Anaxímenes

(Mileto, h. 588 a.C. - ?, h. 534 a.C.) Filósofo griego, último representante, después de Tales y Anaximandro, de la escuela milesia. En Occidente, el surgimiento de la filosofía tuvo lugar en la ciudad griega de Mileto, situada en la costa de la actual Turquía; de ahí la denominación de filósofos milesios o de la escuela de Mileto que reciben los pensadores que, a lo largo del siglo VI a.C., abandonaron los tradicionales enfoques religiosos y mitológicos e intentaron dar respuestas racionales a las cuestiones, adoptando así por primera vez la actitud que reconocemos como propia de la filosofía.


Representación imaginaria de Anaxímenes

Discípulo de Anaximandro, se desconocen la mayor parte de los detalles de la biografía de Anaxímenes de Mileto y de sus actividades. El historiador Apolodoro de Atenas afirma que vivió hacia la época de la toma de Sardes y murió antes de que la ciudad de Mileto fuera destruida. Al parecer, Anaxímenes llevó a cabo diversas investigaciones astronómicas y meteorológicas y, según Diógenes Laercio, escribió una obra hoy perdida que se tituló Sobre la naturaleza.

La cuestión filosófica que más interesó a los filósofos milesios (quienes, por otra parte, emprendieron también variadas investigaciones y especulaciones científicas) fue la determinación de un principio constitutivo y originario (el arjé o arché) común a todas las cosas; los milesios supusieron que, tras la aparente variedad de seres que forman la fisis (naturaleza o mundo físico), existía un substrato único que permitía dar cuenta de la constitución y origen de todos los seres. Para Tales de Mileto, tal principio era el agua. Anaximandro, discípulo de Tales, dio un paso hacia una mayor abstracción al postular como arjé no una sustancia física, sino el ápeiron (lo indefinido o lo indeterminado).

Anaxímenes afirmó que el principio material y primero, el origen de todas las cosas (arjé o arché) era el aire, sustancia sensible, pero que raya en lo incorpóreo. Es posible que Anaxímenes pensara, con esta aportación, reunir las ventajas de cada una de las soluciones anteriores, evitando sus inconvenientes. En efecto, el aire es tan necesario para la vida como el agua, pero no tiene el inconveniente de necesitar un soporte físico, puesto que, según Anaxímenes, flota en sí mismo. Por otra parte, tiene una extensión ilimitada como el ápeiron, puesto que parece llenar los espacios inmensos, pero en cambio es una realidad observable por todos y que permite explicar de modo sencillo la formación de los seres, mientras que el ápeiron es solamente una entidad hipotética.

Anaxímenes explicó el origen de todas las cosas a partir de un doble proceso por el que el aire se modifica: rarefacción, que da origen al fuego, y condensación, del que se derivan las nubes, el agua, la tierra y las rocas. Con estas dos nociones, Anaxímenes describió los cambios de la naturaleza, o lo que es lo mismo, dos modalidades de movimiento: la cuantitativa y la cualitativa. Las cosas no son más que aire en distinto grado de condensación o de dilatación. El fuego es aire en su punto máximo de dilatación o de calor; el viento no es más que aire condensado que, al condensarse más, se convierte en nube, después en agua, y luego en tierra y rocas.

De un fragmento conservado de su obra se desprende que Anaxímenes concibió el mundo como un ser vivo, análogamente a como concebía el alma de los hombres: «De la misma manera que nuestra alma, que es aire, nos sostiene, igualmente un soplo y el aire envuelven el mundo entero.» El aire es también la fuerza vivificadora: el universo es una especie de ser vivo que respira y se mantiene en ordenada unión, envuelto por el aire infinito; la misma alma humana, fundida en el alma del mundo, es también aire. En su concepción cosmogónica, la Tierra es plana y flota, pero no ya sobre el agua, como afirmaba Tales de Mileto, sino en el aire; Anaxímenes sostuvo también que los astros no se mueven bajo la Tierra sino en torno a ella.

Después de la escuela milesia, la cuestión del primer principio seguiría ocupando a la mayor parte de los pensadores del periodo cosmológico de la filosofía griega (es decir, del periodo anterior al antropológico, que se inició con Sócrates) y dio como resultado diversas respuestas y doctrinas en las sucesivas escuelas filosóficas. La escuela de Pitágoras, la escuela de Elea (Jenófanes, Parménides y Zenón de Elea), los pluralistas como Empédocles y Anaxágoras, los atomistas Leucipo y Demócrito y otros destacados pensadores como Heráclito retomaron el problema del arjé como motivo más o menos central de sus reflexiones y de su concepción de la realidad.

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