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Muammar el-Gaddafi

Militar y político libio (Sirte, 1942 - 2011). Nacido en una modesta familia nómada, recibió una educación tardía que le llevó a graduarse en la Academia Militar de Benghasi; completó su formación con estudios de historia y una breve estancia en Inglaterra.


Muammar el-Gaddafi

Con poco más de veinte años participó en la fundación de un grupo político clandestino de oficiales jóvenes (los Oficiales Unionistas Libres, 1964), con el cual organizó un golpe de Estado que derrocó al rey Idris I (1969). Se erigió en jefe del Estado Mayor y presidente del Consejo de la Revolución que controlaba el poder; al año siguiente acumuló los cargos de primer ministro y ministro de Defensa (1970-72), que dejó luego en manos de personas de confianza.

Tras la aprobación de una nueva Constitución en 1977 fue nombrado presidente del Congreso General del Pueblo, máximo órgano colegiado de la recién creada República Árabe Socialista Popular; en 1979 abandonó nominalmente todos sus cargos y se tituló simplemente «líder maestro», manteniendo el poder de hecho de un régimen basado en su autoridad personal. Entre sus medidas políticas más destacadas cabe mencionar la reforma agraria y la nacionalización del petróleo.

En 1973 sintetizó sus aspiraciones políticas en el llamado Libro verde: en él se mezclan el socialismo, el islamismo y el nacionalismo árabe, vinculándolos a un proyecto visionario de expansión por África y Asia. Efectivamente, Gaddafi impulsó proyectos de unión política de Libia con Egipto (1970, 1972), Siria (1971, 1980), Túnez (1974), Chad (1981) y Marruecos (1984), todos ellos fracasados; pactó con los dirigentes de Marruecos, Mauritania, Argelia, y Túnez la Unión del Magreb Árabe (1989); apoyó la causa palestina contra Israel; y acrecentó su carisma de luchador antiimperialista interviniendo en las guerras del Chad contra la presencia francesa (1977-88); su prestigio entre los líderes radicales del Tercer Mundo le llevó a presidir la Organización para la Unidad Africana (1982-83).

En su lucha contra el imperialismo, alineó su política exterior con la Unión Soviética; en cambio sus relaciones con los países occidentales fueron durante mucho tiempo especialmente malas, llegando los norteamericanos a bombardear Libia en 1986, acusando a Gaddafi y a su régimen de fomentar el terrorismo internacional. Consiguió, sin embargo, mantenerse en el poder (a pesar de dos intentos de golpe de Estado en 1992 y 1993) mediante una combinación de medidas represivas y concesiones a sus rivales.

Desde que en 1992 la ONU impusiera fuertes sanciones al país, Gaddafi dio un giro a sus relaciones con Occidente: condenó el terrorismo y se comprometió a indemnizar a las víctimas de alguno de los atentados en los que reconoció la participación de Libia y a permitir las inspecciones sobre armamento en su territorio. Fruto de esta nueva actitud, en 2003 fueron levantadas las sanciones que pesaban sobre el país y se restablecieron las relaciones con la Unión Europea (UE); en 2006, el gobierno libio recuperó el diálogo con Estados Unidos.

En el contexto de la ola de cambios iniciada en el mundo árabe a comienzos de 2011, y ante los reclamos de la población libia, que exigía la democratización del régimen y mejores condiciones de vida, Gaddafi respondió con las armas a las protestas, provocando una guerra civil entre las fuerzas leales a su gobierno y quienes pedían su dimisión.

Esta situación derivó en una nueva ruptura de las relaciones entre la UE y su gobierno, y en el reconocimiento por parte de la Unión Europea del rebelde Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT) como único interlocutor político en el país. Posteriormente, el 17 de marzo de 2011, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizó una acción bélica contra las tropas de Gaddafi, aunque limitada a objetivos militares y sin afectar a la integridad física del mandatario. El apoyo militar internacional a los insurgentes, sin embargo, apenas alteró el curso de la guerra, que meses después permanecía estancada.

En agosto de 2011, cuando ya parecía que iba a enquistarse el conflicto, una ofensiva de las tropas rebeldes dio rápidos frutos en todos los frentes; el 23 de agosto la capital del país, Trípoli, cayó en manos de los insurgentes. Gaddafi convirtió Sirte, su ciudad natal, en el último bastión del régimen, resistiendo el asedio durante casi dos meses. El 20 de octubre intentó escapar de Sirte en un convoy fuertemente armado, pero la columna fue detectada y atacada por aviones de la OTAN en las afueras de la ciudad. Gravemente herido en el ataque, el dictador libio tuvo aún fuerzas para esconderse, pero fue capturado poco después por las soldados rebeldes y ejecutado.

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