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Johann Gottfried Herder

(Mohrungen, hoy Morag, actual Polonia, 1744-Weimar, actual Alemania, 1803) Filósofo y escritor alemán. Nacido en el seno de una familia humilde, en 1762 inició estudios de filosofía, teología y literatura en Königsberg, donde siguió los cursos impartidos por Immanuel Kant, de quien fue discípulo, y trabó amistad con J. G. Hamann, destacado crítico de la Ilustración. Ordenado pastor protestante en 1764, se trasladó a Riga para enseñar en la escuela catedralicia. Allí escribió, inspirado por Lessing y por Hamann, los Fragmentos sobre una nueva literatura alemana (1767), donde rechazaba la imitación de los clásicos y defendía una poesía nutrida de vigor popular.

En 1769 realizó un viaje a Francia, donde entró en contacto con Diderot, D'Alembert y los enciclopedistas, estudió las obras de Rousseau y publicó, desarrollando los principios expuestos en los Fragmentos, sus Silvas críticas (1769). Esta obra se considera un antecedente directo del Sturm und Drang, movimiento literario que anticipaba el romanticismo al reclamar una concepción nacional para el arte y reivindicar la exaltación del individualismo y los sentimientos como fuente de inspiración.

En 1770 se trasladó a Hamburgo, donde conoció a Lessing, y después a Darmstadt, donde encontró a Caroline Flachsland, con quien se casaría tres años después. En 1771 viajó a Estrasburgo, en donde permaneció unos meses recuperándose de una dolencia que le afectaba a los ojos. En esta ciudad conoció al joven Goethe, en quien ejercería una notable influencia y, a través de él, en toda la literatura alemana. En 1771 se trasladó a Bückeburg en calidad de consejero consistorial; de esta época data su Ensayo sobre el origen del lenguaje (1772), donde subraya su carácter natural y evolutivo, y su papel preponderante en cualquier proceso cognoscitivo.

Entre 1778 y 1779 escribió Las voces de los pueblos en cantos, donde agrupaba los grandes poemas antiguos de la Biblia, Homero u Ossian junto con poemas originales de él mismo, de Goethe y de Matthias Claudius. Esta colección de cantos populares, que contenía poemas que no se ajustaban estrictamente al dogma del arte popular, indica una influencia clásica sobre Herder, quien, gracias a la intervención de Goethe, en 1776 había sido nombrado superintendente, predicador de la corte y miembro del consistorio de Weimar, centro del clasicismo alemán y ciudad en la que, salvo una estancia en Italia entre 1778 y 1779, permanecería hasta su muerte.

Además de su doctrina del lenguaje, Herder elaboró una vasta filosofía de la historia en Otra filosofía de la historia de la humanidad (1774). En ella invertía hasta cierto punto los lugares comunes de la historia según la Ilustración: el Renacimiento no habría sido una renovada «iluminación» de la humanidad, tras los siglos de «oscuridad» de la Edad Media, sino que reivindica el sentido fundador y la prioridad moral de ésta frente al racionalismo «vacío» ilustrado. Perfecta exposición de la nueva filosofía de la historia romántica, el texto revela una clara nostalgia respecto a unos tiempos «patriarcales», anteriores al mundo griego, en los que el hombre se hallaría en una relación privilegiada con la divinidad, no contaminada por la reflexión.

En Ideas sobre la filosofía de la historia de la humanidad (1784-1791), que dejó inacabada, intentó revelar la estrecha relación entre la naturaleza y la evolución cultural de la raza humana. Herder constituye uno de los pilares del movimiento romántico, que le debe algunos de sus conceptos fundamentales, como el de Volksgeist (carácter nacional), motor y sentido profundo de la historia y de las expresiones artísticas y culturales de los pueblos.

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