Familia Mill

Dinastía inglesa de padre e hijo de gran importancia en el pensamiento liberal del siglo XIX. James Mill (1773-1836) es recordado, sobre todo, por la influencia que ejerció sobre otros personajes, como sus amigos David Ricardo y Jeremy Bentham, o como su propio hijo John. Con respecto al primero, Mill fue quien le convenció para que pusiera por escrito sus ideas económicas, promoviendo así la aparición de la obra más influyente de la economía política clásica; posteriormente, Mill sería, junto con McCulloch, uno de los principales defensores del pensamiento ricardiano, y a tal objeto publicó sus propias obras (Elementos de economía política, 1821).

Fue también uno de los dirigentes del movimiento utilitarista inspirado en las ideas de Bentham. Como funcionario de la administración colonial británica y experto en temas indios (publicó una Historia de la India británica en 1818), Mill introdujo reformas modernizadoras en la India, inspiradas en la filosofía utilitarista. Y educó con esmero extraordinario a su hijo, pensando en que fuera el sucesor de Bentham al frente del movimiento utilitarista.

John Stuart Mill (1806-73), que efectivamente se convirtió en un hombre brillante por su cultura y por su inteligencia, se rebeló contra la rigurosa educación recibida de su padre (como relata en su Autobiografía, 1873): criticó el utilitarismo (Utilitarismo, 1861) y puso en pie su propio pensamiento, en el que habrían de tener gran influencia los pensadores franceses que conoció (como Saint-Simon o Comte).

Partiendo de las ideas de Ricardo, completó y sintetizó la economía política clásica, introduciendo múltiples matices para adaptarla a los nuevos tiempos; sus Principios de economía política (1848) quedarían como manual básico para la enseñanza de esta materia durante unos cuarenta años.

En un tono más humanista que sus predecesores, Mill rebajó la importancia del crecimiento económico para los países avanzados, defendiendo objetivos nuevos relacionados con la calidad de vida, la realización personal a través de la cultura, la armonía e igualdad social y una distribución más equitativa de la riqueza. De hecho, mostró simpatías por un cierto socialismo reformista y gradualista, así como por otras causas políticas progresistas de la época, como la independencia de Irlanda, la reforma penal o la emancipación de la mujer (La sujeción de las mujeres, 1869).

En política, defendió un liberalismo democrático radical, preocupado por el respeto a las minorías (Sobre la libertad, 1859); pero tuvo un sentido social, al proponer el reforzamiento de la intervención del Estado contra los excesos del laissez faire. Con tales ideas participó en la política activa, resultando elegido miembro del Parlamento por el Partido Liberal en 1865-68.