Alfred Hitchcock

 
Rebeca. Su última película en Inglaterra (aunque luego regresaría para rodar alguna más) fue Posada Jamaica (1939). Finalizada ésta firmó un contrato por siete años, tras arduas negociaciones, con el encumbrado productor norteamericano David O. Selznick, que ese mismo año batía todos los récords de taquilla con un film mítico al que había entregado todas sus energías durante mucho tiempo: Lo que el viento se llevó.

La primera película de Hitchcock en Estados Unidos, Rebeca, se sitúa entre las más destacadas de su producción. Una tímida mujer estadounidense (Joan Fontaine) conoce en Montecarlo a un rico lord inglés, Maxime de Winter (Laurence Olivier). Se casan y van a vivir a la mansión de Manderley, donde en cada rincón flota el espíritu de Rebeca, la bella e inteligente primera mujer de Maxime, muerta en extrañas circunstancias. La señora Danvers (Judith Anderson), el ama de llaves de la mansión, vive obsesionada por el recuerdo de Rebeca, a la que adoraba; la hostilidad de la señora Danvers hacia la nueva dueña se hace de inmediato evidente.

Basada en una novela de Daphne du Maurier, Hitchcock consiguió con Rebeca una atmósfera inquietante gracias a la puesta en escena y a la turbadora presencia de la señora Danvers, que siempre aparece de la nada en el momento más insospechado. El director inglés logra que una muerta, Rebeca, sea la gran protagonista: su "presencia" marca cada minuto del filme. El éxito de Rebeca se vio correspondido con dos Oscar, uno a la mejor película y otro a la mejor fotografía en blanco y negro, obra de George Barnes.

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