Otón IV de Brunswick

(Normandía, 1175 o 1182 - Harzburg, 1218) Emperador del Sacro Imperio (1209-1218). Otón IV fue el tercer hijo de Enrique el León, duque de Baviera, y de Matilde (1156-1189), hija de Enrique II, rey de Inglaterra. Pasó su juventud en Inglaterra, en la corte de Ricardo I Corazón de León, su tío. Al lado del rey inglés desarrolló las cualidades más brillantes y recibió como asignación numerosos dominios en Inglaterra. Tomó parte en las guerras que Ricardo mantuvo con Felipe II Augusto, rey de Francia (1165-1223), y su tío le dio en recompensa el condado de Poitiers y el ducado de Aquitania, tratando además de asegurarle la corona de Escocia por medio de un matrimonio.


Otón IV

Tras fallecer Enrique VI, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1165-1197), los Welfs de Baviera y Sajonia, también conocidos como güelfos, se reunieron en Colonia para que Otón sucediera a Enrique, pero un mes antes, los Hohenstaufen (o Waiblingen), denominados gibelinos, habían elegido a Felipe de Hohenstaufen, duque de Suabia, como sucesor al trono de Alemania.

Inglaterra apoyó con sus tropas la elección de Otón, y Felipe II Augusto se declaró partidario del duque de Suabia. La muerte del rey de Inglaterra pareció asegurar la ventaja a Felipe, pero el papa Inocencio III se inclinó por Otón en 1201. Felipe fue apoyado entonces por otros soberanos y le declaró la guerra abierta a Otón. La guerra civil se extendió por todo el imperio. Otón se apoderó de Aix-la-Chapelle, después de haber sitiado la ciudad durante seis semanas, lo que le costó sesenta mil marcos de plata. Esta suma era más de la mitad de lo que había recibido de Inglaterra, por lo cual, a pesar de haberse defendido con valor, fue vencido y obligado a alejarse de Alemania, refugiándose en su castillo de Brunswick en el año 1206.

En Alemania había dejado poderosos amigos que continuaron actuando secretamente en su favor. Pero las circunstancias históricas se pusieron de su lado. El papa se dispuso a reconocer a Felipe como emperador de Alemania, pero éste fue asesinado por Otón de Wittelsbach, un palatino de Baviera, el 21 de junio de 1208. La primera medida de Otón fue hacer desterrar al asesino de su rival y antecesor, tomando además bajo su tutela a Beatriz, la hija de Felipe, con la cual se casó al llegar ésta a la mayoría de edad. Este matrimonio apaciguó todas las diferencias existentes en el imperio germano.

En sus posesiones en Italia, Otón se esforzó por reconciliar los partidos contrarios, además de hacer grandes concesiones al papa. El 4 de octubre de 1209 recibió la corona imperial en Roma de manos de Inocencio III, el cual le hizo jurar con anterioridad el mantenimiento de todas las posesiones de la Santa Sede. Pero Otón no tardó en faltar a la palabra dada al papa intentado conquistar el reino de Sicilia, arrebatándoselo al joven Federico de Hohenstaufen, único feudo que este príncipe conservaba de la herencia de su padre el emperador Enrique VI.

Indignado, Inocencio III excomulgó a Otón el 10 de febrero de 1210, y los nobles alemanes que quedaban afines a la casa de Suabia proclamaron emperador de Alemania a Federico II de Hohenstaufen. Esto fue el inicio de una nueva guerra civil. Otón se apresuró a afianzar su poder en Alemania. Primero convocó una reunión en Nuremberg, para conseguir poner al ducado de Lorena bajo sus intereses, y tras la muerte de Beatriz, se casó con María, hija del duque de Brabat. Las ayudas de su suegro y la del rey de Inglaterra fueron fundamentales para resistir los ataques de sus enemigos.

Federico se vio apoyado en todo momento por el rey de Francia e inició una serie de combates decisivos. A pesar de estar a la cabeza de un ejército de más de 120.000 soldados, Otón fue derrotado finalmente en Bouvines, donde Felipe II Augusto obtuvo una de sus victorias más importantes. El día de la derrota, Otón corrió dos veces el peligro de ser apresado, pero consiguió escapar a caballo, dejando al poder del vencedor sus tesoros y el cargo imperial. Federico II (1194-1250) fue coronado rey de Alemania en Aquisgrán en 1215 y en 1220, en Roma, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón, avergonzado por la derrota, se retiró al ducado de Brunswick, donde pasó los últimos cuatro años de su vida. Desde allí llevó a cabo algunas incursiones contra el rey de Dinamarca y contra el arzobispo de Magdeburgo. Falleció sin haber dejado descendencia de sus dos matrimonios.