Julio Álvarez del Vayo

(Villaviciosa de Odón, 1891 - Ginebra, 1975) Político español. Estudió en la London School of Economics y en la Universidad de Leipzig. Colaboró en los más importantes periódicos de su época y trabajó como corresponsal de prensa en varios países europeos y americanos, así como de traductor en los EEUU, lo que le facilitó conocer a algunos de los más prestigiosos intelectuales y políticos del momento. Viajó a URSS en varias ocasiones y contó sus experiencias en obras como Rusia, a los doce años; La senda roja y La nueva Rusia.

Miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), participó en la instauración de la República, durante la cual fue nombrado embajador en México. En 1933 fue elegido diputado a Cortes en representación del Partido Socialista por Madrid capital; en 1936 fue reelegido. Fue vicepresidente de la Asociación Socialista madrileña y uno de los más decididos artífices de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), movimiento de clara tendencia comunista que agrupaba a las juventudes socialistas y comunistas.

Días antes del estallido de la Guerra Civil española viajó junto con Largo Caballero a Londres como miembro de la delegación de la UGT para asistir al congreso sindical internacional. Fue ministro de Estado en el gabinete presidido por Largo Caballero, del 5 de septiembre al 5 de noviembre de 1936. Como representante español en la Sociedad de Naciones en Ginebra, denunció en la asamblea la ayuda prestada por Italia y Alemania al bando nacional. Se hizo cargo otra vez del ministerio de Estado en el segundo gabinete presidido por Negrín, con quien compartió la idea de prolongar la guerra hasta que desembocara en un conflicto internacional, o bien, hasta que se garantizara una paz sin represalias para el bando republicano.

Organizó la salida de España de los fondos del Museo del Prado que se encontraban en Figueras para trasladarlos a Ginebra, donde serían custodiados por el secretario general de la Sociedad de Naciones. En los últimos días de la guerra trató en vano, junto con Negrín, de alcanzar un acuerdo con los nacionales y viajó a París con la intención de convencer a Azaña, presidente de la República, de que regresara a Madrid, lo que tampoco consiguió. Al finalizar la guerra partió al exilio.