Eusebio de Cesarea

(Palestina, c. 265 - id., 339) Escritor y prelado cristiano griego. Favorito del emperador Constantino, fue elegido obispo de Cesarea en 313 e intervino en las luchas entre ortodoxos y arrianos. Llevado por su espíritu conciliador, se enfrentó varias veces con Atanasio. Fundó la historiografía eclesiástica, fijó las bases de la cronología hasta 323 en su Crónica y escribió una historia del cristianismo hasta esa fecha. Es autor también de dos obras apologéticas: Preparación evangélica y Demostración evangélica.


San Eusebio de Cesarea

Llamado el padre de la historia eclesiástica, Eusebio nació entre los años 260 y 265 en Palestina, probablemente en Cesarea, donde estudió (en la escuela fundada y en la biblioteca dejada por Orígenes) junto al sacerdote Pánfilo, cuyo nombre añadió Eusebio al propio (Eusebius Pamphyli: posesivo, no patronímico); con él fue encarcelado en el curso de la persecución del 303. Después del martirio de su amigo, pudo huir a Tiro y a Egipto, donde conoció el cautiverio. Vuelto a la patria, llegó al sacerdocio y, hacia el 313, al episcopado.

Eusebio de Cesarea se hizo famoso por su doctrina, y en calidad de metropolitano de Palestina pronunció la gran homilía de la inauguración de la nueva basílica de Tiro (en el 1. X de su Historia eclesiástica). Compuso, junto con Pánfilo, una apología de Orígenes y fue partidario de Arrio. En el Concilio de Nicea (325), sin embargo, hubo de admitir la fórmula de fe ortodoxa patrocinada por Constantino. Con todo, contribuyó a hacerle cambiar de actitud, y combatió a Eustacio de Antioquía, a Marcelo de Ancira y a Atanasio de Alejandría, condenado en el Concilio de Tiro (335), en el que Eusebio participó. El mismo año asistió a la inauguración de la nueva basílica constantiniana de Jerusalén y pronunció en Constantinopla el solemne panegírico del trigésimo aniversario de la exaltación de Constantino al poder. Murió entre 337 y 341, probablemente en 339.

Adversario de la ortodoxia (el segundo Concilio de Nicea le excluyó del número de los testimonios de la fe) y considerado casi como el prototipo del obispo cortesano, Eusebio de Cesarea fue, no obstante, célebre y apreciado e imitado por su obra histórica y su extensa y multiforme actividad literaria. Entre los textos exegéticos de San Eusebio cabe citar los Cánones evangélicos, diez tablas indicadoras de los pasajes paralelos que figuran respectivamente en todos los cuatro, en tres, en dos o en uno solo de los Evangelios y, además, el Onomástico, sobre la toponimia de la Sagrada Escritura (un verdadero diccionario, parte de una obra más extensa de geografía bíblica), traducido al latín y refundido por San Jerónimo.

En cuanto a los numerosos comentarios a libros concretos, poseemos amplios fragmentos del de los Salmos y conservamos casi entero el referente a Isaías. En estado fragmentario, y en una refundición posterior, ha llegado hasta nosotros el texto Problemas evangélicos y sus soluciones; de la obra Sobre la fiesta de Pascua nos queda un largo fragmento.

San Eusebio fue también (y casi puede decirse que sobre todo) un autor apologético: así lo demuestran obras como Contra Hierocles. En Confutación y defensa, texto actualmente perdido, se opuso al filósofo Porfirio. La Preparación evangélica y la Demostración evangélica constituyen, en realidad, una sola obra y son probablemente una refundición de otros tantos escritos que cita Focio con los títulos de Preparación eclesiástica y Demostración eclesiástica, casi con toda seguridad las dos partes de una Introducción general elemental cuyos libros VI-IX poseemos reunidos bajo el nombre Pasajes escogidos de los profetas acerca de Cristo.

Nada sencillo resulta el problema de las relaciones entre estas obras (y otras posteriores) y la titulada Teofanía, que trata de la manifestación de Dios en la carne y que ha llegado hasta nosotros en fragmentos griegos y en una versión siríaca. Eusebio de Cesarea reprocha a los hebreos su negativa a aceptar las profecías y a reconocer en el cristianismo la verdadera religión revelada, y advierte a los paganos que las creencias cristianas no se hallan fundadas únicamente en la fe ciega, sino también en la razón, capaz de reconocer plenamente unas verdades que ya los mismos filósofos posteriores a Moisés vislumbraron: con ello la sabiduría griega experimenta, al mismo tiempo, una depreciación y una revalidación. Como religión verdadera, afirma Eusebio, el cristianismo ha logrado superar las persecuciones, después de un triunfo que coincide con la unificación del imperio bajo un solo soberano, y ver terminadas las guerras y divisiones entre los pueblos vinculados al monoteísmo.

Junto con el tema de la tradición de las enseñanzas apostólicas fielmente conservadas (frente a las herejías) en las diversas Iglesias (particularmente en las fundadas por los Apóstoles) a través de la sucesión regular de sus obispos y la obra de los escritores ortodoxos, los citados temas apologéticos representan los motivos fundamentales de la Historia eclesiástica, la mayor producción de San Eusebio. En ella el autor cita un Repertorio de mártires también por él compuesto y actualmente perdido; es probable que en su última redacción suprimiera lo que pasó a integrarse en otro texto, Los mártires de Palestina.

La Historia eclesiástica se vio interrumpida a partir del 324 y no llegó al vigésimo aniversario del advenimiento de Constantino; posiblemente, Eusebio quiso de tal suerte evitar cualquier referencia al Concilio de Nicea. En cambio, prosiguió probablemente hasta esta fecha su última obra histórica, en la que, sin embargo, podía muy bien dejar a un lado los acontecimientos de la historia interna de la Iglesia: la Crónica, compuesta seguramente en 303 y ampliada luego en una segunda edición. Características de la Crónica son la aversión al milenarismo (típica también de la Historia eclesiástica) y la presentación de los cristianos como un pueblo propiamente dicho, al igual, por ejemplo, que los caldeos, asirlos, hebreos, egipcios, griegos y romanos; este último criterio justifica también su composición de una historia eclesiástica.

Objeto de vivas discusiones, relativas ya a su carácter o bien a la autenticidad de los documentos contenidos en la obra (que actualmente se tiende, en general, a revalidar), es la Vida de Constantino, texto hasta cierto punto completado por los dos opúsculos que integran el Elogio de Constantino, seguramente el panegírico del trigésimo aniversario, y un discurso del mismo Constantino a una asamblea de obispos denominado Oratio ad Sanctorum coetus.

Eusebio de Cesarea es ciertamente un escritor que, además de volver continuamente sobre sus propias obras y repetirse, gusta de justificar sus afirmaciones mediante amplias citas de sus fuentes. A tal costumbre debemos no sólo la valiosa documentación contenida en la Historia eclesiástica y los pasajes de autores antiguos reproducidos en los textos apologéticos, sino también la conservación de fragmentos de Marcelo de Ancira en el escrito polémico dirigido contra él (Contra Marcellum). En éste y en De ecclesiastica Theologia tenemos otra prueba de las tendencias arrianas de San Eusebio. Como escritor resulta más bien prolijo y complicado, probablemente a causa de una posible preocupación por escribir "bellamente". Son escasos los fragmentos de sus cartas llegados hasta nosotros.