Juan Antonio Llorente

(Rincón de Soto, La Rioja, 1750 - Madrid, 1823) Eclesiástico e historiador español. Secretario general de la Inquisición a partir de 1789, intentó realizar una profunda revisión de la institución, por mandato del inquisidor general. José Bonaparte le nombró consejero de Estado. A la caída de éste, pasó a Francia, donde realizó diversos estudios sobre la Inquisición, entre los que destacan Historia de la Inquisición de España (1817). También es autor de Memoria para la historia de la revolución española (1814-1816).


Juan Antonio Llorente
(detalle de un retrato de Goya)

Miembro de una familia de curiales muy vinculada al palacio episcopal de Calahorra, Juan Antonio Llorente dio ya desde joven muestras de un carácter independiente y libre. Protegido por sus tíos González Mendizábal y Manuel Medrano, estudió filosofía en Tarragona, donde recibió la tonsura clerical. Continuó su carrera en Zaragoza, en cuya universidad cursó derecho romano y canónico. En Madrid (1766) recibió el grado de bachiller en derecho. Se ordenó sacerdote en 1779, con dispensa de edad. Dos años después figuraba como abogado del Consejo Supremo de Castilla, tras haberse graduado de doctor en derecho por Valencia. El obispo de Calahorra lo nombró vicario general de la diócesis en 1784.

Por los datos que se pueden extraer de su Noticia biográfica, hacia 1784 ya estaba influido por ideas sectarias contra la Iglesia de Roma en general y contra los papas en particular. Tales tendencias, que sin ser del todo heterodoxas mostraban ya resabios enciclopedistas teñidos de regalismo, no impidieron que se le ofreciese, y que él lo aceptara, el cargo de comisario de la Inquisición de Logroño (1785) y, años más tarde, el de secretarlo general, con sede en Madrid (1789). No se saben los motivos, pero bien fuera por algún desliz en su ministerio, o bien por sus ímpetus e impertinencias, o simplemente debido a envidias de sus colaboradores, lo cierto es que tuvo que abandonar Madrid y retirarse a su residencia de Calahorra (1793).

Su anterior estancia y cargo en aquella localidad habían puesto a su disposición el archivo de la diócesis, el cual suministró a Llorente materiales para escribir sobre el origen de los beneficios patrimoniales de las parroquias del obispado. En aquel tiempo muchos eclesiásticos de Francia, que habían huido de la revolución, se refugiaron en Calahorra. Llorente los atendió con cuantos medios estuvieron a su alcance; si antes simpatizaba con lo francés por sus ideas y estudios, ahora tenía ocasión de demostrar con los hechos su francofilia. Mientras estaba en Calahorra, el inquisidor general le confió materiales importantes para un estudio sobre la Inquisición. Con estos papeles en su mano fue preparando su historia sobre aquel tribunal, haciendo hincapié sobre los datos denigratorios. Por ello y por sus amistosas relaciones con los promotores de la Revolución Francesa fue destituido de su cargo y desterrado a un convento de la Rioja por un mes; vivió después varios años en retiro.

Su vida callada de entonces y sus muestras de arrepentimiento le valieron ser llamado a Madrid; en 1806 se le concedió una canonjía en Toledo. Posibles resentimientos contra la Corte española llevaron a Llorente a Bayona (1808) para integrarse entre los partidarios que alentaban la ambición de José Bonaparte, acompañarle después a Madrid y ser durante algún tiempo su consejero. Su obra Memorias históricas sobre las tres provincias vascongadas, enviada con anterioridad como tributo de admiración al ministro de Negocios Extranjeros francés, Champagny, influyó no poco en su llamada a Bayona. Este mismo año de 1808 fue nombrado consejero de Estado. La afiliación al bonapartismo acumuló honores y cargos sobre su persona. En un escrito sobre la iglesia en España dirigido al propio Napoleón (1808), Juan Antonio Llorente enumeraba en tres apéndices los títulos, méritos y cargos que había obtenido hasta la fecha.

Uno de los primeros actos de José Bonaparte fue suprimir el Santo Oficio y abolir las órdenes religiosas. Llorente fue nombrado custodio de los Archivos de la Suprema Inquisición, a los que se agregaron después los archivos de provincias, y, además, ejecutor de la supresión de las órdenes. A los honores señalados, ingratos de por sí para una conciencia española, se unió el de administrador de los bienes confiscados a los patriotas de la Independencia. Pasado algún tiempo, sin que consten las causas (la apuntada por Menéndez Pelayo de malversación de bienes no se le pudo probar), fue depuesto. Su cargo de director general de los Bienes Nacionales se le permutó por el de comisario de Cruzada.

Los años de dominación francesa fueron largamente aprovechados por Llorente para el acopio de datos con vistas a su célebre Historia de la Inquisición. En 1812 siguió al rey José a Valencia. Estuvo allí hasta octubre, se trasladó luego a Zaragoza y, con la retirada francesa, en 1813 pasó a Francia por Canfranc. Estando en Francia recibió un comunicado de Fernando VII por el que se le prohibía entrar en España. Durante la restauración borbónica viajó a Inglaterra y de allí a París. Falto de amigos y sin medios de vida, se refugió en la Masonería. Con el propósito de recobrar sus prebendas en España y reconciliarse con Fernando VII, escribió una obra adulatoria sobre la genealogía de este rey y varias cartas que no merecieron una mínima atención seria. Su obra Retrato político de los papas obligó al Gobierno francés a desterrarlo. Desde 1819 colaboró con la Revue Enciclopédyque. Aprovechando la amnistía concedida por los liberales, regresó a España y murió dos años más tarde.