Carly Fiorina

(Austin, 1954) Empresaria estadounidense. Cara Carleton Sneed nació el 6 de septiembre de 1954 en Austin, Texas, hija de Joseph y Madelon Sneed, descendientes de una familia tradicional que tenía por costumbre bautizar a sus hijos con los nombres de Carleton o Cara Carleton, en honor de un antepasado muerto durante la guerra civil norteamericana.

Joseph Sneed, juez federal y profesor de derecho, y Madelon, pintora, tuvieron que cambiar de residencia bastantes veces por motivos laborales durante la infancia y la adolescencia de la pequeña Carly, quien en consecuencia asistió a diferentes escuelas en lugares tan diversos como Ghana o Gran Bretaña. Muy apegada a su madre, que falleció cuando ella era pequeña, recibió una educación basada en el duro trabajo, el respeto a las costumbres de los demás y la confianza en las propias posibilidades en un entorno desconocido.

Afincados los Sneed en California, Cara Carleton estudió historia medieval y filosofía en la Universidad de Stanford, pero una vez licenciada quiso seguir los pasos de su padre y empezó derecho en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). El resultado fue peor de lo esperado: tras un semestre, descubrió que detestaba estudiar leyes y renunció.


Carly Fiorina

En múltiples ocasiones ha calificado esta decisión como una de las más difíciles de su vida, dado el interés de su padre porque siguiera la carrera de abogado. Sin embargo, también fue uno de sus momentos de mayor libertad. Carly viajó a Italia, donde vivió del sueldo de profesora de inglés, trabajó como recepcionista y tuvo una serie de trabajos temporales sin demasiado futuro, pero aprendió cosas que no se suelen enseñar en las aulas universitarias.

A su regreso a Estados Unidos, y tras un breve matrimonio que acabó en divorcio, Cara Carleton comprendió que debía empezar a establecerse y, atraída por el mundo de las finanzas, decidió volver a estudiar. En 1979 hizo un máster en negocios y administración de empresas (MBA) en la Universidad de Maryland, y un año más tarde otro de ciencias en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Durante uno de esos veranos, trabajó como secretaria en Hewlett-Packard con la intención de costearse los estudios, sin llegar jamás a sospechar que un día volvería para dirigir la empresa.

De AT&T a Hewlett-Packard

A los veinticinco años, Carly encontró un trabajo en el departamento de contabilidad de la prestigiosa firma AT&T, y de ésta pasó a la filial Lucent Technologies, donde llegó a ocupar el cargo de directora ejecutiva como responsable de finanzas. Tras entrar con muchas dudas sobre la viabilidad de la empresa y su papel en la misma, tardó poco en lograr unos fantásticos resultados mediante la venta de servicios telefónicos a empresas estatales. En AT&T aprendió todo lo que debía saber sobre las telecomunicaciones, creció como persona y conoció a su futuro marido, Frank Fiorina, quien entonces ocupaba la vicepresidencia de la empresa.

Su excelente labor en la filial de AT&T durante casi veinte años, como responsable de la división de servicios globales, la llevó a las filas de Hewlett-Packard en 1999. Fue nombrada presidenta, directora ejecutiva y gerente general de la empresa, en sustitución de Lewis E. Platt, y se ha mantenido como una de las figuras ancla de la compañía, que vio en la fusión con Compaq una forma de competir con más eficacia en sus diferentes segmentos de mercado. Junto a ella, el otro mentor de esta propuesta fue Michael Capellas, presidente y director ejecutivo de Compaq.

La llegada de Fiorina a la industria de las telecomunicaciones tuvo una fuerte repercusión en el sector, y su desembarco en Hewlett-Packard sorprendió al medio tecnológico debido al hecho de ser la única mujer con ese cargo en una empresa informática. La profesional se integró en la compañía con el objetivo de crear un lazo que la entidad tenía muy descuidado: su sincronía con los avances de Internet y las telecomunicaciones. Desde que la ejecutiva ocupó el cargo en la compañía ésta pasó de ser un fabricante de hardware a convertirse en una empresa capaz de dirigir su estrategia de mercado también hacia el software y los servicios de Internet.

La compra de Compaq Computers

Espoleada por la crisis del sector y con la intención de competir con IBM, en septiembre de 2001, la presidenta de Hewlett-Packard anunció la compra de Compaq Computers, pero no contó con la oposición de Walter Hewlett, el hijo del cofundador de la empresa californiana, quien argumentó que Fiorina estaba dispuesta a destrozar el legado de su padre, la empresa de ordenadores e impresoras fundada en Silicon Valley en 1938.

Se inició entonces entre ambos una dura campaña por el control de la empresa, viajaron por todo el país en busca del apoyo de los accionistas y gastaron millones de dólares en publicidad en diarios nacionales de gran tirada.

El pulso entre ambos acabó en los tribunales, con Hewlett denunciando la fusión, lo que le acarreó como represalia por parte de la directiva la imposibilidad de presentarse a la reelección para el consejo de administración. La fusión de Hewlett-Packard y Compaq concluyó en un juzgado de Delaware con la victoria de Carly Fiorina sobre Walter Hewlett, pero la actitud de Fiorina contra los herederos le hizo merecedora de muchas antipatías en Silicon Valley, especialmente entre la comunidad de la Universidad de Stanford, corazón de la creatividad tecnológica en esa región. Con esta operación, Fiorina se convirtió en la directora de la segunda empresa informática del mundo, con más de 150.000 empleados en 160 países y un volumen de facturación anual de 80.000 millones de dólares.

Pese a las favorables perspectivas, el panorama al que se enfrentaba no es envidiable, la disputa sobre la fusión había debilitado la operación, valorada en 18.000 millones de dólares, a lo que había que añadir una caída de la moral de los trabajadores, afectados por las filtraciones sobre los bonos millonarios que supuestamente la directora pensaba embolsarse una vez concluida la operación y por la intención de la empresa de suprimir 15.000 puestos de trabajo.

El nuevo grupo Hewlett-Packard tenía previsto suprimir dichos empleos en todo el mundo para hacer frente al incremento de los gastos y a las elevadas pérdidas económicas provocadas por la crisis global del sector tecnológico en los últimos años. No obstante, los despidos iban a depender de las legislaciones de los países donde estaba implantada la compañía, y la reducción de plantilla sería independiente del aumento de empleados que realizase la empresa en otras divisiones, como la de impresoras y la de servicios.