Servio Sulpicio Galba

(Roma?, c. 190 a.J.C. - c. 135 a.J.C.) General y político romano que participó en las campañas llevadas a cabo en contra de los lusitanos entre los años 151 y 149 a. C. Apenas se dispone de datos biográficos sobre los primeros años de la vida de Galba, aunque lo más probable es que recibiera una educación esmerada, debido a su pertenencia a una noble familia patricia. Inició su instrucción militar tras alcanzar la edad viril, y durante los primeros años ocupó los puestos más bajos del escalafón aunque, como otros jóvenes patricios, recibió un trato privilegiado con respecto al resto de ciudadanos y ascendió rápidamente. Su nombre aparece por primera vez como tribuno militar del ejército de Paulo Emilio, que debió protegerle y aconsejarle en los primeros momentos de su carrera, de los que apenas tenemos testimonio.

A la edad de 38 años, en el año 151 a. C., Galba recibió de manos del Senado el título de pretor. Con la concesión de dicho nombramiento se le entregaba el mando de las legiones instaladas en la provincia Ulterior de Hispania. Galba recibió instrucciones precisas para que se reanudaran las hostilidades en contra de los lusitanos, que se habían rebelado contra la autoridad romana años antes. Todo ello pese a que su antecesor en el cargo, M. Atilio Serrano, había firmado la paz con los insurrectos después de haber efectuado importantes conquistas, como la de Oxthraca (Crato).

Una vez en Hispania, Galba se dirigió a los territorios sobre los que tenía jurisdicción y poco tiempo después inició las campañas contra los lusitanos. Durante sus primeras intervenciones en la Península el general cosechó notables éxitos que aumentaron su prestigio en Roma. Pero poco tiempo después sufrió una grave derrota en la que sucumbieron aproximadamente siete mil de sus hombres, lo cual le obligó a buscar refugio en la actual ciudad de Carmona.

Decidido a recuperar el control de la situación, Galba inició en dicha ciudad la reorganización de su ejército y preparó a sus hombres para atacar nuevamente a los lusitanos. Contó con el apoyo de su colega el pretor de la Citerior, Lucio Licinio Lúculo, quien, tras conocer la situación en la que se encontraba Galba, corrió a prestarle su ayuda. Ambos penetraron nuevamente en territorio lusitano y devastaron todas las regiones que encontraron a su paso, aunque, tras sufrir una nueva derrota, se vieron obligados a negociar.

Galba, que no tenía intención de firmar la paz, era consciente de la situación de extremada pobreza en que vivían la mayoría de los lusitanos, así decidió utilizar su debilidad en provecho propio. En las negociaciones de paz, según el historiador Apiano, Galba se comprometió a entregar tierras fértiles a los lusitanos, quienes, atraídos por tales promesas, decidieron aceptar sus propuestas y abandonaron sus hogares para tomar posesión de las nuevas tierras que el pretor les iba a entregar.

Tras la llegada al punto de encuentro, como prueba de su buena voluntad, lo lusitanos entregaron sus armas, tras lo cual fueron divididos en tres grupos y conducidos a un llano de las proximidades. Llegados a este punto muy pocos sospecharon de las verdaderas intenciones de Galba, quien rápidamente dio orden a sus soldados de liquidar a todos los que allí se encontraban, salvo a un pequeño número al que decidió perdonar la vida con el fin de venderlos como esclavos.

La masacre fue total y fueron muy pocos los que sobrevivieron; según la tradición el propio Viriato, que debía de ser un niño en aquella época, se encontraba entre los supervivientes. Los historiadores romanos se hicieron eco de la extremada crueldad del pretor, aunque discrepan en las cifras totales de muertos: 8.000 según Valerio Máximo y 30.000 según Suetonio. Tras finalizar su mandato en la Hispania Ulterior, Galba regresó a Roma, donde el Senado cuestionó su actuación en tierras lusitanas por considerarla deshonrosa. En el año 149 a. C. se abrió causa judicial contra él.

Valerio Máximo, en su obra Hechos y dichos memorables, se hace eco del proceso y afirma que "Galba había sido vivamente atacado desde lo alto de la tribuna (del Senado) por las arengas de Libón, tribuno de la plebe, porque en su calidad de pretor en España y a pesar de haber empeñado su palabra, había matado a gran número de lusitanos; y Marco Porcio Catón, de edad muy avanzada, había escrito, para apoyar la acción del tribuno, un discurso que luego incluyó en sus Orígenes. El acusado, asumiendo toda la responsabilidad, comenzó, entre lágrimas, a encomendar al pueblo a sus hijos de pequeña edad y al hijo de Galo, su pariente próximo. Esta súplica aplacó a la asamblea; y el que debía ser condenado por una sentencia unánime no tuvo apenas ningún voto en su contra. Así pues aquel juicio fue presidido, no por la equidad, sino por la compasión, puesto que Galba, que no podía esperar la absolución por su inocencia, la obtuvo por la piedad que inspiraron sus hijos".

Hay que señalar que la teoría que mantiene Valerio Máximo no fue la más aceptada entre los historiadores contemporáneos; muchos de ellos afirmaron que gracias al enorme botín que Galba había obtenido en tierras lusitanas pudo ganarse el favor de sus jueces, pagándoles una importante suma de dinero.

A pesar del escándalo, la carrera de Galba continuó con normalidad tras su absolución. En el año 144 a. C., cuando contaba con 45 años, fue elegido cónsul junto con Aurelio Cota, y una vez más intentó regresar a Hispania para hacerse cargo de la guerra que se llevaba a cabo en contra de los lusitanos. Pero parece que la intervención de Escipión Emiliano, que ocupaba el puesto de censor, fue crucial para que éste permaneciera en Roma durante todo su mandato.

Galba permaneció en el Senado hasta la fecha de su muerte y destacó, como afirma el propio Cicerón, por sus cualidades como orador. Se desconoce el lugar exacto donde se produjo su fallecimiento, aunque lo más probable es que muriera en Roma en el año 135 a. C., cuando contaba con 54 años de edad.