Antonio Molina

(Málaga, 1928-Madrid, 1992) Intérprete de canción española. De origen humilde, a los catorce años se trasladó a Madrid para probar fortuna. El éxito le llegó a principios de la década de los cincuenta, con canciones como Soy minero, Caballito bandolero, La estudiantina, Adiós mi España y Yo quiero ser matador. También participó en varias películas: El pescador de coplas (A. del Amo, 1953), Esa voz es una mina (L. Lucia, 1955), La hija de Juan Simón (G. Delgrás, 1956), Café de Chinitas (G. Delgrás, 1957).

Antonio Molina fue el menor de los cuatro hermanos de una familia muy humilde; desde los diez años tuvo que trabajar en diversos oficios para contribuir a la maltrecha economía familiar. Deseando salir de ese ambiente de pobreza, se escapó de casa en más de una ocasión, hasta que viajó a Madrid en busca de fortuna. Ya en la capital, a la que había llegado ayudado por una mujer que le doblaba la edad y que se había encaprichado del chico, trabajó de tapicero y, más tarde, de camarero, hasta que decidió incorporarse voluntariamente al servicio militar cuando contaba dieciocho años.


Antonio Molina

Ya por entonces destacaba la belleza de su voz entre los que lo conocían; había recibido algunas clases de canto gracias a la generosidad del maestro Legaza, que confió en sus dotes y le enseñó sin cobrarle. Cuando terminó el servicio militar, animado por las alabanzas que recibía de la gente que le escuchaba, decidió presentarse a un concurso de Radio España, presentado por Ángel Soler, y resultó ganador. Ello le valió un contrato por tres años con el sello La Voz de su Amo, con el que grabó su primer trabajo (un disco con cuatro canciones) en 1949.

Poco después se trasladó a Barcelona para trabajar en una sala de fiestas. Formaba pareja con una tal Flor Albaicín, pero la experiencia fue nefasta y regresó a Madrid al poco tiempo. En 1952, inesperadamente, recibió una oferta para rodar un cortometraje titulado El macetero, inspirado en una canción del maestro Legaza; por este trabajo cobró 25.000 pesetas. Luego fue contratado por un empresario de variedades para emprender una gira por Andalucía. Su debut en el Gran Teatro de Córdoba supuso su despegue definitivo: el público quedó fascinado con el cantante y las colas se sucedieron a las puertas del teatro durante los días que duró el espectáculo; tanto que, a pesar de figurar como telonero, hubo que cambiar finalmente los carteles y situar su nombre en la cabecera.

A finales de 1952 debutó en el teatro Fuencarral de Madrid, y en 1953 rodó su primer largometraje, titulado El pescador de coplas. Dirigido por Antonio del Amo e interpretado también por Marujita Díaz y Tony Leblanc, el filme supuso un gran éxito de taquilla. Ya casado y a la espera de ser padre, fue reclamado en Hispanoamérica, donde también se habían editado con fortuna sus discos. Su experiencia americana, sobre todo el tiempo que pasó en Buenos Aires, no hizo sino confirmar la trayectoria ascendente de su carrera. Allí coincidió con la bailaora Carmen Amaya y el guitarrista Niño Ricardo; llegó a actuar para el Presidente Perón, y volvió a España como un triunfador, cargado de regalos y de proyectos.

De nuevo en España, estrenó en abril de 1954 su propio espectáculo, "Hechizo", con el que realizó una gira por provincias que le mantuvo ocupado hasta el año siguiente. En 1955 rodó una nueva película, Esa voz es una mina, de Luis Lucía y, en octubre, presentó un nuevo espectáculo en el teatro Calderón de Madrid, titulado "Garbo". Rodó otras dos películas, Malagueña y El Piyayo, hasta protagonizar en 1956, en compañía de María Cuadra, la que supuso su consagración definitiva: La hija de Juan Simón, basada en un anterior éxito cinematográfico de Angelillo.

Ya consagrado como un ídolo en España y como el más taquillero de los cancioneros, los espectáculos y el rodaje de películas para el cine se sucedieron año tras año con la aclamación de un público entregado a su arte. A pesar de conocer la mayoría de los estilos flamencos, no puede decirse que fuera un cantaor, pero tampoco era un cantante fácil de coplas. Su arte era una mezcla de cante y canción andaluza, interpretado con una voz de cualidades excepcionales; y, aunque no puede decirse que fuera un buen actor, su fotogenia ante las cámaras y sus canciones encandilaban al público en cada una de sus películas. El mismo general Franco, que le invitaba a cantar en el Palacio de San Ildefonso, en la Granja, todos los 18 de julio, le regaló un coche de importación con el que Antonio Molina se desplazaba en sus giras, convertido en la viva imagen del triunfador.

Después de La hija de Juan Simón, Molina rodó El Cristo de los Faroles, junto a María de los Ángeles Hortelano; Un hombre en la red, coproducción hispano-italiana; Café de Chinitas, junto a Rafael Farina; y Puente de coplas, también con Farina. Intervino además en la película Canciones de nuestra vida, una especie de colección de actuaciones de distintos artistas rodada por Eduardo Manzanos en 1975. En la creación de espectáculos, Antonio Molina fue mucho más prolífico, pues estrenó una media de casi uno por año hasta 1986. Actuó en teatros y en plazas de toros (fue uno de los primeros en utilizar este escenario, ante la gran demanda de su público), generalmente con el aforo completo, pero lo que más le llenaba era recorrer la geografía española en sus giras, de provincia en provincia y de pueblo en pueblo, entregándose en cada actuación como si fuera la última.

Esta total entrega terminó por desgastar sus facultades, que empezaron a resentirse en la década de los sesenta y entraron en progresivo declive a partir de entonces. Aun así, siguió actuando hasta que en 1989 se le diagnosticó una fibrosis pulmonar que lo apartó para siempre de los escenarios. Se retiró entonces al municipio madrileño de Fuencarral, de donde era su mujer, Ángela Tejedor. Allí murió arropado por su numerosa familia el 18 de marzo de 1992. Tuvo ocho hijos, cuatro de los cuales (Ángela, Paula, Mónica y Miguel) se han dedicado también a actividades artísticas.