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Frente a Alcides Arguedas, es un boliviano introspectivo, y el interés de su literatura, siempre descuidada, queda mitigado por el aspecto científico, patriótico y humano de su personalidad. Su perfil más agudo se nos presenta en el aspecto geográfico: El mar del Sur (1926), La ruta atlántica, La creación de una nacionalidad y, principalmente, El macizo boliviano), además de otros estudios, como La tesis andinista y El lago enigmático (1936). Sus novelas En las tierras de Potosí (1911), de tema minero, y Páginas bárbaras (1918), en dos volúmenes, sobre la vida de los trabajadores del caucho en la selva, pueden compararse por el tema y por la intensidad dramática, pero no por la emoción y la altura artística, con La Vorágine de José Eustasio Rivera. Sus versos son mediocres, y de relativo interés otros intentos suyos como La tragedia del Chaco, Los malos pensamientos (1916), Biografía de Gregorio Pacheco (1924), etc. Su tendencia a la introspección lo ha dejado en una área local poco propicia para la evaluación de sus obras.
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