Wolfgang Amadeus Mozart

 
El arzobispo Colloredo. A su regreso a Salzburgo, una mala noticia les esperaba: el benévolo príncipe-arzobispo Segismundo había muerto y Gerónimo Colloredo, hombre de duro corazón y no menos duro oído, ocupaba su lugar. Esta situación supondría un revés para su relación con la corte arzobispal, ya que el anterior y fallecido mitrado siempre había sido un apoyo para la familia Mozart, mientras que el sucesor, Colloredo, se mostraría inflexible con el cumplimiento de las obligaciones impuestas a sus subordinados, incluida la familia del compositor. El joven Wolfgang, en concreto, fue uno de los más perjudicados por ello. Wolfgang recuperó el cargo de Konzertmeister y permaneció seis años en ese puesto, soportando a un injusto e ignorante patrón que le trataba despóticamente y le hacía comer con los criados, creyendo que ése era el mejor método para mantenerlo sometido y obediente. Junto a la música religiosa que escribía para Colloredo, Mozart compuso en esta época cuartetos para cuerda, serenatas y sinfonías, obras todas ellas impregnadas de una sugestiva apariencia clásica, y varias óperas. En la imagen, un retrato de Colloredo realizado en 1772 por F. X. Koenig.

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