Bruno Ganz

(Zurich, 1941) Actor suizo de dilatada trayectoria y reputada experiencia internacional, considerado uno de los actores centroeuropeos más emblemáticos, que ha trabajado asiduamente con los realizadores más representativos del llamado “cine de autor”, como Wim Wenders, Theodoros Angelopulos o Alain Tanner.

Bruno Ganz nació en Zurich, Suiza, el 21 de marzo de 1941. Después de pasar con éxito su matura (la prueba de acceso universitario), realizó el servicio militar en Suiza e inició sus estudios de teatro en el Bühnestudio de su ciudad natal. En 1962 se trasladó a Alemania para ampliar sus conocimientos en arte dramático. Gracias a la excelente labor de sus profesores Peter Zadek y Kurt Hübner, no tardó en destacar por sus aptitudes interpretativas y comenzó su carrera como actor sobre los escenarios teatrales.


Bruno Ganz

Durante la década de 1960 trabajó en diversas producciones para las televisiones suiza y alemana (generalmente, versiones de montajes teatrales). En 1967 conoció al director Peter Stein, con quien cinco años después cofundó en Berlín la compañía Schaubuehne, hoy convertida en ejemplo de audacia y de independencia de criterio. En Schaubuehne coincidió con otros grandes de la escena centroeuropea, como los actores Jutta Lampe, Edith Clever y Otto Sander (su “angelical colega” en El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders) o los escenógrafos Klaus Michael Grüber y Luc Bondy.

En 1972 integró el elenco del estreno mundial de la obra de Thomas Bernhard Der Ignorant und der Wahnsinnige (El ignorante y el demente), bajo la dirección de Claus Peymann y en el marco del Festival de Salzburgo. El resultado fue un aluvión de elogios, tanto de crítica y público como del propio escritor: el habitualmente irascible Bernhard llegó al extremo de salvar explícitamente “al gran Bruno Ganz” en la diatriba contenida en la novela El sobrino de Wittgenstein, en la que arremetía contra los actores que habían interpretado sus obras en Austria y Alemania. En 1973, la revista especializada Theater Heute le concedió la distinción al Actor más Destacado del Año.

Aunque curiosamente a los diecinueve años apareció en dos filmes de Karl Suter (Der Herr mit der schwarzen Melone y Chikita), no fue hasta 1975 cuando comenzó verdaderamente su carrera como actor de cine. Ello sucedió cuando el gran realizador francés Éric Rohmer le propuso trabajar en La marquesa de O. Para preparar adecuadamente el rodaje, Ganz decidió abandonar el Bühnestudio, actitud que Rohmer premió concediéndole una de las más memorables entradas en escena del cine europeo de la década. Esta película histórica recibiría el Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Cannes y lanzó a Ganz como uno de los actores europeos más solicitados de la siguiente década.

Fiel al cine de autor

El escritor Peter Handke llevó al cine su texto La mujer zurda, y contó con la participación de Ganz. El actor sería considerado, desde entonces, un firme conocedor del universo handkiano, como muy bien demostraría en otras ocasiones a posteriori. En 1977 Wim Wenders lo llamó para protagonizar, junto a Dennis Hopper, su muy particular adaptación de El amigo americano: El juego de Ripley, la novela de Patricia Highsmith. Bien recibida en Cannes, gustó tanto al director Franklin S. Schaffner que invitó a Ganz a rodar Los niños del Brasil, primera producción americana del actor. No en vano una de las cualidades más destacables de Bruno Ganz ha sido siempre su facilidad para trabajar en varios idiomas.

El realizador austriaco Werner Herzog reclamó también su presencia en Nosferatu (1979), decadente remake del filme homónimo de Friedrich Wilhelm Murnau, en el que el histriónico Klaus Kinski ejercía el rol de protagónico vampiro. Herzog supo intuir que Ganz, en contraposición al “demoníaco” Kinski, tenía todas las dotes para encarnar el candor, la inocencia y la rectitud moral. Ciertamente, muchos de sus roles en el cine y en el teatro han contribuido a mantener esta imagen.

