Carlos V

 
El frente francés. Francisco I de Francia trató siempre de socavar la amenazadora posición hegemónica de Carlos V en Europa. Entre 1521 y 1525, Carlos mantuvo con Francisco I cuatro guerras que terminarían con la rotunda victoria española de Pavía, donde cayó prisionero el rey francés. Al monarca vencido se lo trasladó a Madrid y, aunque fue confinado en el Alcázar, se lo trató con todos los honores hasta que se decidió a firmar un tratado (14 de enero de 1526) en el que se comprometía a entregar Borgoña, acuerdo que incumplió en el mismo momento en que se sintió seguro en París. Y no conforme con ello, creó además la Liga Clementina, alianza bélica contra Carlos que incluía paradójicamente al papa Clemente VII y a Solimán el Magnífico, además de las ciudades de Venecia, Florencia y Milán. Una de las consecuencias de esta nueva confrontación fue el ominoso saqueo de Roma (6 de mayo de 1526), en el que ocho mil habitantes de esta ciudad fueron pasados a cuchillo; alemanes y españoles compitieron en innumerables actos de vandalismo. Las hostilidades concluyeron con la llamada "paz de las Damas", conocida por ese nombre por haber sido preparada por la gobernadora de Flandes y tía de Carlos V, doña Margarita, y por la madre de Francisco I, doña Luisa de Saboya. Allí se concertó que Carlos fuera coronado por el papa Clemente VII (5 de noviembre de 1529) y que Francisco I contrajera matrimonio con la hermana de Carlos, doña Leonor.

Con ello, no obstante, no cesarían los enfrentamientos, que se reprodujeron tras la invasión de Francisco I del ducado de Saboya y de nuevo en 1541, cuando el rey francés, aliado con Solimán el Magnífico, presentó batalla a las tropas de Carlos V y de Enrique VIII. Firmada la paz de Crépy (18 de septiembre de 1544), por la que Carlos y Francisco se devolvían las tierras que mutuamente se habían arrebatado y se aliaban para luchar contra el turco y para afianzar la unidad de la Iglesia, la rivalidad entre las dos poderosas naciones continuó: tras la muerte de Francisco, acaecida el 30 de marzo de 1547, su hijo y sucesor Enrique II mantendría con idéntica obstinación su enemistad contra Carlos. En la imagen, un óleo en que el pintor Sebastiano Ricci (1687) representó la reconciliación de Carlos V y Francisco I auspiciada por el papa Paulo III, reconciliación que sería igual de efímera que los demás acuerdos y tratados firmados por los monarcas.

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