Wolfgang Amadeus Mozart

 
Las giras. Pronto comenzaron los viajes, ya que Leopold decidió llevar el talento de su hijo a todos los rincones de la vieja Europa en los que pudiera valorarse su capacidad interpretativa. En 1762 emprendieron su primer viaje a Munich, a la corte de Maximiliano III, y luego a Viena, ciudad imperial de los Habsburgo. Al año siguiente, Leopold continuó sembrando la fama de los jóvenes en una gira vertiginosa por varios países europeos. Los auditorios de Londres, París, Francfort, Bruselas y Ámsterdam se mostraron encantados con las facultades de los niños y les aplaudieron entusiastas, aunque era el gracioso Wolferl quien de verdad maravillaba a la gente con su precioso traje de gala y su peluca dorada. En consecuencia, Nannerl hubo de quedarse más de una vez en Salzburgo mientras padre y hermano seguían recorriendo ciudades.

Durante estos viajes tuvo la oportunidad de familiarizarse con los secretos de la célebre orquesta de Mannheim, el estilo francés en París y el estilo galante de Johann Christian Bach en Londres. El prestigio le valió, tras su regreso a Salzburgo en 1768, el nombramiento de "Maestro de conciertos de la corte", un cargo honorífico. Pero su idea, o mejor, la de Leopold, era triunfar en Italia, hacia donde padre e hijo partieron en 1769. En Roma despertó admiración al reproducir en partitura el Miserere de Allegri tras haber asistido una sola audición en la Capilla Sixtina. Ese constante trasiego, a menudo realizado en las condiciones más deplorables, minó la salud del todavía adolescente Wolfgang, que, entre fatigas, estrenó en Milán su ópera Mitrídates en 1770, el año en que le fue concedida la Espuela de oro, una importante distinción papal. Tal es el ritmo de la juventud musical de Mozart: viajes artísticos al extranjero, con amplia y ávida cosecha de experiencias musicales, que serán después lentamente asimiladas y darán su fruto en la pacífica permanencia de la tranquila Salzburgo. En la imagen, los Mozart en una actuación de sus giras.