Tony Curtis

(Bernard Schwartz; Nueva York, 1925 - Las Vegas, 2010) Actor de cine estadounidense. Tras combatir en la Segunda Guerra Mundial, en la que resultó herido, estudió arte dramático y en 1959 firmó contrato con la Universal, con el nombre de James Curtis. Dos años más tarde, ya como Tony, se convirtió en una estrella, gracias a su aspecto de chico guapo, a la presión ejercida por sus admiradoras y a las hábiles campañas publicitarias. Encasillado al principio en papeles de delincuente y luego de héroe de comedia de capa y espada o como califa en El hijo de Alí Babá (1952), fue ampliando su gama de personajes, y en 1957 sorprendió a los críticos con su interpretación nerviosa de un agente de prensa sin escrúpulos en Chantaje en Broadway. Continuó en esa línea, y en 1958 realizó otra destacada interpretación dramática en Fugitivos, que le valió la nominación al Oscar al mejor actor. Otro éxito, la comedia Con faldas y a lo loco (1959), le abrió el camino para otros muchos papeles en los años 60. Relegado a papeles secundarios en películas menores en los años 80, encontró tiempo para desarrollarse como pintor. Sus cuadros le dieron cierta notoriedad en la faceta de artista plástico.


Tony Curtis

El padre de Tony Curtis era un sastre judío de origen húngaro que había emigrado a los Estados Unidos. Como todo hijo de emigrante de familia humilde en aquellos años, tuvo que soportar una infancia difícil en el barrio del Bronx, famoso por su conflictividad y enfrentamientos entre pandillas y la policía. Hizo el servicio militar en la marina y, al concluirlo, comenzó estudios de arte dramático en la escuela de Workshop y se forjó como actor en un largo rosario de actuaciones como aficionado en teatros de zonas periféricas.

Fue en una de esas actuaciones cuando fue descubierto por un empleado de los estudios Universal. De manera pausada comenzó a tener contactos con el cine, y dio comienzo a una carrera que le llevaría a convertirse en uno de los galanes de moda de los años sesenta y a una dilatada trayectoria en Hollywood, en la que alternó grandes éxitos y rotundos fracasos. A su primera intervención en El abrazo de la muerte (1949), que dirigió Robert Siodmak, le seguirían una larga lista de títulos como secundario.

El director Rudolph Mate ya le hizo protagonista de Su alteza el ladrón (1951), y le volvió a llamar para trabajar en el filme de ambientación medieval Coraza negra (1954), en el que trabajó junto a la actriz Janet Leigh, con la que se casó (y divorció) y tuvo a la hoy famosa Jamie Lee Curtis. Junto a Gina Lollobrigida y Burt Lancaster trabajó en Trapecio (1956), dirigida por el entonces famoso Carol Reed, un filme con cierto éxito comercial y que vino a corroborar que Curtis ya era un actor con tirón en la taquilla y conocido entre el público.

Aunque no muy alto, poseía un notable atractivo físico, con uno de los rostros más fotogénicos de los actores de Hollywood. A esto se le unieron sus dotes interpretativas y su versatilidad: funcionaba perfectamente tanto en la comedia como en el cine de acción o de época, lo que lo convirtió en una de las estrellas más conocidas de la industria cinematográfica de aquellos años. Un director caracterizado por la dureza de sus rodajes y temas como fue Richard Fleischer le incorporó al rodaje de Los Vikingos (1958), junto a Kirk Douglas y nuevamente Janet Leigh. Ese mismo año Stanley Kramer rodó con él Fugitivos, por la que fue nominado al Oscar, si bien no llegó a conseguirlo.


Junto a Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco (1959)

1959 fue uno de sus mejores años, pues trabajó en dos comedias que hicieron escuela dentro del género. La primera fue Operación Pacífico, dirigida por Blake Edwards, en la que compartía créditos con Cary Grant y encarnaba a un elegante y mujeriego oficial de marina. Más importante fue sin embargo su participación en la comedia de Billy Wilder Con faldas y a lo loco, título mítico de la historia del cine en el que se entremezclan con gran talento la crítica social, el humor más disparatado y el transformismo para tejer una trama ácida y tremendamente divertida. Coprotagonizada por Marilyn Monroe y Jack Lemmon, Wilder logró reunir un trío interpretativo como pocos dentro del género de la comedia.

Ya con su fama consolidada, Curtis se convertiría en el galán por excelencia de los años sesenta como intérprete de obras dramáticas, aunque en ocasiones la elección de sus papeles dejase bastante que desear. Entre sus películas más destacadas de esta época podemos señalar Espartaco (1960), de Stanley Kubrick y con guión de Dalton Trumbo, donde encarnó a Antonino; y El estrangulador de Boston (1968), nuevamente de la mano de Richard Fleischer, de tema policíaco. Entre las comedias sobresale La carrera del siglo (1965), otra vez con Blake Edwards y en la que en algún momento Curtis llega a parodiarse a sí mismo.

A partir de los años setenta continuó trabajando, pero su carrera fue declinando por varios motivos. En primer lugar, por su alcoholismo, del que le costó trabajo salir; y, en segundo lugar, porque no asimiló el paso del tiempo ni supo adaptarse consecuentemente a papeles que ya no fuesen de galán o de personajes jóvenes, hasta el punto de que se sometió a varias operaciones de cirugía plástica. El final de su carrera se resume en discretas participaciones en filmes no muy importantes, alejado ya de manera definitiva de la nómina de estrellas de Hollywood.