Cristóbal Halffter

(Madrid, 1930) Compositor español, una de las figuras más notables de la música de vanguardia. Sobrino de Rodolfo Halffter y Ernesto Halffter e hijo de una concertista de piano que murió siendo él todavía un niño, la tradición musical familiar marcó su infancia. Formado en el Conservatorio Nacional de Música de Madrid, donde fue discípulo de Conrado del Campo y de Alexander Tansman, finalizó sus estudios en 1951, obteniendo el premio extraordinario de Composición con la obra para orquesta Scherzo.


Cristóbal Halffter

En 1953 fue galardonado con el Premio Nacional de Música por su obra Concierto para piano, y en 1954 se trasladó con una beca a París, en compañía de su tío Ernesto, donde entró en contacto con Albert Blancafort. En 1957, también becado, residió en Roma y Milán, relacionándose con Luigi Dallapiccola y su discípulo Luciano Berio, y con Bruno Maderna. Catedrático de Composición en el Conservatorio de Madrid desde 1960, asumió la dirección de dicho centro en 1964, aunque dos años más tarde abandonó el cargo y pidió la excedencia de su cátedra para dedicarse a la composición, actividad que alternaría con la dirección de orquesta.

En 1968 compuso la cantata Sí, di sí en voz alta (Yes, speak out yes) por encargo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con motivo del vigésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; al igual que otras de sus composiciones, como Llanto por las víctimas de la violencia (1970-1971), o Réquiem por la libertad imaginada (1971), la obra es expresión del compromiso del compositor, quien en 1991 fue uno de los firmantes del Manifiesto de los Músicos por la Paz, contra la guerra del Golfo Pérsico.

En 1983 fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; en 1994 le fue otorgado el Premio Fundación Guerrero de Música Española, recibiendo en 1995 el Premio Europeo de Composición. Entre 1952 y 1956 compuso una serie de obras religiosas (Ave Maria, Panis angelicus, Antifonía pascual y Misa ducal), a las que siguieron las piezas orquestales Concertino para orquesta de cuerda (1956) y Dos movimientos para timbal y orquesta de cuerda (1956). Tras una asimilación de la música serial, cuyo ejemplo más destacado es Sonata para violín solo (1959), evolucionó hacia formas más personales de composición.

Su producción posterior incluye Microformas (1960), situada plenamente en el atonalismo; Formantes (1961), móvil para dos pianos; Sinfonía para tres grupos instrumentales (1963); Secuencias (1965); las obras vocales Misa para la juventud (1965) y Symposium (1966); Líneas y puntos (1967), para cinta magnetofónica y orquesta; Anillos (1967-1968); Fibonacciana (1969); un ciclo vocal sobre textos de San Juan de la Cruz integrado por Noche pasiva del sentido (1970) y Noche activa del espíritu (1973); Pinturas negras (1972); Gaudium et spes (1973); Procesional (1973-1974); Concierto para violoncelo (1974); Oración a Platero (1974), cantata; Elegías a la muerte de tres poetas españoles (1974-1975); Variaciones sobre la resonancia de un grito (1977); Oficio de difuntos (1978), para solistas, coros y orquesta; Conciertos para violonchelo y orquesta (1979); Jarchas de dolor de ausencia (1979); Debla (1981), para flauta; Tiento (1981), para gran orquesta; Fantasías sobre la sonoridad de Haendel (1982); Dona nobis pacem (1984); Concierto segundo para violoncelo y orquesta (1986), como homenaje a Federico García Lorca en el 50º aniversario de su muerte; Concierto para cuatro saxofones y orquesta (1991); Mural sonante (1994), inspirada en la obra del pintor Antoni Tàpies, y Las turbas (1996).

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