Biografias y Vidas
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Ángel Lertxundi

(Orio, 1948) Escritor español en lengua vasca. Fue sucesivamente profesor, periodista y crítico literario, antes de dedicarse por entero a la literatura; con sus obras, gran parte de ellas escritas en euskera, ha contribuido a fijar y modernizar la lengua y la literatura vasca. Abandonó sus estudios eclesiásticos y se interesó por la Filosofía, disciplina que cultivó en San Sebastián, Roma y Valencia. Trabajó como profesor en una ikastola de Zarautz, y posteriormente ejerció de periodista para el diario Egin.

Comenzó su andadura como escritor en 1970 con la publicación de Hunik arratsertan, una colección de cuentos que recoge parte de las técnicas narrativas utilizadas por los novelistas latinoamericanos y en la que se advierte una clara inclinación hacia la crítica social. La segunda de sus obras fue Ajea du Urturik (Algo le va mal a Urturi), de 1971, novela harto más ambiciosa en la que, utilizando recursos simbolistas, Lertxundi reiteró su crítica, esta vez agudizada y tremendamente irónica, de la sociedad vasca.

En 1973 publicó Goiko kale (Calle alta), y en 1975, junto con J. Arrizabalaga y M. Martiartu, el ciclo de obras Irakur 1, 2, 3, 4, y, finalmente, en 1976, Irakur 5. Otros de los títulos de su copiosa obra son Aise eman zenidan eskua (1981); Tristeak konsolatzeko makina (1981); Gizon kabalen piurak (1982); Urtero da aurten (Cada año es este año), de 1984; Auskalako mendian, también de 1984; Hamaseigarrenean aidanez (Al parecer sucedió a la decimosexta), de 1985, obra que mereció el Premio Yon Mirande de novela del Gobierno Vasco y el Premio de la Crítica de ese mismo año; Idatz eta marraz, Artillero dale fuego, Jangagero majadero y Elegantzia frantzia, las cuatro de 1986; y Tobacco days (1987).

Con su novela Kapitain Fracasa (1991), obtuvo por segunda vez el Premio de la Crítica. Luego publicó dos obras más, Las últimas sombras, de 1996, y su celebrada novela Un final para Nora (Azkenaz Beste, 1999), una ambiciosa tentativa alegórica en la que el escritor vasco combinó personajes históricos con protagonistas tanto de su propia creación como de obras ajenas; un juego de espejos literarios, de metaliteratura, donde realidad y ficción conforman una unidad narrativa, un mundo autónomo.

Posteriormente, Lertxundi se embarcó en el proyecto de dirección de dos películas con desigual resultado y, sin arrinconar en ningún momento su labor literaria, trabajó durante un tiempo como guionista para la televisión.

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