Carlos Octavio Bunge

(Buenos Aires, 1875 - 1918) Ensayista y jurista argentino. Cursó los estudios universitarios de derecho, explicó ciencias de la educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales; elaboró un informe sobre la educación en Europa, por encargo del Gobierno de su país. En el grupo de figuras del pensamiento americano que culmina en José Enrique Rodó, Carlos Octavio Bunge ocupó un importante lugar.

Su obra fundamental se titula Nuestra América. En el resto de su producción cultivó diversos géneros: teatro, con La revolución de Churubusco, La primera batalla, El roble, Fracasado y Los colegas (1908); novelas y narraciones diversas, con Xarcas Silenciario (1903), La novela de la sangre (1904), Thespis (1907), Viaje a través de la estirpe y otras narraciones (1908), La sirena, Los envenenados, El capitán Pérez y El sabio y la horca; estudios filosóficos y pedagógicos, con El espíritu de la educación (1901), Principios de psicología individual y social (1903), Educación de la mujer (1904) y Estudios filosóficos.

Publicó también estudios jurídicos, como Teoría del Derecho (1905), Historia del Derecho argentino (1912), El Derecho en la literatura gauchesca (1913) y Casos de Derecho Penal; una biografía de Sarmiento y un trabajo sobre La poesía popular argentina. Hijo de padre alemán y hombre de ideas avanzadas, influido por la filosofía individualista germánica del siglo XIX, Bunge tuvo como obsesión la educación y la cultura como solución para los problemas de América, que analiza con un espíritu crítico duro y cáustico desde ángulos frecuentemente desorbitados.

En la más destacada de sus obras, Nuestra América, Carlos Octavio Bunge se propuso dar una base étnica a los caracteres de los pueblos hispanoamericanos, y en tal aspecto se emparenta con Conflicto y armonías de las razas en América de Sarmiento, aunque sin derivar de él; sin embargo, el valor absoluto que dio a la raza en la primera edición (1903) fue atenuándose en las posteriores para abrir paso a la influencia del medio geográfico y de otros factores. El autor fue modificando sustancialmente el texto en las sucesivas ediciones, particularmente en la sexta, la definitiva, que apareció en 1918, meses después de su muerte.

Disección de la sociedad y del espíritu hispanoamericanos, Nuestra América consta de una introducción, que fija el plan general, y de cinco libros. El primero estudia la mentalidad de los españoles a través de una especie de sinopsis histórica, a la que no escapa ningún aspecto característico de la vida peninsular antigua y moderna. Destaca en ellos una cualidad dominante, la arrogancia, de la cual hace derivar todas las formas normales, decadentes y degeneradoras de esa psicología. El segundo libro examina la contribución étnica de los indios, negros y mestizos en la formación de los pueblos hispanoamericanos. Fatalismo y ferocidad en los indios, servilismo y maleabilidad en los negros, hiperestesia de la ambición de los mulatos, y, como caracteres predominantes en los mestizos, la inarmonía psicológica, la semiesterilidad degenerativa y la falta de sentido moral.

El tercer libro señala en los hispanoamericanos nacidos de ese cruce de razas tres rasgos fundamentales comunes: la pereza, la tristeza y la arrogancia. El cuarto libro es un estudio crítico de la política derivada de aquellos caracteres raciales, denominada por Bunge "política criolla", estudio que constituyó su principal propósito al concebir la obra, compuesta no con impasibilidad científica, sino con causticidad y frecuente iracundia, que comunican gran vivacidad a la exposición y el alegato. El caciquismo político es objetivado en tres ejemplos de dictadores hispanoamericanos en el quinto libro: Rosas, el estanciero de Buenos Aires, neurótico "cacique criollo"; García Moreno, el presidente inquisidor ecuatoriano, y Porfirio Díaz, el caudillo progresista mexicano.

Nuestra América gozó de mucha difusión a principios del siglo en los círculos cultos del continente. A pesar de sus generalizaciones inseguras, de su rígido esquematismo psicológico, de sus afirmaciones dogmáticas, arbitrarias algunas de ellas, fue encomiada en ocasiones, y también discutida y combatida. Si bien en algunos países las condiciones sociales y políticas variaron después, como lo reconoció para la Argentina una nota póstuma, el libro se lee todavía con interés, pues además de elocuente y colorido, está escrito con pasión de educador. El propio autor afirmó que la mayor imperfección de este "Tratado de clínica social" estribaba acaso "en omitir la relativa terapéutica". Concluía que "el único remedio es la cultura general: difundir la ilustración, mejorar la situación económica, sanear las condiciones de vida física"; en otros términos, "la cultura por el trabajo".