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Claudio Arrau

(Claudio Arrau León; Chillán, 1903 - Mürzzuschlag, Austria, 1991) Pianista chileno considerado uno de los más prodigiosos intérpretes de todos los tiempos. El repertorio de Arrau, muy vasto, abarcaba desde Bach hasta los autores contemporáneos, pasando por Mozart, Beethoven, Liszt, Schubert, Chopin o Debussy. Arrau no fue sólo uno de los más destacados pianistas del siglo XX (cuyo magisterio ha quedado conservado en sus numerosas grabaciones discográficas) sino también uno de los últimos continuadores de una tradición interpretativa que hunde sus raíces en Franz Liszt: aquella que considera el virtuosismo técnico únicamente como un medio para servir a la música, y no como un fin en sí mismo.


Claudio Arrau (c. 1941)

Hijo de Carlos Arrau y Lucrecia León, fue su madre, aficionada al piano, quien lo introdujo en el mundo de la música. A los cinco años, el precoz Claudio ofreció su primer concierto en Santiago de Chile en el Palacio de la Moneda, donde interpretó obras de Mozart, Beethoven y Chopin frente al presidente de la República, Pedro Montt, y otras autoridades.

A los siete años, en 1910, recibió una beca del gobierno de Chile para estudiar música en Alemania, país donde residió durante once años; en Berlín tuvo como maestro a Martin Krause, uno de los últimos discípulos de Liszt. En sus años de formación ofreció recitales en diversas ciudades de Alemania, Reino Unido y Escandinavia. Antes de cumplir los veinte años había sido galardonado en dos oportunidades con el premio Liszt, y más tarde obtuvo el Grand Prix International des Artistes. Contrajo matrimonio con la cantante Ruth Schneider, con quien tuvo tres hijos.

Tras su retorno a Chile, en 1921, Arrau visitó Estados Unidos en 1924 y en ese país ofreció conciertos con las orquestas sinfónicas de Boston y Chicago. Ese mismo año regresó a Berlín, donde le fue ofrecido un cargo de profesor en el conservatorio local, pero prefirió continuar con sus giras y recitales. Su figura se hizo legendaria entre el público de Alemania y Austria debido a su conocimiento y dominio de las obras de los principales compositores de estos países, en particular de Ludwig van Beethoven.

En 1935 ofreció una serie de doce recitales en la capital alemana en los que interpretó el conjunto de piezas para teclado de Johann Sebastian Bach, haciendo lo mismo al año siguiente con las obras de Wolfgang Amadeus Mozart. Dos años más tarde, en una gira por Chile, Argentina y México, sus conciertos incluyeron las sonatas y conciertos para piano de Beethoven.

Arrau ya era un intérprete de fama mundial a fines de la década de 1930. El endurecimiento del régimen nazi lo llevó a abandonar Alemania y en 1941 se trasladó a Estados Unidos, fijando su residencia permanente en Nueva York, una ciudad que Arrau consideraba su hogar, aunque pasó gran parte de su vida viajando por el mundo, con una vitalidad asombrosa que le permitió realizar giras y recitales hasta después de cumplir ochenta años. A partir de 1941, en efecto, Arrau prosiguió su carrera en los escenarios cosechando éxitos y honores por todo el mundo.

Además de uno de los grandes pianistas del siglo, Arrau fue un sistemático estudioso de la literatura pianística del Clasicismo, el Romanticismo y el Impresionismo, de la que nos dejó grabaciones con frecuencia integrales (así de la música pianística de Chopin o Beethoven) que constituyen auténticos hitos de la interpretación. Fue también destacado intérprete de Bach desde su juventud, aunque un estudio detallado de la obra de Bach lo llevó a negarse a interpretarla en piano por considerar que el complicado contrapunto de cantor de Leipzig no quedaba suficientemente bien retratado en el sonido brillante y lleno de armónicos del piano moderno. Por esta razón impidió que se publicaran sus grabaciones, por demás magistrales, de El Clave Bien Temperado y los Ejercicios para Clave, que se dieron a conocer póstumamente.

Sorprende tal rigor (el intérprete señaló que interpretaría de nuevo a Bach el día que supiese tocar el clave) en época tan temprana, cuando apenas comenzaba a desarrollarse de nuevo la técnica clavecinística, mirada poco menos que como un capricho de purista por intérpretes y público. Es una muestra, sin duda, del cuidado con que Arrau afrontaba la música que iba a interpretar. No nos encontramos, sin embargo, con interpretaciones retóricas e historicistas; muy al contrario, Arrau se caracterizó siempre por lo poco ostentoso de su interpretación y por la hondura del sentimiento que transmite, para el que se vale en ocasiones de tiempos muy lentos que no disminuyen la expresividad y que muestran su maestría técnica.

Como parte de sus estudios musicológicos merece destacarse su edición de las Sonatas para piano de Beethoven, realizada para la editorial Peters. En 1967 creó los Fondos Claudio Arrau para ayudar a la formación de jóvenes músicos. De entre los honores alcanzados, es digna de mención la Medalla Hans von Bülow que le concediera en 1978 la Filarmónica de Berlín. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Arte de Chile. Sus restos descansan en su patria natal, en la ciudad de Chillán.

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