Henri Murger

(París, 1822- id., 1861) Escritor francés. Su obra más destacada es Escenas de la vida bohemia (1847-1849), cuya versión teatral (La vida bohemia) sirvió de base a dos óperas, una de G. Puccini y la otra de R. Leoncavallo, ambas tituladas La bohème.


Henri Murger

Procedente de una familia humilde (su padre trabajaba de sastre y de portero), Henri Murger se había encaminado, mediante el estudio, por la vía de las letras. Por las estrecheces económicas familiares hubo de buscar trabajo, que encontró en la embajada rusa en París, donde el conde P. A. Tolstoi, que era agregado cultural de la misma, lo tomó como secretario. Junto a él permaneció hasta 1848.

Al perder entonces a sus padres, abandonó el mísero empleo para dedicarse de lleno al trabajo literario; instalado en una buhardilla helada y gris hizo entonces el aprendizaje de aquella "vida bohemia" a la que debía quedar vinculada su fama. Había escrito versos desde su adolescencia; más tarde, Arsène Houssaye le invitó a colaborar en el diario L'Artiste. Sus Escenas de la vida bohemia (1848) dieron a conocer su nombre, que alcanzó mayor popularidad a través de su reducción, realizada en colaboración con Théodore Barrière, como texto de una revista que fue estrenada en el teatro de Variétés, en una alegre velada a la que asistieron Luis Bonaparte y Théophile Gautier.

Henri Murger pudo entonces colaborar en varios periódicos, sin que mejorara por ello mucho su situación económica. A su primera obra, la única durable, siguieron algunas otras novelas, entre ellas Le pays latin (1851) y Les buveurs d'eau (1855), y algunas colecciones de poesías, como Ballades et Fantaisies (1854) y Nuits d'hiver, que se publicó póstuma en 1861. Murger murió antes de haber cumplido cuarenta años.

Publicada en 1848, la novela Escenas de la vida bohemia está compuesta en gran parte por artículos que aparecieron en un modesto periódico, Le Corsaire, del que Murger era redactor. Los capítulos no tienen entre sí la menor relación aparente: son, como indica el título del libro, "escenas de la vida bohemia", de la verdadera bohemia, que el autor en el prefacio del libro desea distinguir de las demás formas de vida vagabunda que suelen comprenderse bajo este nombre.

Los principales personajes del libro son el filósofo Schaunard, el poeta Rodolfo (en quien se percibe un trasunto del autor) y el pintor Marcelo. Encontrándose por azar en difícil situación económica, establecen una especie de asociación para afrontar juntos las agradables o melancólicas contingencias de su vida vagabunda. La mayor independencia reina entre ellos; turnándose aparecen y desaparecen según sus aventuras amorosas o sus recursos financieros, sin que los restantes se preocupen lo más mínimo, y sin que se quebrante su fraternidad.

Los tres se dirigen hacia un seguro éxito; por intervalos su nombre corre en boca de los críticos y su producción es requerida; pero bastante más a menudo la necesidad es urgente y les obliga a humorísticas discusiones con el casero y con los acreedores asediantes, cuando no les obliga incluso a pernoctar bajo el cielo estrellado. Pero cuando la fortuna llama a su puerta, entonces se produce la batahola más feliz, hasta que la última moneda les obliga a volver a la ruda realidad cotidiana.

Cerca de ellos pasan y traspasan infinitas figuras femeninas, compañeras de una hora, de un día alegre; se recuerdan particularmente Musette, la amiga de Marcelo, que sabe amar y traicionar con tan espontánea franqueza, y Mimí, dulce muchacha llena de delicadeza que, después de haber abandonado a Rodolfo por un rico vizconde, vuelve a él para morir entre sus brazos. La buhardilla fría y tétrica y el cafetín de Montparnasse en invierno, los bulevares en verano, sirven de fondo a esta existencia vivida al margen de la sociedad. Murger había sido un bohemio y por ello las "escenas" están escritas verdaderamente con el mismo amor con que fueron vividas. El libro, en el que un sabroso realismo se colorea con sencillas notas románticas, gustó mucho a sus contemporáneos, y los nombres de Rodolfo y de Marcelo, de Mimí y de Musette, han perdurado como símbolo de juventud, de despreocupación y de tierna melancolía.