Josep Guinovart

(Barcelona, 1927) Pintor español. A los catorce años de edad comenzó a trabajar como pintor de paredes, ingresando después en Llotja. En 1948 realizó su primera exposición en las Galerías Syra de Barcelona, consagrándose por entero a la pintura a partir de 1951. Un año después, tras haber contactado con el Grupo Dau al Set -en la ilustración de alguna de cuyas revistas llegó a colaborar-, obtuvo una beca para estudiar en París.

A su regreso, se dedicó activamente a la realización de encargos de arte mural, decoraciones y figurines para obras teatrales, trabajos de ilustración, diseño de carteles, etc. Entre sus creaciones escenográficas cabe destacar las de obras de Federico García Lorca como Bodas de Sangre, y entre sus ilustraciones acaso sean particularmente significativas las del libro de Poesies de Salvat Papasseit.

A partir de 1976 hay que añadir a sus anteriores ocupaciones la de grabador, pues emprendió la ejecución de varias ediciones de litografías y aguafuertes para la Editorial Polígrafa de Barcelona. También es el autor de diversos montajes tridimensionales, como el titulado contorn-extorn, presentado en 1978 en la Galería Maeght de Barcelona, donado después al Museo de Arte Moderno de la ciudad.

Desde 1948, fecha en que presentó su primera exposición individual en las Galerías Syra de Barcelona, se sucedieron apretadamente sus exposiciones en Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Valencia, París, Nueva York, Basilea, Chicago y en otras muchas ciudades españolas, europeas y americanas, al igual que su participación en exposiciones de arte contemporáneo catalán y español, salones, la Bienal Hispanoamericana, la Bienal de Venecia y otros encuentros internacionales de arte de vanguardia.

La obra de Guinovart evoluciona a partir de una interesante etapa figurativa, con influencias surrealistas y cubistas, en la que cristalizaron telas memorables por su nobleza de factura y genuino vigor popular, entre las cuales pueden citarse Sorpresa (1951) y Familia (1952).

Las corrientes abstractas y el informalismo abrieron nuevas perspectivas en la estética de Guinovart, que empezó a incorporar a su quehacer todo el potencial de recursos de una manipulación libre de la materia y del objeto, iniciando una serie de experiencias a base de estructuras de madera quemada, bidones, objetos de desecho, cajas, revestimientos polícromos, juegos de alusiones, signos, formaciones materiales, etc., generándose así un diálogo entre la expresión plástica y subjetiva del artista y su entorno vital, sus símbolos, fantasmas y contradicciones.

Recorriendo este proceso de transformación incesante, podemos toparnos con dos blancas tetas sentadas en fraternal diálogo sobre un retrete, con una percha con aspecto de espectro fluctuando entre referencias al Guernica de Picasso, con la cara legendaria del Che Guevara bajo un amenazante nubarrón de símbolos del imperialismo norteamericano y con toda suerte de acrobacias esculto-pictóricas caracterizadas por su contundencia expresiva y por las constantes de trazo, gesto y color que definen el agitado y original mundo interior de su creador, tanto en su obra sobre caballete como en sus espectaculares montajes o escenografías se combinan lenguajes expresionistas y líricos.