Herón de Alejandría

Físico y matemático griego que vivió en Alejandría en una época no exactamente determinada de los siglos I y II d. de C. Como matemático, aportó modestas contribuciones a la ciencia pura; sin embargo, como cultivador de las ciencias aplicadas fue, en la época tolemaica, el científico más ilustre después de Claudio Tolomeo.

Ha sido difícil determinar cuáles de los numerosos textos llegados hasta nosotros bajo su nombre pertenecen, en realidad, al Herón alejandrino de quien nos habla Pappo; los que hoy se consideran suyos están reunidos en una edición crítica de cinco tomos, en griego o en la versión árabe, y con la traducción alemana (Leipzig, 1899-1914). La mayor parte de sus obras están dedicadas a la física aplicada y a la geometría práctica.

La Mecánica, en tres libros, estudia las máquinas simples y la composición de los movimientos. El texto original en griego se perdió, y quedó de él sólo una traducción árabe, descubierta por Carra de Vaux, quien la publicó en 1893 con el título de La Mecanique ou l'Elevateur de Héron d'Alexandrie. Herón parte de los principios de la mecánica aristotélica y de la ciencia de Arquímedes. Desarrolla la teoría de las cinco máquinas simples: palanca, tornillo, cuña, polea y plano inclinado, deduciéndola del estudio del movimiento de un cuerpo pesado sobre un plano inclinado, y la acompaña de numerosos problemas prácticos. Es notable en el tercero de los tres libros la definición de la hélice cilíndrica y de sus propiedades, que Herón verosímilmente saca de una obra perdida de Apolonio Pergeo, mientras que la teoría de los centros de gravedad, según confesión del propio Herón, está tomada de Arquímedes.

Parte de lo que se contiene en los dos libros de la Pneumática es sustancialmente obra de estudiosos anteriores y especialmente de Ctesibio, Filón y Arquímedes. La obra comienza con una disertación teórica sobre el "vacío", en la que se repite la errónea hipótesis por medio de la cual los antiguos explicaban todos aquellos fenómenos (acción de las bombas, de las jeringas) que sólo mucho más tarde habían de encontrar una exacta interpretación gracias al descubrimiento de la presión atmosférica por obra de Torricelli.

Sigue después la descripción de numerosísimos aparatos en gran parte movidos por la acción del aire, del agua o del fuego. Algunos de estos aparatos estaban destinados a suscitar en el vulgo ignorante un sentimiento de reverente estupor durante las funciones del culto: así el dispositivo (por medio de la dilatación del aire) que abría las puertas del templo cuando se encendía el fuego del altar. Entre esta clase de aparatos se encuentran también la célebre "fuente de Herón" y la "eolípila" en la que está contenido el germen de la primera máquina o, mejor dicho, de la primera "turbina" de vapor. Se describen asimismo otros muchos mecanismos, como el odómetro, el distribuidor automático, el molinillo de vapor o máquinas que funcionan con monedas.

El libro Sobre los autómatas describe la maquinaria de los teatros y es un interesante documento acerca de la escenografía y la tramoya griegas. La Dióptrica habla de un aparato empleado entonces por los topógrafos y astrónomos, análogo al moderno teodolito.

La Métrica, por último, es una obra en tres libros donde aparecen tratadas cuestiones de geodesia y de geometría práctica. Se enumeran las diferentes maneras de hallar las áreas de triángulos, cuadriláteros, polígonos regulares de tres a doce lados, círculos y elipses, así como el volumen de cilindros, conos y esferas, con procedimientos rigurosos y cálculos aproximados; se trata también la división de las figuras planas y sólidas en partes relacionadas entre sí y con la figura entera.

En el primer libro de la Métrica hallamos la conocida fórmula que permite calcular el área de un triángulo a partir de la longitud de los lados, y un método aproximado para hallar la raíz cuadrada de un número, usado hoy día por los modernos ordenadores. Según Proclo (tal noticia fue confirmada luego por el árabe Anaricio), pertenece a Herón un comentario de orden práctico a los Elementos de Euclides, que enriquece el vocabulario geométrico y contiene diversas observaciones, entre ellas una concerniente a la demostración euclidiana del teorema de Pitágoras.