La década de 1980 se abrió con dos proyectos cinematográficos destacables. De un lado, Círculo de engaños, de Volker Schlöndorff, junto a Hanna Schygulla, y de otro En la ciudad blanca, del suizo Alain Tanner. Para algunos, éste es el mejor trabajo de Ganz; en él da vida a un marinero que decide abandonar su vida anterior para detenerse en Lisboa a contemplar cómo el tiempo, y su propia vida, pasan por delante de sus ojos sin que él desee hacer ningún gesto para intervenir. No obstante su actividad en la gran pantalla, Ganz nunca abandonó su labor sobre los escenarios ni en los platós de televisión.

A pesar de esta dinámica de trabajo, no fue hasta 1987 cuando muchos espectadores conocieron la labor de Bruno Ganz. Y es que el éxito y la polémica cosechados por el filme El cielo sobre Berlín llegaron incluso a generar un edulcorado remake hollywoodiano con Meg Ryan y Nicolas Cage como protagonistas. El filme, de nuevo bajo la realización de Wim Wenders, era un proyecto conjunto con otro viejo conocido de Ganz, Peter Handke, quien escribió un poético y vigoroso guión. Ganz supo dotar de una enorme humanidad y trascendencia la historia del ángel Damiel, que renuncia a la inmortalidad para conocer la experiencia humana y mortal al enamorarse de una trapecista.


Bruno Ganz en El cielo sobre Berlín (1987)

En la década de 1990 Ganz continuó alternando su actividad sobre los escenarios con rodajes para los nombres más eminentes del cine europeo. En este contexto se sitúan sus interpretaciones en filmes como Tan lejos, tan cerca (1992), segunda parte de El cielo sobre Berlín; La ausencia (1993), de nuevo con Handke, y, sobre todo, La eternidad y un día (1998), de Theodoros Angelopulos (Palma de Oro en Cannes), trabajo que supuso el encuentro de dos de las figuras más respetadas del cine de autor.

En 1996 Ganz recibió un premio cuanto menos sorprendente, el Iffland-Ring, que le fue concedido en calidad de “mayor personalidad viviente del teatro en habla germana”, galardón al que un año después se unía el otorgado por el Festival Internacional de Televisión de Barcelona por su trabajo en el telefilme Anwalt Abel - Ein Richter in Angst, de Josef Rödl, en el que encarnaba a un juez, el Dr. Crusius, odiado por sus colegas.

En 2000, Ganz se reencontró con Peter Stein, quien después de diez años logró la representación de la integral de Fausto. El papel del mítico héroe goethiano recayó en el actor suizo, labor extenuante si se tiene en cuenta que la duración del montaje alcanzaba las trece horas. En ese mismo año, su participación en Pain, tulipes et comédie, de Silvio Soldini, le reportó la obtención de un David di Donatello en Italia, así como el premio al mejor actor en Suiza.

No obstante, el nombre de Bruno Ganz trascendió el ámbito del cine de autor para entrar en el de la más viva polémica cuando en 2004 (después de rodar a las órdenes de Jonathan Demme El mensajero del miedo) aceptaba interpretar el papel de Adolf Hitler en la película de Oliver Hirschbiegel El hundimiento (Der Untergang). El peculiar enfoque del filme, basado parcialmente en las memorias de quien fuera secretaria del dictador, Traudl Junge, ofrecía una visión inédita de Hitler, potenciando el hipotético “aspecto humano” de quien fuera responsable del aniquilamiento de millones de personas durante la II Guerra Mundial. Objeto de viva discusión en todos los países en los que se estrenó, la película generó, y sigue generando, encendidas disputas.


Como Hitler en El hundimiento (2004)

El propio Wim Wenders, amigo personal de Bruno Ganz, se erigió en uno de los más destacados portavoces del sector crítico con la parcialidad de la película. Al respecto de la amoralidad de su postura, Ganz declaró: “Cuando escuché ese tipo de comentarios por primera vez me sentí ofendido, porque lo que hice fue una especie de documental en lo que a mí respecta”. Desconocedor de otras versiones cinematográficas de la historia de Hitler (aunque “decidido admirador del retrato realizado por Charlie Chaplin en El gran dictador”), Ganz basó su caracterización en películas de archivo en las que aparecía el Führer en persona.

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