Carlos V

 
En Yuste. El 3 de febrero de 1557, tras un largo viaje, Carlos se retiró al Monasterio de Yuste, donde residiría hasta su muerte en 1558. Muchos años antes, pensando ya en su retiro, el emperador había hecho construir allí un modesto palacio semejante a las casonas de la nobleza italiana de la época, pero que estaba ricamente adornado con tapices flamencos y blasonado con el águila imperial. La vida de Carlos V en Yuste transcurrió entre la oración, el descanso y el ocio. Fueron frecuentes las visitas de los nobles de las cercanías, así como de los clérigos y de algunas personalidades. Pero a pesar de su retiro, Carlos V no ignoró los asuntos políticos del reinado de Felipe II. A Yuste acudieron pronto correos despachados por su hijo, que buscaba el consejo del experto emperador. Ya en 1558, Carlos V tuvo conocimiento de los brotes luteranos que se habían producido en Castilla y Andalucía. Esta noticia, unida a los recientes fracasos de los ejércitos de su hijo, a las complicaciones de la política internacional y a la muerte de su hermana Leonor de Austria, dañó profundamente su debilitada salud. A finales de agosto enfermó gravemente; el 19 de septiembre, tras varias semanas de delirios provocados por las altas fiebres, recibió la extremaunción. Finalmente, a las dos de la madrugada del 21 de septiembre de 1558, falleció el emperador del Viejo y del Nuevo Mundo. En la imagen, la presentación a Carlos V de su hijo Don Juan de Austria, tal y como la imaginó el pintor Eduardo Rosales. Fruto de la relación del emperador con la campesina Barbara Blomberg en 1545, Juan de Austria destacaría como el brillante estratega que comandó la victoriosa batalla de Lepanto.

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