene por objeto describir la forma en que se producen, se intercambian y se consumen los bienes materiales e inmateriales (servicios) y explicar los mecanismos que determinan su valor. Desde la revolución industrial, el peso de esta disciplina, situada en la convergencia de las ciencias, las técnicas, la sociología y la política, no ha dejado de crecer.

La ciencia económica

La economía es la ciencia que estudia un determinado ámbito de la vida social: la actividad consciente dirigida a la producción de bienes y servicios y la manera en que tales bienes se distribuyen entre la comunidad para satisfacer las necesidades de las personas. Esta definición tan general podría incluir actividades racionales meramente técnicas como la agricultura o la construcción, o descripciones sociológicas como la existencia de clases sociales.

Sin embargo, lo económico es un campo específico de las actividades y las relaciones humanas. El rasgo definitorio de la economía es que analiza la forma en que el individuo o la sociedad tratan de satisfacer sus necesidades materiales mediante el uso de recursos escasos y susceptibles de usos alternativos (Robbins). Fabricar un automóvil con una dotación de recursos determinada (acero, horas de trabajo) es un problema tecnológico. El problema económico es elegir los recursos a utilizar (acero, plástico) de acuerdo con su valor relativo o decidir si es mejor dedicar esos recursos a producir automóviles o edificios. Desde el punto de vista de la distribución, la economía se interesará por los mecanismos más adecuados: en una sociedad primitiva, a través de normas y convenciones; en una sociedad moderna, mediante el mecanismo del mercado y el uso del dinero.

Economía positiva y economía normativa

Hay dos actitudes de pensamiento frente a los fenómenos económicos. Una de ellas intenta describir y explicar la realidad de una manera que, en lo posible, sea científica y objetiva. Es lo que se denomina economía positiva o análisis económico. Un enfoque diferente, que se califica de economía normativa, consiste en aportar sobre la misma realidad un juicio de valor referido a criterios de orden ético o doctrinal y a inspirarse en esos criterios para postular cierto tipo de acción.

Solamente a partir de mediados del siglo XVIII el pensamiento económico comienza a adquirir un carácter científico y se puede hablar de economía positiva. Al ser una ciencia social, la economía está siempre expuesta a la deformación que producen los juicios de valor en las teorías. Por ello la economía positiva exige la eliminación o al menos la explicación de esos juicios no científicos en el análisis. Junto a la economía positiva se ha mantenido siempre una corriente de economía normativa, la política económica, que estudia las formas más eficaces de intervenir en el mecanismo económico para lograr fines definidos por una elección de tipo político.

El método de la ciencia económica

La ciencia económica parte de la base de que el comportamiento humano en la administración de los recursos escasos presenta regularidades que se manifiestan en la existencia de leyes económicas. Estas leyes se deducen de unas hipótesis que, en general, nacen de la observación de la realidad o de la suposición de que los agentes económicos actúan racionalmente tratando de optimizar su situación material.

Para representar el funcionamiento de la economía o de una parte de ella la teoría económica construye modelos, que son esquemas simplificados, generalmente matemáticos, con los que se pueden hacer predicciones que deben someterse a contrastación empírica. Este método viene impuesto por la imposibilidad que tiene el economista de hacer experimentos controlados como sucede en otras ciencias.


Wall Street

Los modelos pueden ser muy variados: unos son estáticos y tratan de reflejar situaciones de equilibrio, como el modelo simple de oferta y demanda de un bien; otros intentan describir la dinámica de un sistema. Hay modelos generales que se usan para reproducir el sistema económico en su conjunto y modelos parciales que se concentran en una parte del sistema, por ejemplo el mercado de trabajo, e ignoran el resto para poder analizar mejor un problema determinado.

La obligada simplificación de los modelos y el mayor o menor realismo de las hipótesis que se utilizan en la teoría económica han sido objeto de considerables discusiones metodológicas. Sin embargo, la mayoría de los economistas consideran que el método utilizado es útil y que lo importante es que las predicciones obtenidas con estos instrumentos sean acertadas.

