Manuel Altolaguirre

(Málaga, 1905 - Burgos, 1959) Poeta español. La fundación en colaboración con Emilio Prados de la revista Litoral y de otras importantes publicaciones de la Generación del 27 (Poesía, Héroe, 1916, Caballo Verde para la Poesía) lo acreditan como una figura destacada de ese privilegiado momento de la cultura española. Los diversos títulos de su poesía recopilada tras su muerte en Poesías completas (1960) dan cuenta de su carácter intimista cercano a la canción, neorromántico, emotivo y algo surrealista.

Durante su prolongado exilio, primero en Cuba y luego en México, siguió con sus actividades de impresor y editor, publicó una colección de poetas clásicos españoles con el título de La Verónica, y se interesó por el cine: escribió el guión y produjo la película Subida al cielo (1951) dirigida por Luis Buñuel, y realizó una versión fílmica de El cantar de los cantares. Como autor teatral publicó Entre dos públicos (1934). Entre sus obras no poéticas destaca el volumen Garcilaso de la Vega (1933), original ejemplo de biografía novelada que entrelaza armoniosamente la documentación histórica con la disgresión imaginaria. Realizó versiones poéticas de A. Pushkin y P.B. Shelley y recopiló y publicó una Antología de la poesía romántica española (1932). En 1959, durante un segundo viaje a España desde su partida al exilio, perdió la vida en una carretera de Burgos.

Demostró un interés precoz por la actividad editorial, que definía como "un auténtico rincón de poesía", y durante toda su vida se comportó como un artista-artesano que no sólo componía sino que también imprimía sus propias obras. Miembro de la generación del 27, desde sus años juveniles apreció el magisterio poético de los clásicos, como Garcilaso y Góngora, y las lecciones de contemporáneos suyos, como Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas.

Las islas invitadas y otros poemas, de 1926, su primera antología, varias veces reeditada, muestra una predilección por los temas naturalistas, aunque reinterpretados como restos de un mítico y sensual paraíso terrenal. En su libro siguiente, Ejemplo (1927), influido por la poética surrealista, la división antinómica entre percepción y reflexión, cuerpo y alma, materia y espíritu, agrietaba la consonancia panteísta que unía al hombre con el mundo.

Su vena introspectiva se potencia en antologías posteriores: Soledades juntas (1931), La lenta libertad (1936), Nube temporal (1939) y Fin de un amor (1949). El proceso evolutivo de su poesía marcha paralelo a su experiencia vital, herida por el dolor o bendecida por el amor. En efecto, sus estados de ánimo determinan el criterio para organizar cada una de sus antologías, incluyendo o excluyendo composiciones, según las circunstancias de cada momento.

En el libro titulado Poemas de América (1955) reunió composiciones de temas existenciales diversos, que no habían encontrado acomodo en las antologías precedentes. En 1960 se publicaron, póstumamente, en México sus Poesías, que comprendían textos inéditos o publicados de modo disperso en diversas revistas literarias. A partir de 1982 empezó a aparecer la edición española de su obra completa, que confirma que, aunque de modo fragmentario, no puede separarse su maduración poética de su biografía cronológica.

"La poesía -afirmaba Altolaguirre en 1951-, tanto si es exterior como si es profunda, es mi principal fuente de conocimiento. Me muestra el mundo y con ella aprendo a conocerme a mí mismo. Por eso el poeta no tiene nada nuevo que decir. La poesía nos revela aquello que ya sabíamos y habíamos olvidado. Sirve para rescatar el tiempo, para levantarnos la moral, para tener el alma completa, en vez de fugaces momentos de vida. En ella experimentamos más la muerte que el sueño, y nos liberamos de lo contingente, de lo efímero. Ella nos hace unánimes y comunicativos".