Cristina Iglesias

(Cristina Iglesias Fernández Berridi; San Sebastián, 1956) Escultora y grabadora, premio Nacional de artes plásticas y una de las artistas españolas más internacionales de las últimas décadas.


Cristina Iglesias

Perteneciente a una generación de artistas que desde la década de 1980 ha transformado el concepto de escultura en el ámbito de las instalaciones, sus obras reflejan un vocabulario estético basado en el uso de diferentes materiales (hormigón, alabastro, resina, hierro, cristal, a veces combinados con motivos vegetales como el bambú y la hojarasca) y diferentes técnicas (bajorrelieve, tapiz o serigrafía en gran formato, sobre seda y cobre), y delatan el interés de la artista por el espacio, la arquitectura, la literatura y la geología. El contraste de texturas y materiales, así como la relación que éstos establecen con el espacio, son dos de las constantes en su trayectoria.

Cristina Iglesias nació en el seno de una familia con grandes inquietudes culturales. Con los años, los cinco hermanos serían creadores: Cristina (escultora), Alberto (compositor), Eduardo (escritor), Lourdes (escritora y guionista) y Pepelu (cineasta). Leía mucho y le gustaba ir al cine y, aunque empezó a cursar la carrera de ciencias químicas, pronto su deseo de “buscarme un lugar alrededor del arte desde el que poder hablar” la llevó a abandonar la facultad y a trasladarse a Barcelona para estudiar dibujo y cerámica (1977-1979). Empezó trabajando con barro, porque “me interesaba ese material modelable al que podía añadir color”, pero en 1980 la necesidad de encontrar nuevos lenguajes la llevó a Londres para matricularse en la Chelsea School of Art.

Sus influencias y motivaciones surgen más del arte y la cultura británicas que de las españolas. “Descubrí conceptos de escultura mucho más abiertos, menos clásicos de los que yo conocía -son los años de la denominada «nueva escultura británica»-. Entonces comenzaban a tener presencia Tony Cragg, Anish Kapoor, y también Reinhardt Mucha y otros artistas en Alemania. Fui conociendo a muchos de ellos, pero aun así me mantuve al margen. Siempre he sido una persona lateral.” Fue precisamente en Londres donde conocería al que se convertiría en su esposo, el escultor madrileño Juan Muñoz. El matrimonio tendría dos hijos, Lucía y Diego, y constituyó un sólido tándem creativo hasta el repentino fallecimiento del artista, en agosto de 2001.

Cristina Iglesias se dio a conocer en la primera mitad de la década de 1980 al ser seleccionada para participar en exposiciones como La imagen del animal (1983) y 1981-1986: pintores y escultores españoles, de la Fundació La Caixa. Paralelamente, en 1984 presentó sus dos primeras exposiciones individuales, en Setúbal y en la Galería Cómicos de Lisboa. Dos años más tarde fue una de las artistas elegidas para representar a España en la XLII edición de la Bienal de Venecia, y en 1987 participó en la Exposición del CAPC-Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos. A partir de esta fecha su obra empieza a ser reconocida y expondrá regularmente en museos y galerías de Europa y América del Norte.

La década de 1990 supuso su consagración internacional. Sus obras pudieron verse en la Kunsthalle de Berna (Suiza) (1991), en la galería de la Universidad de York, en Toronto (Canadá), en la Exposición Universal de Sevilla (1992), en el pabellón español de la Bienal de Venecia, en Arteleku (San Sebastián) (1993), en el Henry Moore Institute, en Leeds (Reino Unido) y en el Carnegie Institute, en Pittsburgh (Estados Unidos) (1995).

El Museo Guggenheim de Nueva York, por su parte, le dedicó una muestra (1997), que posteriormente llevaría al Guggenheim de Bilbao (1998), el Palacio de Velázquez de Madrid (1999) y Chicago (2000). Esta actividad expositiva, que la artista alternaba con la cátedra de escultura en la Akademie der Bildenden Künste de Munich (1995-2000), tuvo su brillante colofón en 1999, año en que le fue otorgado el premio Nacional de artes plásticas por “su proyección y el haber abierto caminos en las artes plásticas”.