Microeconomía y macroeconomía

Ésta es una distinción relativamente reciente dentro de la ciencia económica, ya que el término macroeconomía fue inventado por el economista noruego R. Frisch en 1933. Bajo este concepto se hace referencia al estudio de las grandes magnitudes económicas de un país: la renta nacional, el consumo y la inversión totales, el nivel de empleo o la balanza de pagos con el extranjero.

Este enfoque se diferencia de la microeconomía, que estudia los comportamientos individuales del consumidor (la demanda) y de la empresa (la oferta) para, a partir de ahí, deducir la existencia de un equilibrio general en un sistema económico. La microeconomía trata de establecer de una manera rigurosa cómo se forman los precios en los diferentes mercados, cómo se asignan los recursos disponibles a las diversas producciones y cómo un sistema alcanza una situación de equilibrio en base a la actuación racional (maximizadora) de los agentes económicos: los consumidores y las empresas.


Operario en la reserva de oro de Fort Knox

Este tipo de análisis se desarrolla con un elevado grado de abstracción y aparato matemático por lo que ha sido acusado a veces de poco realista y de carecer de utilidad para explicar el funcionamiento de la economía real y operar sobre ella. Esto explica la relevancia que el enfoque macroeconómico ha adquirido desde el triunfo de las ideas keynesianas.

El pensamiento económico ha oscilado históricamente entre ambos enfoques. La microeconomía, desarrollada a partir de la escuela marginalista del siglo XIX, ha representado un avance importante en la comprensión de los mecanismos básicos de funcionamiento de un sistema económico de mercado, pero el enfoque macroeconómico ha sido más fecundo para analizar las fluctuaciones económicas, el papel del dinero o los problemas del crecimiento. La ciencia económica todavía no ha resuelto el problema de la integración de ambos enfoques en un cuerpo teórico unificado.

Otras divisiones

Dentro del campo de la teoría económica se han desarrollado distintas especialidades que intentan dar cuenta de la variedad de los fenómenos económicos desde diferentes puntos de vista. Así encontramos especialistas en economía internacional, economía del desarrollo, economía monetaria, etc. La econometría se dedica a la medición cuantitativa de las magnitudes económicas utilizando instrumentos estadísticos y matemáticos. En los años treinta del siglo XX apareció un nuevo enfoque, en este caso de economía normativa, llamado economía del bienestar que analiza el uso de los mecanismos económicos para resolver con equidad problemas como la contaminación o la pobreza.

Distintas especialidades se refieren a diferentes áreas de aplicación como la economía agraria, la economía del transporte, la economía regional y otras. Fuera del campo de la teoría económica, pero usando en parte su instrumentación, encontramos los estudios sobre economía del sector público o la economía de la empresa. La evolución histórica de los fenómenos económicos es el campo de la historia económica, y la historia del pensamiento económico estudia las diferentes doctrinas y teorías que han marcado el desarrollo de esta ciencia.

Historia de los sistemas económicos

Para resolver los problemas económicos, los hombres parten de una organización, establecen instituciones y anudan entre ellas un conjunto de relaciones determinadas. Todo ello forma lo que se denomina un sistema económico o modo de organización de la actividad económica. Históricamente se ha registrado una amplia variedad de sistemas económicos que han ido evolucionando de forma diferente en distintas partes del mundo, adaptándose a las condiciones materiales y culturales de las sociedades humanas.

Algunos hitos decisivos en la evolución de los sistemas económicos han sido la revolución agrícola ocurrida unos diez mil años antes de nuestra era, la generalización del intercambio mercantil y el uso de la moneda que se inicia ya en el mundo clásico, el triunfo del capitalismo después de la revolución industrial europea del siglo XVIII y los intentos, realizados en el siglo XX , de crear sistemas de planificación económica inspirados en el pensamiento socialista.

