Gloria Macapagal

(Manila, 1947) Política filipina, presidenta de la república de Filipinas desde 2001. Gloria Macapagal Arroyo nació en Manila el 5 de abril de 1947, hija del entonces líder del Partido Liberal, Diosdado Macapagal, que fue vicepresidente (1957-1961) y presidente de la república (1961-1965) y al que sus partidarios siempre consideraron como un ejemplo de estadista íntegro e incorruptible.

Gloria Macapagal pasó su adolescencia en el palacio presidencial de Malacañang. Estudió el bachillerato en el Convento de la Asunción, un colegio de monjas donde se educa la élite filipina, y fue estudiante de la Universidad de Georgetown, en Washington -donde compartió curso con Bill Clinton a partir de 1968-, hasta que interrumpió sus estudios para regresar a Manila y contraer matrimonio en 1969. Licenciada en económicas por el Colegio Asunción, cursó un máster en la Universidad Ateneo de Manila y se doctoró por la Universidad de Filipinas, en la que fue profesora. También ejerció el periodismo.


Gloria Macapagal

Tras la revuelta popular incruenta que derrocó a Ferdinand Marcos y entregó el poder a Corazón Aquino en 1986, esta última nombró a Gloria Macapagal subsecretaria de Comercio e Industria. En el que supuso su primer desafío político, trató de revitalizar el partido Unión Nacional para la Liberación, creado por su padre: fue elegida senadora en 1992 y reelegida en 1995 con cerca de 16 millones de votos, la mayor votación jamás obtenida en la historia electoral filipina. En su desempeño como senadora promovió 55 leyes sobre cuestiones socioeconómicas -entre ellas, la que permitió a Filipinas ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC)- que le granjearon una notoriedad nacional.

Una opositora en el gobierno

Gloria Macapagal fue elegida vicepresidenta de la república en las elecciones del 11 de mayo de 1998, en una candidatura distinta de la que encabezó el presidente Joseph Estrada. Obtuvo 13 millones de votos, dos millones de votos más que el presidente; fue una marca electoral que confirmó su extraordinaria popularidad. Según la Constitución filipina, el presidente y el vicepresidente se eligen en listas y escrutinios distintos. Pese a haber sido su opositora en las elecciones, Estrada no sólo la nombró secretaria (ministra) de Bienestar Social y Desarrollo, sino que le confió la dirección y la presentación de un programa de televisión gubernamental de gran audiencia dedicado a los campesinos (Dighay Bayan).

Macapagal dimitió muy oportunamente del gabinete de Estrada el 12 de octubre de 2000, cuando se iniciaron las movilizaciones populares que a la postre provocaron la caída del presidente, y que fueron algo así como una reedición, aunque sin tanques en las calles, de las presiones castrenses y la hábil manipulación callejera que encumbró a Aquino.

Inspirada por el ejemplo de su padre y mientras proliferaban las acusaciones contra el presidente Estrada, Macapagal, siguiendo los pasos de Aquino, logró unir a la oposición y encauzó la explosión popular de descontento desencadenada cuando el Senado filipino, por 11 votos a 10, se negó a examinar las cuentas bancarias que, según la acusación, hubieran probado que el jefe del Estado había transformado la presidencia en una especie de sindicato del crimen que controlaba el juego clandestino y aprovechaba información privilegiada para obtener ganancias ilícitas en bolsa. La fortuna amasada ilegalmente, según sus detractores, superaba los 11.400 millones de pesetas.

La decisión del Senado, que equivalía a una absolución virtual del presidente, encendió los ánimos. El 19 de enero de 2001, la comedida revuelta popular, secundada por los sindicatos, los movimientos políticos y las organizaciones religiosas, con la connivencia de las Fuerzas Armadas, forzó el cese de Estrada, quien, no obstante, se negó a firmar su renuncia y expresó sus dudas sobre la legalidad del procedimiento.

El mismo día, en medio de una tremenda confusión en el Congreso, el Tribunal Supremo, por unanimidad, declaró vacante la jefatura del Estado, lo que abrió el camino para la proclamación de Gloria Macapagal como presidenta. Estrada fue despojado de su inmunidad, pero en realidad fueron los militares, dirigidos en la sombra por el ex presidente Fidel Ramos, los que precipitaron su caída, con el pretexto de evitar la violencia, para superar la crisis constitucional.

El 20 de enero, ante la mirada expectante de medio millón de personas, Gloria Macapagal prestó juramento como decimocuarto jefe de Estado de la República de Filipinas ante el presidente del Tribunal Supremo, Hilario Davide, con los ex presidentes Corazón Aquino y Fidel Ramos como testigos, en la tribuna instalada en la avenida de Epifanio de los Santos de Manila, junto al monumento que conmemora la revolución de 1986. La presencia solícita en el estrado de Jaime Sin, el poderoso y veterano cardenal de la Iglesia católica, completaba los apoyos de la nueva presidenta, catapultada al poder por la «sublevación constitucional» que había derrocado al presidente Joseph Estrada. Era la segunda mujer que llegaba a la cúspide del poder en Filipinas.

La debilidad de la nueva presidenta

En su discurso de toma de posesión, la nueva presidenta prometió una auténtica cruzada contra la pobreza y la indignidad, para calmar y seducir al electorado de Estrada, así como el restablecimiento de la buena imagen internacional del país, siguiendo los pasos de su padre y con Aquino como modelo. Su lema era claro: «Haré lo que hay que hacer y Dios se encargará del resto». Abogó por alejar definitivamente a la presidencia de la república de las tentaciones inveteradas de la corrupción y el nepotismo, imponiendo un estricto sentido moral en todos los corredores del poder, pero prometió a los miembros de la oligarquía que no desencadenaría una caza de brujas. Más de 80 millones de filipinos aguardaban el milagro.

Su posición política, sin embargo, era bastante frágil, no sólo por la dudosa legalidad de su llegada al poder, considerada como un golpe de estado encubierto, sino también por las exigencias de los militares, las profundas heridas de un país dividido, las actividades de la guerrilla musulmana y las consecuencias en una clase política venal del proceso criminal incoado contra Estrada, cuya popularidad en los sectores más humildes había permanecido intacta. Los militares vetaron la entrada de cualquier izquierdista (reformista) en la nueva administración.

Pequeña de estatura (1,50 metros), fervorosa católica, Gloria Macapagal considera la Biblia como su libro de cabecera y medita constantemente en las memorias de su padre, obsesionada por culminar su legado de honradez y eficacia. Está casada con José Miguel T. Arroyo, más conocido por Mike, nieto del que fuera senador José María Arroyo, cacique de Iloilo City. Abogado y empresario de lejana ascendencia asturiana, el marido de la presidenta posee una de las mayores fortunas del país y fue comparado por sus adversarios con Imelda Marcos, la viuda del presidente depuesto. El matrimonio, que habla español con fluidez, tiene tres hijos: Juan Miguel, Mikey, productor cinematográfico, que aspira a ser vicegobernador de Pampanga; Evangelina, Luli, que es directora de una fundación dedicada a la educación tecnológica, y Dato.