Carlos Saura

(Carlos Saura Atarés; Huesca, 1932) Director de cine español. Su infancia azarosa durante la Guerra Civil española (1936-1939), que le llevó a refugiarse con su familia en las zonas republicanas de Madrid, Barcelona y Valencia, le marcó e influyó profundamente a lo largo de su futura carrera cinematográfica. Finalizado el conflicto, regresó a su ciudad natal y dos años más tarde, en 1941, se trasladó a Madrid para estudiar el bachillerato e iniciar sus primeros trabajos como fotógrafo, con los que participó en varias exposiciones.


Carlos Saura

En 1952 ingresó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), donde se diplomó con el título de director en 1957 con la práctica Tarde de domingo. Un año más tarde, dicha institución le contrató como profesor de prácticas escénicas. Su debut en la pantalla fue como guionista y director de Los golfos (1957), un primer acercamiento a la juventud marginal española que, al ser seleccionada por el Festival de Cannes (Francia), despertó las iras de la censura franquista.

Durante el certamen conoció al cineasta Luis Buñuel, quien le animó a concluir su obra maestra inacabada Simón del desierto y con quien trabó una profunda y respetuosa amistad. Fruto de ella fue la colaboración de Buñuel en el papel (masacrado por la censura) del verdugo en las escenas iniciales de Llanto por un bandido (1964), biografía romántica del bandolero andaluz José María el Tempranillo.

Paralelamente a su trabajo, Carlos Saura siguió ejerciendo como profesor en la Escuela Oficial de Cinematografía e inició una larga y fructífera etapa de colaboración de dieciséis años con el productor Elías Querejeta. Su primera película juntos, La caza (1965), psicológica alegoría de la Guerra Civil que obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín, constituyó su primer éxito fuera de España y le permitió formar un compacto equipo de colaboradores, entre los que figuraban el guionista Rafael Azcona, el músico Luis de Pablo, el director artístico Emilio Sanz de Soto, el montador Pablo del Amo y los operadores Luis Cuadrado y Teo Escamilla.

Su ácida visión de la burguesía española le inspiró una serie de excelentes películas interpretadas por su musa y compañera, Geraldine Chaplin, como Peppermint frappé (1967), galardonada con el Oso de Plata en el certamen de Berlín, El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1972) o Cría cuervos (1957), que le valió a la hija del gran cómico el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes. En una etapa fructífera y arriesgada, gracias a su lenguaje singular y siempre inventivo, Carlos Saura consiguió otros valiosos galardones, como el Premio Especial del Jurado en Cannes por La prima Angélica (1973).

Durante la década de 1970 se afianzó como un insólito diseccionador de los defectos nacionales, de forma onírica y muy personal; en este sentido, destaca la simbología racial de la citada Ana y los lobos (1972) y su secuela, Mamá cumple cien años (1979), que fue nominada para el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Su fructífera colaboración con Querejeta finalizó con Dulces horas (1981), en las mismas fechas que los trabajos con Geraldine Chaplin. El Festival de Berlín volvió a galardonarle, en esta ocasión con el Oso de Oro, por su nueva recreación de la juventud conflictiva y marginal de los suburbios en Deprisa, deprisa (1980), el mismo año en que recibió el Premio Nacional de Cinematografía.

Por esas fechas, su colaboración con el bailarín Antonio Gades le llevó a dirigir una notable trilogía musical compuesta por Bodas de Sangre (1981), Carmen (1983) y El amor brujo (1986), basadas en el drama de Federico García Lorca, la ópera de Georges Bizet y el ballet de Manuel de Falla, respectivamente. Finalizado el rodaje de la trilogía con Gades, recibió el homenaje personal y el tributo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

Carlos Saura dirigió entonces en México Antonieta (1982) y volvió a dejar los estudios españoles para rodar en Costa Rica, con el productor Andrés Vicente Gómez, la ambiciosa superproducción El Dorado (1987), que narraba el viaje por el río Amazonas del capitán español Lope de Aguirre. Sin abandonar las fuentes nacionales, una figura del Siglo de Oro español, el poeta místico San Juan de la Cruz, le inspiró La noche oscura (1989).

Al año siguiente, Carlos Saura batió un récord nacional al recibir trece premios Goya de la Academia española por su adaptación de una comedia dramática de José Luis Sanchís Sinisterra, ¡Ay, Carmela! (1990). La película fue galardonada también en el Festival de Montreal, y la actuación de Carmen Maura, en el papel de Carmen, con el Premio Europa. También en 1990 rodó, para Televisión Española, una versión del cuento El Sur, de Jorge Luis Borges. Tras la fallida carrera comercial de Marathon (1992), rodada con un cuantioso presupuesto durante los Juegos Olímpicos de Barcelona, tuvieron mejor fortuna sus acercamientos al cine policíaco, con ¡Dispara! (1993) y Taxi (1996).

Desde entonces, exceptuando la adaptación de su propia novela, Pajarico (1997), y la notable Goya en Burdeos (1999), en que el actor Paco Rabal dio vida a un Francisco de Goya ya anciano y exiliado en Francia, Carlos Saura se dedicó a brillantes experiencias en el cine musical de raíces latinas, con Sevillanas (1992), Flamenco (1995), Tango (1998) -rodada en Argentina- y Salomé (2002). El regreso a la España visceral y violenta de sus inicios tuvo lugar con El séptimo día (2004), inspirada en los sangrientos enfrentamientos de Puerto Hurraco (Badajoz), que le valió el premio al mejor director del Festival de Montreal.