Carlos Arniches

(Carlos Arniches y Barrera; Alicante, 1866 - Madrid, 1943) Comediógrafo español considerado el más claro continuador del sainete costumbrista del siglo XIX. De joven colaboró con el diario La Vanguardia, de Barcelona, hasta que se trasladó a Madrid. Encontró un protector en el músico Ruperto Chapí, autor de numerosas partituras del género chico y hombre popularísimo. Con su ayuda, Arniches logró entrar en el mundo teatral madrileño. Antes había colaborado en diversas publicaciones; pero su verdadera vocación era el teatro.

Su primera producción consiste en sainetes y libretos para algunas zarzuelas de fines del siglo XIX y principios del XX en colaboración con Cantó, García Álvarez, Fernández Shaw y otros. Después desarrolló el llamado género chico (sainete musical y cuadro de costumbres de vivo colorido local) hasta transformarlo en comedia sin música.

El ambiente que recrea esta faceta de su obra suele ser el Madrid finisecular, popular y castizo, con personajes que hablan un lenguaje alambicado que abunda en chistes veloces y giros rápidos. Arniches no sólo se limitó reproducir la jerga de ese Madrid tan peculiar, sino que fue creador de muchas expresiones que, una vez representadas, pasaron a ser de dominio público. A esta parte de su producción pertenecen títulos tales como Las estrellas (1904), La flor del barrio (1919) o Los milagros del jornal (1924).

La crítica suele dividir la totalidad de su obra en tres apartados, que cultivó indistintamente: género chico, sainete extenso y tragedia grotesca. En el primero merecen mencionarse La fiesta de san Antón (1898) y El santo de la Isidra (1902); en cuanto al tercero, Arniches fundió lo dramático con lo caricaturesco, anticipándose en cierta forma a los esperpentos de Ramón del Valle-Inclán. Su ambiente suele ser idéntico al del sainete, pero aquí lo cómico encubre una emoción grave que sirve para introducir la crítica, el humor negro o la tesis social. Entre sus restantes títulos cabe recordar La señorita de Trévelez (1916), Los caciques (1920), La heroica vida (1921) y Es mi hombre (1921).

Su producción comprende unas 270 obras escénicas estrenadas a lo largo de un período de más de cuarenta años, que va de Los aparecidos (1892) a Don Verdades, terminada el día antes de su muerte repentina, ocurrida en 1943. Obra tan vasta es naturalmente muy desigual, pero en toda ella se revela una vena cómica auténtica, sobre todo en la descripción de costumbres y en la pintura de los tipos castizos de los barrios del Madrid de fin de siglo.

El lenguaje de Arniches es fluido y pintoresco y en él abunda el chiste rápido y fresco, el retruécano, la frase de argot; a menudo las situaciones lindan con la astracanada, pero siempre hay en su humor un fondo genuino, de observación atenta del ambiente. En las situaciones dramáticas, en cambio, cae a menudo en la nata sensiblera. Con todo, no puede negarse que Arniches ha sido un extraordinario exponente del casticismo madrileño, del cual supo recoger modos y estilos al par que lo enriqueció con aportaciones personales que tienden a su estilización y no pocas veces a su caricatura.