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Claude Bernard

(Saint-Julien, 1813-París, 1878) Fisiólogo francés. Es el máximo representante de la fisiología francesa del siglo XIX. Con él, la fisiología pasó de ser una colección de hechos, tal como la interpretara Magendie, a una «ciencia de fenómenos vivientes». Sus trabajos versaron sobre la regulación nerviosa de la secreción salival, la digestión pancreática y la función glucogénica del hígado. Descubrió la inervación vasomotora y creó el concepto de secreción interna. Realizó también aportaciones a la farmacología experimental.


Claude Bernard

Claude Bernard se educó en los colegios de Villefranche y Thoyssey, y a los diecinueve años ingresó como empleado en una farmacia de Vaise, suburbio de Lyon. Luego de haber escrito un drama titulado Arthur de Bretagne, marchó a París; pero el célebre crítico Saint-Marc de Girardin, a cuya consideración sometió el manuscrito, le aconsejó el estudio de la medicina; Claude Bernard, aun a pesar suyo, le hizo caso.

Logrado un mediocre puesto de interno en el Hôtel-Dieu, llamó la atención del fisiólogo Magendie, de quien fue preparador, y no tardó en dar pruebas de su genialidad. En 1843 pudo ya demostrar la función glucogénica del hígado, y a ello siguió una serie de experiencias que han llegado a ser clásicas. Doctorado en 1843, fue auxiliar de Magendie y profesor de fisiología del Collège de France. A los cuarenta años (1853), obtenido ya el título de doctor en ciencias con la tesis Investigaciones acerca de una nueva función del hígado, considerado como órgano productor de la materia azucarada, pasó a enseñar fisiología general en la Sorbona.

A la muerte de Magendie ocupó su puesto en el Collège de France (1854) como profesor de medicina experimental. Su obra Introducción al estudio de la medicina experimental (1865) le abrió en 1868 las puertas de la Academia Francesa; este mismo año se le confió la cátedra de fisiología general del Museo de Historia Natural de la Sorbona, y en 1869 fue nombrado miembro del Senado Imperial de Napoleón III. En 1870 empezó a enfermar debido a una dolencia renal contraída a causa del frío y la humedad de su laboratorio, y un ataque de uremia le ocasionó la muerte.

Claude Bernard es una de las columnas fundamentales de la fisiología experimental del siglo XIX, y, al mismo tiempo, uno de los pensadores más ilustres de la época; defendió el determinismo vinculado al neo-vitalismo, lo cual, sin embargo, no ahogó en él las exigencias religiosas. Experimentador por excelencia, partió del principio según el cual el experimento debe emplearse como contraprueba de una hipótesis o de una intuición preexistentes, y una vez obtenida la demostración, para la sugerencia de nuevas ideas que habrán de dar lugar a otras experiencias. Estudió también, además de la glucogénesis hepática, el sistema nervioso simpático y los venenos. Entre sus obras figuran Leçon sur la physiologie expérimentale appliquée a la médecine (1856), Les propriétés des tissus vivants (1866) y Leçon sur les phenomènes de la vie (1878).

Pero es sin duda su Introducción al estudio de la medicina experimental (1865) la pieza más influyente de su producción. La obra se hizo muy pronto famosa por los principios que propugnaba y por la influencia que ejerció en el movimiento naturalista, principalmente en Zola. Bernard establece las reglas de una medicina que sea verdaderamente ciencia y método: si antes se la entendía como una arte que valía según la inteligencia y el olfato del médico, ahora no puede ya confundirse con concepciones abstractas y sin base sólida.

Para Bernard, la medicina será verdaderamente una ciencia cuando se funde sobre la fisiología, sometiéndose, como la física y la química, al método experimental, sin el cual no hay certidumbre ni seguridad en la verdad. Pero no se ha de confundir la experiencia con la simple comprobación de los hechos, sin guiarse por un convencimiento preciso; antes bien, ha de ser una experimentación rigurosa y completa. En esta exigencia radica la verdadera libertad del espíritu y del pensamiento: no sólo excluye el yugo filosófico y teológico, sino que tampoco admite ninguna autoridad científica personal.

Con esta objetividad absoluta de la nueva medicina se alcanzarán poco a poco, siguiendo un duro, pero radiante camino, las conquistas que descubrirán a la humanidad sus fuentes de saber y de bienestar. De este modo, dice Bernard, las hipótesis incitarán a nuevos descubrimientos y la experimentación será la prudente guía de ellos: sin explicar el porqué de las cosas, sino subrayando el cómo, la ciencia brinda el remedio y ataca la enfermedad sin caer en abstracciones o en concepciones rígidamente dogmáticas. Émile Zola desarrolló en su pensamiento de novelista naturalista las famosas premisas científicas de Bernard, en pos de una objetividad artística que fuese al mismo tiempo la lucha moral por los nuevos ideales de la sociedad; su ensayo La novela experimental representa la tentativa de aplicar los principios de la fisiología a una concepción del arte.

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