William Somerset Maugham

(París, 1874 - Saint-Jean-Cap-Ferrat, 1965) Narrador y dramaturgo inglés, considerado un especialista del cuento corto. Fue médico, viajero, escritor profesional y agente secreto. Comenzó su carrera como novelista, prosiguió como dramaturgo y luego alternó el relato y la novela. Fue un escritor rico y popular: escribió veinte novelas, más de veinte piezas de teatro influidas la mayoría por O. Wilde y alrededor de cien cuentos cortos.

Frecuentó la King's School de Canterbury y la Universidad de Heidelberg. Estudiaba Medicina en el S. Thomas's Hospital de Londres (en diversos textos suyos, singularmente en su obra maestra Of Human Bondage, 1915, se hallan recuerdos de tal experiencia) cuando el éxito de las primeras novelas, Liza of Lambeth (1897) y Mrs. Craddock (1902), le reveló su vocación de narrador. Su éxito comercial como novelista y más tarde como dramaturgo le permitió vivir de acuerdo con sus propios gustos; y así, pudo viajar no sólo por Europa, sino también a través de Oriente y de América. Durante la primera Guerra Mundial llevó a cabo una misión secreta en Rusia. Durante muchos años (salvo durante el paréntesis del segundo gran conflicto bélico) vivió en St. Jean-Cap Ferrat, en la Costa Azul.

Su ficción se sustenta en un agudo poder de observación y en el interés de las tramas cosmopolitas, lo que le valió tantos halagos como críticas feroces: unos lo calificaron como el más grande cuentista inglés del siglo XX mientras otros lo acusaron de escribir por dinero. Servidumbre humana (1915) es la narración con elementos autobiográficos de su aprendizaje juvenil, y en La luna y seis peniques (1919) relató la vida del pintor Paul Gauguin. Su obra novelística culminó con El filo de la navaja (1944), el más célebre de sus títulos.

La crítica opina no obstante que el Maugham cuentista es superior al novelista y por supuesto al dramaturgo. La mayoría de sus cuentos poseen cierta extensión, algo mayor que un cuento corto usual, lo que favorece la preparación gradual de los acontecimientos que por lo general terminan con un final relevante. Cuando se leen sus narraciones da la impresión de que no tenía prisa, y el lector puede intuir que el ambiente creado por el autor es casi sobrenatural o al menos extraño, pese a que su prosa es la de un cronista objetivo.

Entre sus numerosos relatos autónomos y antológicos pueden citarse Lluvia y El rojo. Los ambientes que recreó recuerdan a la obra de J. Conrad y de R. L. Stevenson, aunque formalmente está más cerca de G. de Maupassant y de A. Chejov por la claridad, la neutralidad y la sencillez narrativa de las tramas. Escribió varios ensayos interesantes sobre la vida y obra de algunos escritores y un Cuaderno de escritor (1949) donde dejó constancia de sus teorías acerca de la ficción y sus opiniones sobre la época que le tocó vivir.