Corredor supendido, de Cristina Iglesias

En 2007 Cristina Iglesias reapareció en la escena española, tras nueve años de silencio, con sendas exposiciones en las galerías Pepe Cobo y Elba Benítez de Madrid y, sobre todo, con su puerta-escultura para la ampliación del Museo del Prado, su primera obra pública en España.

La obra fue un encargo del arquitecto Rafael Moneo, responsable de las obras de ampliación del museo, cuya inauguración oficial estaba prevista para octubre de 2007. Consiste en seis elementos de bronce, dos fijos en los extremos y cuatro móviles; en total, una gigantesca escultura de 22 toneladas, 6 metros de altura y más de 50 metros cuadrados, “una aleación prácticamente indestructible, garantizada por 3.000 años, que ha tenido una dificultad considerable debido a su textura rugosa”, según Fernando Capa, director de la Fundición Eduardo Capa y responsable de su materialización, que se prolongó durante un año.

La instalación de las grandes puertas de bronce tuvo lugar a principios de febrero, e inmediatamente suscitó la admiración y el asombro del público. “Cuando Rafael Moneo me pidió que hiciera una puerta para el nuevo edificio del museo supe enseguida que no iba a hacer sólo eso. […] He hecho intersticios, laberintos, referencias a la naturaleza sin fin, una proliferación de vegetaciones que podrían continuar y cubrirlo todo; ese haber sido capaz, con tres o cuatro elementos, de hacer un laberinto mínimo, forma parte de mi lenguaje. Quise además que el tiempo fuera no ya una pátina, sino el elemento del movimiento, del mirar cómo se abren las puertas, reflejar la espera o las diferentes maneras de cruzarlas; todo eso me fue convenciendo, apasionando, y lo fantástico es que a Moneo le pareciera muy bien.”


Puertas del Museo del Prado

Paralelamente Iglesias estaba ultimando otra obra pública, la Deep Fountain (La Fuente Profunda), “un gran estanque con un mecanismo que hace que el agua brote e inunde la vegetación esculpida en bronce”, en el marco del plan de reordenación de la plaza Leopold de Wael y el entorno del Museo de Bellas Artes de Amberes, obra de los arquitectos belgas Paul Robbrecht y Hilda Daem. “La idea es crear en el centro del atrio un estanque reflectante sobre un abismo, consiguiendo la ilusión de un corte profundo en que se pudiera ver el fondo y el agua desapareciera. Su suelo es un bajorrelieve de hormigón con formas vegetales, oscuro, pero que permite el reflejo del pórtico del museo en el agua. Es una obra muy compleja. Tanto la pieza del Prado como la de Amberes resuelven de manera muy diferente dos campos de visualización del espacio. Esa idea de tiempo y movimiento estará en las dos”.

En los últimos años la artista, que vive y trabaja en Torrelodones (Madrid), cuando no está viajando, ha representado a España en la Exposición Universal de Hannover (2000), en la Bienal de Taipei (2002) y en la Bienal de Santa Fe (2006), año en que presentó en el Museo Ludwig de Colonia la exposición Tres corredores suspendidos, una instalación que agrupaba tres piezas-corredores formados por elementos arquitectónicos verticales y horizontales en hierro galvanizado y patinado y que se pudo ver, aunque parcialmente, en Madrid (2007).

Tiene obras en museos y colecciones de todo el mundo; entre ellos, el Centro Nacional de Arte y de Cultura Georges Pompidou de París, la Fundação Serralves de Oporto, el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, el Museum and Sculture Garden de Washington, D.C., el Irish Museum of Modern Art (IMMA) de Dublín, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid y la Tate Gallery de Londres.