La economía primitiva

Durante mucho tiempo, el tipo de organización económica predominante fue el del sistema familiar cerrado, sin propiedad privada, en el que las decisiones de producción y distribución se basaban en normas y convenciones decantadas por la experiencia y la jerarquía social. En los sistemas económicos primitivos predominó la autosuficiencia, y el intercambio con otros grupos fue reducido y esporádico.

La economía del mundo antiguo

En el mundo antiguo ya se detectaron avances hacia la división del trabajo, la especialización y el intercambio, lo que, a su vez, dio lugar a la aparición del dinero como instrumento necesario para facilitar el comercio. Esto, junto a la regulación de la propiedad privada, abrió la posibilidad de la acumulación de capitales y la existencia de grupos sociales liberados de las tareas laborales. El sistema productivo de la Antigüedad se basaba en la existencia de una numerosa fuerza de trabajo esclava o semiesclava, empleada sobre todo en la agricultura, la minería y la construcción, al servicio de los propietarios y arrendatarios rurales. Junto a ellos existía, además, una clase de artesanos y comerciantes concentrados en las ciudades.

El feudalismo

Con la crisis del Imperio romano se produjo una descomposición del sistema económico. En el Occidente europeo el comercio y la circulación monetaria se colapsó, las ciudades decayeron y la actividad económica quedó confinada a las comunidades rurales, dando paso, progresivamente, a un nuevo modo de organización social y económica conocido como feudalismo. La tierra pasó a ser propiedad de un señor feudal que la cedía para su explotación a siervos, vinculados a él personalmente y obligados a cederle parte de sus productos a cambio de protección militar. Era una economía cerrada, en muchos casos de mera subsistencia; la riqueza se materializó básicamente en la propiedad de la tierra, que se conservaba y se aumentaba mediante la conquista.


Desde el Neolítico hasta la Edad Contemporánea, la economía fue fundamentalmente agrícola

Avanzada la Edad Media se asistió a una recuperación del comercio y de la circulación monetaria. Las ciudades se configuraron como núcleos de la actividad económica y en ellas adquirieron protagonismo los artesanos (agrupados en corporaciones de oficios o gremios), los comerciantes y los financieros o prestamistas que constituyeron los primeros exponentes del capitalismo.

El capitalismo mercantil

Desde el Renacimiento, y sobre todo a partir del siglo XVI, se observa en Europa la aparición de un sistema de producción basado en la división del trabajo, el intercambio mercantil, el uso generalizado de la moneda y la acumulación en manos privadas de una considerable riqueza líquida o capital, que permitió la inversión en negocios, generalmente empresas comerciales o actividades financieras.

El nacimiento y consolidación de los estados nacionales en esa época conllevó la intervención creciente de los poderes monárquicos en la economía y, al mismo tiempo, su dependencia de la nueva clase de burgueses capitalistas en la lucha contra el poder de los señores feudales. Este cambio se vio impulsado por la expansión del mundo conocido resultante de los descubrimientos geográficos, la afluencia de metales preciosos a Europa, el auge del comercio internacional y los efectos que tuvo la reforma protestante en las mentalidades y en la actitud frente al trabajo y el éxito económico.

La revolución industrial

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se produjo en Europa un desarrollo sin precedentes en la capacidad productiva por la aplicación de nuevas técnicas a la fabricación de textiles y productos metálicos, y por la aplicación de inventos, como la máquina de vapor, que multiplicaron enormemente la energía disponible para la manufactura.


La revolución industrial supuso el inicio del capitalismo moderno

Estos cambios produjeron una auténtica revolución en el sistema productivo: creación de fábricas, que sustituyeron a los talleres artesanales y dio origen al proletariado; disminución de la población rural, que emigró a las ciudades en busca de trabajo; gran aumento de la productividad del trabajo por la aplicación masiva de las máquinas y la especialización de los productores; y consolidación de los principios de propiedad privada y de libertad de empresa y de comercio. La conjunción de este individualismo jurídico con las nuevas técnicas industriales proporcionó al sistema de organización capitalista un considerable empuje y consagró a los propietarios de la industria como la nueva clase dominante.

