Arturo de Córdova

(Arturo García Rodríguez; Mérida, 1908 - Ciudad de México, 1973) Actor de cine mexicano. Su especialidad fueron personajes atormentados que, con frecuencia, se hundían en la locura. Su apostura y rebuscada elegancia lo hicieron célebre. Comenzó su actividad profesional como periodista, ámbito en el que llegó a ser subdirector de la agencia de noticias United Press en Santiago de Chile.


Arturo de Córdova

Su carrera cinematográfica se inició en 1935 con Celos, película mexicana dirigida por el emigrante ruso Arcady Boytler que fue uno de los éxitos de taquilla de aquel año. Intervino en otras películas de menor relieve en los años siguientes, entre las que destaca La Zandunga (1937), de Fernando de Fuentes, al lado de Lupe Vélez, y otros títulos desiguales dirigidos por Gabriel Soria o Miguel Contreras Torres. A las órdenes de Chano Urueta interpretó el papel protagonista en La noche de los mayas (1939), que contó con una banda sonora de Silvestre Revueltas y la fotografía de Gabriel Figueroa. En los últimos años de la década su imagen se fue consolidando entre el público.

La expansión del cine mexicano por Latinoamérica favoreció el éxito de algunos de los rostros que comenzaban a despuntar en los años cuarenta. Así, tras algunas comedias de Alfonso Patiño y Rolando Aguilar, vino el éxito popular de ¡Ay, qué tiempos, señor don Simón! (1941), de Julio Bracho. Aquel mismo año interpretó el papel de Edmundo Dantés en El conde de Montecristo (1941), una adaptación de la novela de Alejandro Dumas firmada por Roberto Gavaldón y Chano Urueta, y tras ello fue llamado a Hollywood.


Con Joan Fontaine en La cala del francés (1944)

A partir de este momento alternaría su trabajo en México con un contrato para rodar producciones de la Paramount en Estados Unidos. Compartió reparto con Gary Cooper e Ingrid Bergman en Por quién doblan las campanas (1943), versión cinematográfica de la novela de Hemingway a cargo de Sam Wood, e intervino en Hostages (1943), de Frank Tuttle, y La rubia de los cabellos de fuego (1945), de George Marshall. Tras interpretar en su país al psicópata de Crepúsculo (1944), de Julio Bracho, recuperó su imagen de latin lover en otras producciones de la Paramount como El pirata y la dama (1944, con Joan Fontaine) y Masquerade in Mexico (1945), ambas de Mitchell Leisen, y Donde nacen los héroes (1945), de Irving Pichel. En estos años era sin duda uno de los galanes cinematográficos hispanos más solicitados por las mujeres.

En el segundo lustro de los cuarenta participó en comedias y melodramas de todo tipo, firmadas por Fernando de Fuentes, Gilberto Martínez Solares o Roberto Gavaldón, además de intervenir en varias películas argentinas como Dios se lo pague (1947), de Luis César Amadori, o Yo no elegí mi vida (1949), de Antonio Momplet, y una venezolana, La balandra Isabel llegó esta tarde (1949), de Carlos Hugo Christensen. El nivel medio era flojo, aunque Arturo de Córdova se rodeaba siempre de repartos femeninos que respiraban belleza, al tiempo que sus canosas sienes se iban convirtiendo en una marca personal e intransferible.

Los años cincuenta estuvieron dominados por el interesante papel que interpretó en la película En la palma de la mano (1950), de Roberto Gavaldón (por el que recibió un Ariel a la mejor interpretación masculina), los melodramas de Julio Bracho y, especialmente, por el papel de Francisco Galván de Montemayor en la película de Luis Buñuel Él (1952), en la que asumió muchos de los conflictos temáticos que dominaron la obra del director español.

Recibió otro Ariel por su trabajo en Las tres perfectas casadas (1952), de Roberto Gavaldón, y compartió relación en pantalla en diversas ocasiones con Libertad Lamarque, Marga López, Silvia Pinal y María Félix, con quienes interpretó todo tipo de matrimonios en los que siempre pasaba de todo y que resultaban de interés popular. Fue actor asiduo en varias películas de Tulio Demicheli; precisamente por su trabajo en la película Feliz año, amor mío (1955), recibió otro Ariel. Intervino en Brasil en dos películas de Carlos Hugo Christensen (Mos sangrentes y Leonora dos sete mares, 1955) y en España trabajó en Los peces rojos (1955), de José Antonio Nieves Conde, en un interesante papel al lado de Emma Penella. A partir de finales de los cincuenta tuvo unos años muy prolíficos en actuaciones, pero se confirmó el declive de su trayectoria artística.

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