Juan de Castellanos

(Alanís, España, 1522 - Tunja, Colombia, 1607) Cronista de Indias y sacerdote neogranadino de la época colonial, autor de unas extensas Elegías de varones ilustres de Indias (1589), relato pormenorizado de la historia del reino de Nueva Granada.

Emigró a la actual Colombia siendo adolescente y participó en varias expediciones conquistadoras por la Costa Atlántica y los Llanos Orientales, donde fue testigo de muchos de los sucesos narrados en sus crónicas. Peregrinó por distintos lugares de Costa Firme, permaneció cierto tiempo en las pesquerías de perlas de Cubagua y del Golfo de Parias y pasó luego a la Isla de Margarita. Cansado de su vida de aventura, recibió las órdenes sacerdotales en 1559 y obtuvo el beneficiado eclesiástico de Tunja, en 1561. En esa parroquia dedicó sus ocios al cultivo de las letras profanas.


Juan de Castellanos

De Castellanos se conocen hasta el presente tres obras, todas de carácter histórico: Elegías de varones ilustres de Indias, Historia del Nuevo Reyno de Granada y Discurso del Capitán Francisco Drake. Se le atribuyen, además, otras dos: Historia Indiana y Libro de octavas rimas de la vida, muerte y milagros de San Diego de Abalá, cuyos manuscritos han desaparecido.

Las obras de Castellanos versan sobre los principales sucesos de la conquista española en tierras de América, pero principalmente sobre los relacionados con las Antillas, Costa Firme, Nueva Granada y Gobernación de Popayán. Para escribir estas obras, que por su extensión constituyen una vasta crónica rimada que consta de más de ciento cincuenta mil endecasílabos (rimados unos y sueltos otros), se sirvió Castellanos de noticias recogidas por él personalmente, durante el decurso de su vida aventurera, y de las relaciones que le dieron sus compañeros acerca de las expediciones en que no tomó parte. Castellanos extractó, además, páginas de los escritos del fundador de Bogotá, Gonzalo Jiménez de Quesada.

La obra que ha dado mayor notoriedad a Juan de Castellanos es el poema histórico Elegías de varones ilustres de Indias. La primera parte se publicó en Madrid, en 1589, mientras que la segunda permaneció inédita hasta el siglo XIX, cuando fue publicada en Madrid (1874). El propósito inicial de Castellanos fue escribir una simple crónica en prosa de los sucesos de la Conquista, pero, a instancia de sus amigos, deseosos de que Tierra Firme alcanzase la gloria que dio a Chile La Araucana de Alonso de Ercilla, versificó la ya iniciada prosa de su obra. El título de la obra no es tan impropio como algunos han supuesto, ya que en él narra el autor los sucesos adversos y la trágica muerte de la mayor parte de los conquistadores, a cada uno de los cuales dedica un epitafio en latín y en castellano.

La obra se divide en cuatro partes; cada parte consta de diversas elegías que, a su vez, se dividen en cantos. La primera parte (única impresa en vida del autor) reseña los cuatro viajes de Colón, la conquista de Puerto Rico, Cuba y Jamaica; la conquista de las islas cercanas a Tierra Firme (Trinidad, Margarita y Cubagua); las primeras entradas al Orinoco y los desventurados sucesos protagonizados por Pedro de Orsua y el famoso tirano Lope de Aguirre.

La segunda parte refiere los hechos acaecidos en Venezuela, Cabo de la Vela y Santa Marta. La tercera parte narra los sucesos históricos que tienen como teatro a Cartagena, Antioquía y Popayán. Finalmente, la parte cuarta (compuesta en verso libre con algunas octavas reales) tiene por subtítulo el de Historia del Nuevo Reyno de Granada y abarca los sucesos de Tunja, Santa Fe, Guane y otros lugares del Nuevo Reino, prosiguiéndolos hasta 1592. En esta última parte ofrece el autor una quinta acerca de los demás pueblos fundados con posterioridad a Santa Fe, Tunja y Vélez, parte que según parece no llegó a escribir.

A pesar de sus defectos, el libro tiene un evidente valor histórico. Desde el punto de vista literario, las Elegías son una obra muy desigual. La primera parte excede a las demás en valor poético. Los versos sueltos en que abundan ya las partes tercera y cuarta son pura prosa rimada y a la larga llegan a causar pesadez. Pero, a pesar de esto, debe abonársele a Castellanos su viva fantasía pintoresca y el arte con que compone algunas de sus narraciones. La lengua, en general, es llana y castiza, no desprovista de cierta ingenuidad, si bien en ocasiones degenera en chocarrera y trivial.

Más que como poeta debe juzgarse a Castellanos como historiador; como tal es siempre imparcial y veraz, y su criterio científico es bastante exacto. Condena a los funcionarios venales, la desmoralización de los soldados, la injusta distribución de las conquistas; sus ideas respecto a la conducta de los españoles con los indios son sensatas. Abundan en la obra las noticias arqueológicas, de historia natural y sobre costumbres de los aborígenes, todas ellas de gran interés. En este sentido, la obra del Homero Americano, como lo define Menéndez Pidal, sería un reflejo fiel de su contexto histórico.