El capitalismo moderno

Los rasgos esenciales del sistema económico capitalista son la propiedad privada de los medios de producción, la libertad de empresa y la distribución de los bienes a través del mercado. Como resultado de ello se formó una clase de trabajadores (el proletariado) desprovisto de la autonomía que era propia de los antiguos artesanos. No todas las formas económicas precapitalistas (artesanado, campesinado) desaparecieron, pero su importancia se redujo drásticamente en favor de la nueva estructuración de clases entre capitalistas y trabajadores.

El capitalismo se extendió primero en Europa y luego por casi todo el mundo. Desde sus orígenes experimentó una clara evolución, en gran parte por la acción colectiva de la clase obrera a través de los sindicatos. Dos características típicas del capitalismo han sido, por una parte, la creciente concentración, que dio lugar a la formación de empresas gigantescas, y, por otra, la recurrencia de crisis periódicas que hicieron dudar de la estabilidad del sistema y de sus posibilidades de supervivencia.

Estas dificultades y la miseria en que se mantenía la clase obrera llevaron al nacimiento y desarrollo de las ideas socialistas desde el siglo XIX y al intento, a partir de la revolución rusa en 1917, de construir un sistema económico distinto: la economía planificada. Este sistema, basado en la propiedad pública de los medios de producción y en la planificación centralizada, se impuso durante muchos años en un cierto número de países, pero sus resultados fueron decepcionantes y finalmente, con la caída del bloque comunista, fue abandonado a principio de los años noventa del pasado siglo. Actualmente en la mayoría de los países predomina un sistema capitalista modificado, en mayor o menor grado, por la intervención del estado para evitar sus efectos más negativos.

Historia del pensamiento económico

El desarrollo de la reflexión sobre las actividades económicas presenta, históricamente, tres fases claramente diferenciadas según su enfoque. La primera está dominada por consideraciones de tipo ético; en la segunda se entiende la economía como administración al servicio del soberano; y la tercera, que comienza a mediados del siglo XVIII, es la que puede calificarse de científica.

La economía como ética

Desde los primeros escritos dedicados a los problemas económicos hasta finales del siglo XV los estudiosos concentraron su atención en los problemas de ética económica. Tanto en Jenofonte, Platón y Aristóteles como en los filósofos escolásticos, todos los esfuerzos están encaminados a descubrir los principios directores de la buena conducta económica, conformes con el orden natural, con precios justos, salarios justos y armonía de intereses entre todos los participantes en la vida económica.

Los filósofos clásicos trataban de fundamentar su análisis en principios racionales, mientras que los escolásticos lo hacían en la revelación divina, pero unos y otros pensaban que los principios rectores del orden natural debían servir de guía tanto a la política pública como a las actividades privadas. Un ejemplo significativo de este enfoque de las realidades económicas fue la discusión de los teólogos cristianos sobre la licitud del préstamo con interés.

El mercantilismo

Bajo esta etiqueta genérica se agrupa el pensamiento económico aplicado en diferentes naciones de Europa entre los siglos XV y XVII, cuya característica común es que se orientó a determinar los mejores medios para acrecentar la riqueza del príncipe, que se identificaba con la riqueza de la nación. Es la época en que se formaron y lucharon entre sí los nuevos estados nacionales, y el nuevo enfoque apareció totalmente emancipado de consideraciones éticas. Todo el mundo estaba de acuerdo en que el fin último de toda actuación económica era el incremento de la riqueza, y se trataba de descubrir la mejor manera de lograrlo.

No se había llegado, sin embargo, a una clarificación del concepto de riqueza: se identificaba con la posesión de un fondo de metales preciosos más que como un flujo de bienes producidos anualmente, aunque no faltaron reflexiones sobre la necesidad de fomentar la industria y el comercio. Esta concepción fue compartida por el mercantilismo español de los siglos XV y XVI y por otras corrientes posteriores como el colbertismo francés, el mercantilismo inglés y holandés, o el cameralismo alemán. En 1615, el francés A. de Montchrestien acuñó el término economía política para designar las reflexiones sobre los negocios nacionales.

