Edmund Henry Hynmann Allenby

(Edmund Henry Hynman Allenby, primer vizconde Allenby de Megido y de Felixstore; Brackenhurst, 1861 - Londres, 1936) Militar británico. Mariscal de campo perteneciente al arma de caballería, Allenby participó de manera decisiva en las últimas grandes guerras que sostuvo el Imperio Británico en África, a finales del siglo XIX, además de dirigir con sus tropas la victoriosa campaña de Palestina en la Primera Guerra Mundial.

Educado en el Haileybury College y en la prestigiosa y elitista Real Academia Militar de Sandhurst, en el año 1884 ingresó en el cuerpo de los Dragones, acantonados en Inniskilling (Botswana actual), en el que destacó en las dos expediciones que su cuerpo realizó en Bechnanalandia (1884-85) y en Zululandia (1888). Entre los años 1899 a 1902 estalló la guerra de los Bóers, en la que Allenby también tomo parte decisiva. Dicha guerra fue provocada por Gran Bretaña para extender sus dominios desde la colonia de El Cabo y el Natal hasta las repúblicas independentistas de los afrikáner del Trasvaal y del Estado Libre de Orange.

Después de una serie de derrotas iniciales, los ejércitos británicos reaccionaron con destreza e infligieron una humillante derrota a los independentistas en la batalla de Paardeburg, el 27 de febrero del año 1900. En reconocimiento a sus grandes méritos de guerra contraídos en las campañas africanas, Allenby fue nombrado inspector general de la caballería británica en el año 1910, cargo que desempeñó hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, en julio del año 1914, tras lo cual se le asignó el mando de toda la caballería británica en territorio francés.

Al comenzar el año 1915, Allenby pasó a comandar el V Cuerpo de Caballería Británica, que también abandonó, en octubre del mismo año, tras ser ascendido al grado de comandante y obtener la jefatura del III Ejército Británico, en el que volvió a demostrar su gran valía como soldado y estratega en las batalla de Arras (abril 1917) e Yprés (junio 1917), por lo que fue ascendido al rango de general y nombrado caballero de la orden de Bath.

Pero donde Allenby realmente destacó como militar fue en las campañas británicas llevadas a cabo en el Oriente Próximo. Tras la resonante victoria conseguida por Allenby en la tercera batalla de Yprés, fue nombrado comandante en jefe de la fuerza expedicionaria egipcia, compuesta por una tropa muy desmoralizada por las continuas bajas sufridas en el frente y por los constantes fracasos a la hora de conquistar zonas importantes.

El gran vigor y entereza de la personalidad de Allenby fue capaz de insuflar en sus hombres una mentalidad de hierro y las ansias de desquite ante las tropas turcas. Finalizado un período breve en el que Allenby preparó y reorganizó a sus tropas, las fuerzas británicas obtuvieron una decisiva victoria sobre los turcos en la región de Gaza, en noviembre del año 1917, que posibilitó la posterior toma de Jerusalén, el 9 de diciembre, y diversos enclaves de gran importancia estratégica en la zona. Antes de ser llamado por el Alto Mando para reforzar las posiciones británicas en Francia, Allenby obtuvo la decisiva victoria en la batalla de Megido, el 19 de septiembre del año 1918, seguida de la entrada triunfal de los británicos y las tribus árabes aliadas en Damasco y Alepo, el 1 de octubre del mismo año.

La campaña británica supuso el fin del Imperio Otomano en Siria. Allenby fue distinguido con el título de vizconde de Megido y Felixstore, a la par que ascendió al cargo de mariscal de campo. En cierto modo, los grandes éxitos de las campañas norteafricanas de Allenby se debieron a su gran habilidad e innovación a la hora de disponer sus tropas y la caballería británica en el campo de batalla, revelándose como un estratega militar de primera línea, que supo llevar a la práctica de manera perfecta lo dispuesto horas antes en el mapa de estudio.

Entre los años 1919 a 1925, Allenby fue nombrado Alto Comisario para Egipto. Trató de gobernar la zona británica con firmeza e imparcialidad, incluso en el período de graves disturbios protagonizados por las cada vez más poderosas fuerzas nacionalista de Egipto. Finalmente, Allenby se mostró partidario de conceder la independencia tanto para Egipto como para Etiopía, países que se convirtieron en estados soberanos en los años 1925 y 1922, respectivamente.