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Charles Eugène de Foucauld

(Estrasburgo, 1858-Tamanrasset, 1916) Explorador y religioso francés. Ostentaba el título de vizconde de Foucauld, y a partir de su conversión se le conoció como el padre Foucauld (y como Carlos de Foucauld en el ámbito hispano). Fue militar (1878) y combatió la insurrección de Argelia de Bu Amama (1881). Tras una vida brillante en el ejército, emprendió un viaje de exploración a Marruecos entre 1883 y 1884, donde llevó a cabo una importante labor científica; fruto de este periplo fue Viaje a Marruecos (1888), obra por la que se le concedió la Medalla de Oro de la Société de Géographie.


Charles de Foucauld

En París, bajo la influencia del abad Huvelin, se convirtió al cristianismo (1886) e ingresó en la Trapa de Notre-Dame des Neiges (1890), lugar que abandonó, después de ser ordenado sacerdote en 1901, para llevar una vida más humilde, dedicada al apostolado del ejemplo entre los tuaregs del Sur de Argelia, en Beni-Abbés. En 1905 se instaló en Tamanrasset, donde llevó una vida contemplativa, entre la plegaria y el estudio, respetado y venerado por los tuaregs.

Charles de Foucauld fue asesinado durante la I Guerra Mundial por los saqueadores sanusíes en Tamanrasset, ciudad en que se levanta un monumento en memoria de este acontecimiento. Intentó, sin éxito, fundar una comunidad religiosa, aunque en su espíritu y en sus reglas se inspiran tres congregaciones: Hermanitos de Jesús, Hermanitas de Jesús y Hermanitas del Sagrado Corazón del Padre Foucauld. En 1927 se inició el proceso de su beatificación, que tuvo lugar en 2005.

Foucauld realizó una importante tarea lingüística: trabajó en una gramática del tuareg y confeccionó un Dictionaire touareg-français. De sus obras espirituales deben citarse Al hilo de los días: nueva antología de escritos espirituales y Viajero en la noche: notas de espiritualidad, aunque la más conocida de ellas es la titulada Escritos espirituales, una colección de meditaciones, cartas y notas de interés espiritual publicada en París en 1947 bajo el cuidado de René Bazin, primer biógrafo del Eremita del Sahara.

Desde el primer período de su conversión, cuando el ex oficial Foucauld, ansioso de pobreza y de humillaciones, se escondía en la vida humilde de un hombre de trabajo en el monasterio, hasta la última etapa de su vida en Tamanrasset, cuando descubrió su vocación de hermano universal, el padre Foucauld conservó la costumbre de escribir sus meditaciones y los propósitos y consejos para futuras comunidades que había soñado formar en su derredor. Estas notas no están escritas para otros, ni mucho menos con miras a su publicación. Son únicamente una ayuda metódica para fijar el propio pensamiento y para seguir una meditación que, con frecuencia, resulta árida y fatigosa; método que, entre otros, había aconsejado San Agustín.

Precisamente por este carácter personal, los Escritos espirituales descubren a fondo la fisonomía espiritual del autor. Charles de Foucauld había llegado a la fe de repente, sin aquel lento itinerario filosófico que deben recorrer normalmente las personas de cultura. Procedía del agnosticismo, y pasó de un desconocimiento casi absoluto del cristianismo a una plenitud de adhesión tal que, como diría muchas veces, su vocación a la vida religiosa coincide con su conversión: "El día en que me di cuenta de que Dios existe, comprendí que no me quedaba otra cosa que entregarme todo a Él".

En sus escritos no hay nada de libresco, ni ninguna elaboración teológica, sino sólo un contacto directo e inmediato con el Evangelio. Imitar a Cristo en sus humillaciones y en su pobreza primero y, en un segundo tiempo, hacerse completamente uno de los suyos, es el insistente mensaje de sus anotaciones, y constituye su unidad ideal aun en la desorganización formal que presentan en la primera colección de Bazin. Su temple heroico lo empuja a desear constantemente el martirio, como la prueba de un amor efectivo que se paga con la vida propia. Entre sus notas hay un pensamiento que parece una descripción profética de su muerte: "Piensa que tú debes morir mártir, despojado de todo, echado en tierra, desnudo, irreconocible, cubierto de sangre y de heridas, matado violentamente, con sufrimiento... y desea que sea hoy".

A los que se proponen seguirle en este camino difícil de soledad, les esboza este programa, que recuerda el expuesto por Jesús a uno que quiso seguirlo: "Tres cosas pido a los que quieran seguirme: estar dispuestos a dar la vida sin oponer resistencia; estar dispuestos a morir de hambre; obedecerme a pesar de mi indignidad". Las páginas, a menudo monótonas como la existencia cotidiana del Solitario, se iluminan de repente con destellos de heroísmo; por su carácter heroico y por haber descubierto la terrible belleza del Evangelio, se considera al padre Foucauld un destacado maestro y una de las guías más sólidas del camino espiritual.

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