La formación de la economía científica

La tercera etapa del pensamiento económico se inició a mediados del siglo XVIII, momento en que aparecieron los primeros análisis de la economía que pueden considerarse científicos, es decir, que intentan tener una idea clara del funcionamiento del mecanismo económico. En Francia la escuela fisiocrática, encabezada por François Quesnay, realizó un avance fundamental exponiendo en 1756 el concepto del flujo de producción y rentas que constituye el circuito económico de un país mediante un modelo famoso: el Tableau économique (tabla económica). En Inglaterra se había publicado poco antes la obra de Richard Cantillon, que anticipaba en cierta medida las aportaciones de los fisiócratas.


Adam Smith

En 1776 se publicó La riqueza de las naciones, del escocés Adam Smith, que es considerado el primer libro de la economía científica y del cual partirán todos los trabajos que darán lugar a la escuela clásica. En dicha escuela se sitúan David Ricardo, Thomas R. Malthus, Jean-Baptiste Say y otros autores que extendieron su influencia hasta mediados del siglo XIX, en que apareció la obra de John Stuart Mill Principios de economía política (1848), síntesis de la escuela clásica.

La escuela clásica hizo aportaciones fundamentales para la comprensión del sistema económico analizando la teoría del valor de los bienes, el origen del excedente que genera una economía, la distribución de las rentas entre los agentes económicos, las ventajas de la división del trabajo o del comercio internacional, las posibilidades de expansión de la riqueza o los efectos de los flujos de oro en el sistema económico.


Karl Marx

Una derivación crítica de la escuela clásica fue el pensamiento de Karl Marx, que efectuó un penetrante análisis del capitalismo de su tiempo y cuya principal obra (El capital, 1867) se convirtió en la base teórica de los movimientos socialistas revolucionarios en todo el mundo.

El marginalismo y la escuela neoclásica

Entre 1871 y 1874 se publicaron tres obras fundamentales en la evolución del pensamiento económico: Teoría de la economía política (William Stanley Jevons), Principios de la economía política (Carl Menger) y Elementos de economía política pura (Léon Walras). Todos ellos abrían un nuevo enfoque en la ciencia económica por el que se pretendía separar claramente la economía «pura» de la política económica y establecer sobre bases sólidas los mecanismos de funcionamiento de los mercados y de la formación de los precios basándose en el comportamiento racional de los agentes económicos.

Estos teóricos utilizaron instrumentos matemáticos del cálculo diferencial y conceptos como utilidad marginal o productividad marginal, por lo que se les conoce como marginalistas. El desarrollo de este enfoque se llevó a cabo entre 1880 y 1915 por una segunda generación de economistas entre los que destacaron Alfred Marshall, Eugen Böhm Bawerk, Knut Wicksell, Irving Fisher y Vilfredo Pareto. La escuela neoclásica descartó muchas de las soluciones de la escuela clásica y se convirtió en el núcleo central de la ciencia económica hasta los años treinta del siglo XX.

La revolución keynesiana

A finales de los años veinte y durante la década de los treinta del pasado siglo, los países capitalistas industrializados experimentaron una grave crisis económica cuyas principales consecuencias fueron el descenso de la producción y los precios y un incremento enorme del desempleo. Esta situación no tenía una explicación teórica en el marco del pensamiento académico neoclásico, en el cual el sistema económico de libre mercado tiende siempre al equilibrio de pleno empleo a través de los ajustes necesarios en precios y cantidades.


John Maynard Keynes

Fue mérito de un economista inglés, John Maynard Keynes, construir un enfoque diferente que explicaba la posibilidad de un equilibrio con desempleo en una economía capitalista. Su obra más importante, La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, que apareció en 1937, supuso una auténtica revolución teórica en el campo de la economía y se convirtió en la base de las políticas económicas de todos los gobiernos, orientadas a asegurar el pleno empleo y el crecimiento de la renta mediante el control de la demanda global.

