William Wellman

(Brookline, 1896 - Santa Mónica, 1975) Director de cine estadounidense. Tuvo unos variopintos comienzos profesionales (fue estibador, vendedor y jugador profesional de hockey), y luego se enroló en la Marina de los Estados Unidos para tomar parte en la Primera Guerra Mundial, primero como camillero y luego como piloto en la "escuadrilla Lafayette" (que con el tiempo adquirió ciertos tintes románticos). Finalmente, fue repatriado tras haber sido herido en combate.


William Wellman

En 1918, con apenas 20 años, se casó con la actriz Helene Chadwik, que fue la primera de sus cuatro esposas y le introdujo en el mundillo del cine y del espectáculo. Se hizo así actor, profesión a la que sumó una amplia gama de actividades (decorador, productor y ayudante de dirección) hasta que Douglas Fairbanks le prestó su ayuda. Inició su carrera de director en el cine mudo con una película de extraño título, El hombre de pecho triunfa (1923). El mismo año rodaría otras dos producciones, tituladas Amor y voluntad y Amor al rojo, aunque durante este periodo las más destacadas fueron Ballet ruso (1926) y Alas (1927), trabajo este último que le mereció el Oscar de la Academia a la mejor película, y cuyas secuelas no alcanzaron la misma repercusión.

Durante los años treinta consolidó su fama y sus conocimientos cinematográficos, y realizó una importante cantidad de películas, entre las que destaca el filme policíaco El enemigo público (1931). En 1937 rodó la versión de una obra que luego tuvo numerosas adaptaciones a la pantalla, Ha nacido una estrella, interesante análisis psicológico y social sobre el mundo del espectáculo para una actriz que comienza y un actor que inicia su decadencia. A finales de los treinta hizo una bella versión de Beau Geste (1939), pieza clásica de la novela de aventuras ambientada en la Legión extranjera francesa, que le permitió tocar el tema de la amistad y el amor en el contexto de la vida militar.

Pero probablemente la obra más importante de este director sea un extraño western que rompió los esquemas de una época tan conservadora como los años cuarenta: Incidente en Ox-Bow (1943). Su argumento no era todo lo previsible que esperaba un público con claros códigos de lectura cinematográfica, y, además, resultaba muy perturbador en aquel momento en que los Estados Unidos se encontraban inmersos en la Segunda Guerra Mundial. La misma línea siguió al afrontar También somos seres humanos (1945), una visión de la guerra desde el lado oscuro, no el de los soldados que integran el heroico ejército, sino la realidad de aquéllos abocados a terminar en una fosa común.

Wellman se convirtió en un director reputado (mejor acogido entre los intelectuales que entre el gran público), y sus películas dejaron una honda huella en el discurso cinematográfico. En 1951 volvió a realizar otro western, Caravana de mujeres, historia sobria y espontánea, y en cierta medida feminista. Los años posteriores fueron contemplando cómo su pulso se aflojaba y rodaba un cine bastante más convencional, poniendo incluso su talento al servicio del sistema con filmes de marcado signo anticomunista. Su última película fue La escuadrilla Lafayette (1958), que le sirvió al veterano director de Alas para recordar sus experiencias y vivencias como piloto durante la Primera Guerra Mundial.