Narciso Monturiol y Estarriol

Inventor español, precursor del submarino (Figueras, Gerona, 1819 - San Martín de Provençals, Barcelona, 1885). Procedente de una familia de artesanos, estudió Derecho en las universidades de Cervera, Barcelona y Madrid, pero nunca ejerció la abogacía. Atraído por las ideas de Étienne Cabet, dirigió varios periódicos revolucionarios de inspiración comunista, lo que le obligó a permanecer algún tiempo exiliado en Francia.

Su afición a los temas científico-técnicos le llevó a concebir en 1855 una nave submarina para la recolección de coral; luego trató de avalar la idea con las posibilidades científicas que abriría la exploración submarina, así como los posibles usos militares.


Narciso Monturiol

En 1859 botó en Barcelona su primer prototipo, el Ictíneo, a cuyas pruebas asistió el ministro de Marina, Juan de Zabala, en 1861. A pesar del eco popular del invento y del éxito de las pruebas, necesitaba todavía muchas mejoras y grandes inversiones de capital; la incertidumbre sobre la rentabilidad del proyecto y la falta de apoyo oficial interrumpieron los experimentos después de haber fabricado un segundo prototipo.

De los avances de Monturiol, enmarcados en múltiples intentos paralelos de ingenieros europeos y norteamericanos, sólo quedó su descripción en un Ensayo sobre el arte de navegar debajo del agua (1891).

Las inmersiones del Ictíneo

Fue al parecer en el pueblo costero de Cadaqués, junto a la frontera francesa, donde, observando las penalidades de los buzos dedicados a la pesca de coral, concibió Monturiol la idea de una embarcación capaz de navegar sumergida, a la que llamaría Ictíneo, cuyo significado es pez nave. Para realizar el proyecto fundó una sociedad el 23 de octubre de 1857, que inicialmente contó con 18 accionistas y un capital de 10.000 pesetas.

El 6 de noviembre de 1858 Monturiol publicó una primera memoria en la que explicaba los fines tanto científicos como lucrativos de la nave. Unos años más tarde, con la adición de un cañón submarino, le dio interés militar. La nave, de madera y con forma de pez, era resistente, impermeable, estanca y con medios de regeneración del aire y producción de oxígeno. Estaba dotada de sistemas de propulsión en superficie y bajo el agua, de inmersión y emersión, de maniobra y de recolección de objetos. Iba equipada con órganos de visión y de iluminación del exterior y, en definitiva, contaba con todos los medios para navegar a la profundidad deseada y cumplir su cometido sin necesidad de ayuda exterior.


Réplica del Ictíneo de Monturiol

En el proyecto colaboró de forma altruista durante el verano de 1858 (y como asalariado entre octubre de 1861 y diciembre de 1868) Juan Monjo Pons (1818-1884), experto en construcción naval y autor del Curso metódico de arquitectura naval, aplicada a la construcción de buques mercantes, publicado en 1856. El carpintero de ribera fue José Missé Castells, antiguo alumno de Monjo, y José Pascual Deop, ingeniero industrial y después yerno del inventor, fue el proyectista de mecanismos.

En 1857 se inició en Barcelona la construcción del primer Ictíneo, de tipo experimental. Su botadura tuvo lugar el 28 de junio de 1859 y la primera prueba pública el 23 de septiembre de ese mismo año. A partir de entonces se hicieron más de cincuenta pruebas, todas ellas con éxito. Esto indujo a Monturiol a construir otra unidad, con el mismo nombre, cuya quilla se puso el 10 de febrero de 1862, y que se botó el 2 de octubre de 1864. La sociedad inicial se convirtió en comanditaria, con el nombre de La Navegación Submarina.

Las primeras pruebas del nuevo Ictíneo se realizaron en mayo de 1865, también con éxito, aunque se puso en evidencia la lentitud de avance de la nave en inmersión, movida por una hélice accionada a mano, por lo que se decidió instalar una máquina de vapor generado, en superficie, por carbón de coque y, en inmersión, por una reacción química. La máquina se instaló en julio de 1867, y la primera prueba se realizó el 22 de octubre del mismo año. A pesar del resultado positivo y de las buenas expectativas, las dificultades financieras obligaron a suspender los trabajos el 1 de enero de 1868. Un mes después, los acreedores procedieron al embargo definitivo de las naves, lo que significó el fin del proyecto.