El pensamiento económico contemporáneo

La evolución del pensamiento económico desde la Segunda Guerra Mundial ha estado en gran parte ligada al debate entre el enfoque keynesiano (con sus desarrollos posteriores) y la tradición neoclásica. En ese debate el pensamiento neoclásico ha evolucionado en la línea de integrar a Keynes en su esquema teórico y, en algunos desarrollos recientes, rechazando de plano el keynesianismo para volver a los orígenes.

Hasta finales de los años sesenta el predominio de los keynesianos fue indiscutible, destacando las aportaciones de J. Hicks, P. Samuelson, R. Harrod, A. Hansen y J. Tobin, entre otros. La escuela monetarista, cuyo principal exponente es Milton Friedman, representó un desafío importante, y sus debates con los keynesianos se extendieron a lo largo de los años sesenta y setenta.


Milton Friedman

La discusión generó nuevas contribuciones en la línea de un revisionismo de Keynes, bajo el enfoque de la economía del desequilibrio (R. Clower, A. Leijönhufvud). En los últimos años han aparecido nuevas corrientes de pensamiento que reivindican a los neoclásicos y rechazan el enfoque keynesiano y sus recomendaciones de política económica. Entre esas corrientes pueden señalarse los teóricos de la economía de la oferta (A. Laffer) y de las expectativas racionales (R. Lucas, T. Sargent).

Avances teóricos e instrumentales

Junto a esas discusiones, en muchos casos ligadas a problemas de política económica, se han producido, en las últimas décadas, importantes desarrollos teóricos en el campo del equilibrio general (K. Arrow, C. Debreu), la teoría de juegos (J. von Newmann, O. Morgenstern) y el estudio del crecimiento económico (R. Harrod, J. Meade, W. Rostow). En el ámbito de los instrumentos de análisis y aplicaciones deben destacarse los avances en la econometría (J. Tinbergen, L. Klein), la construcción del modelo de intercambios interindustriales o tablas input-output (W. Leontief), el análisis coste-beneficio y la programación lineal (L. Kantorovitch).

Dos rasgos dominantes de la teoría económica actual son, por una parte, su creciente tendencia a la formalización matemática y, por otra, la extensión de sus métodos a los campos de la sociología y la política. En esta línea hay que situar los trabajos de G. Becker y T. Schultz sobre el capital humano, los de H. A. Simon sobre organización y toma de decisiones y la teoría de la elección pública (Public Choice), que estudia la aplicación de la teoría económica a las decisiones políticas y cuyos principales exponentes son J. M. Buchanan y G. Tullock.

Otras escuelas de pensamiento económico

Al margen del tronco central del pensamiento económico contemporáneo, y a veces en oposición al mismo, se han desarrollado otras corrientes. Entre los enfoques más sociológicos de los fenómenos económicos hay que citar a economistas como J. A. Schumpeter, G. Myrdal, J. K. Galbraith o F. Perroux, que han hecho contribuciones importantes al análisis del capitalismo moderno. A partir de los clásicos se han desarrollado diferentes corrientes neomarxistas radicalmente críticas con el sistema capitalista y con la teoría económica convencional, línea en la que destacan P. Baran, P. Sweezy, Ch. Bettelheim y M. Dobb.

Desde la década de 1970, la crisis del petróleo y la creciente sensibilización por los problemas del medio ambiente han revitalizado el interés por las relaciones entre la economía y los recursos naturales, dando lugar a enfoques que tratan de superar los planteamientos meramente economicistas. En esta línea hay que destacar los trabajos de G. Georgescu-Roegen, que analiza los sistemas económicos en el marco de la termodinámica. Otro enfoque heterodoxo es el que representa la teoría general de sistemas de L. von Bertalanffy, que contempla la economía como un proceso de intercambio de materias, energía e información entre los agentes.

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