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Manuel J. Calle

(Cuenca, 1866 - Guayaquil, 1918) Periodista ecuatoriano. Muchos de sus artículos periodísticos los firmó con los seudónimos de "Ernesto Mora" y "Enrique de Rastignac". Un defecto en un ojo le valió el apodo de "El Tuerto Calle". Tras una niñez no exenta de privaciones y penalidades, y después de recibir la educación básica en su ciudad natal, comenzó a ejercer su profesión en los semanarios La Libertad y La Época.

En 1891 se trasladó a Guayaquil e ingresó a la redacción del Diario de Avisos, donde enseguida se lanzó a una violenta compaña contra el Progresismo. Confinado al interior de la República, se unió muy pronto a la revolución liberal guayaquileña, enrolándose en las filas del general Alfaro. En Quito fundó El Correo Nacional, La Semana Literaria, El Nuevo Régimen y La Revista de Quito. Colaboró en las mejores publicaciones de Quito y Guayaquil.

Inteligencia privilegiada, imparcial con todos, seguidor únicamente del dictamen de su conciencia, Manuel J. Calle permaneció siempre fiel a una ideología muy avanzada. Sus columnas se caracterizaban por frases fustigantes, violentas, inconformes, rebeldes contra todo convencionalismo y contra todo respeto a las apariencias. Esto le valió la admiración hasta de sus enemigos, haciendo que fuera por igual respetado y temido. Crítico cáustico, polemista feroz, biógrafo, articulista de costumbres y autor de la novela naturalista Carlota (que apareció como folletín en 1897), Manuel J. Calle fue uno de esos personajes que marcan una época, no sólo en el periodismo, sino también en sus reportajes históricos y costumbristas.

Además de los muchos artículos desparramados por variadas publicaciones periódicas, escribió Ojo por ojo, diente por diente, Un manojo de artículos, Historia de un Crimen, Cuestiones del día, Leyendas del tiempo heroico, Hombres de la revuelta, Leyendas históricas, Biografías y semblanzas, Charlas y ¡Tengo la palabra! Calle desempeñó algunos cargos públicos, como el de director general de Estadística, diputado y Ministro del Tribunal de Cuentas de Guayaquil. En 1909, al celebrarse el Centenario del Primer Grito de Independencia de América, fue galardonado con "La Pluma de Oro", que él, muy gentilmente, obsequió en 1915 a su amigo José Eliodoro Avilés.

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