Alejandro Otero

(El Manteco, 1921 - Caracas, 1990) Artista venezolano. De origen humilde (su padre fue un trabajador del caucho que murió en 1923), en 1930 se trasladó con su familia a Ciudad Bolívar.

En 1938 comenzó a estudiar agricultura en Maracay. Entre 1939 y 1945, ya en Caracas, asistió a cursos de pintura, escultura y vidriería en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas. Para 1943 ya impartía cursos de vitrales en esa misma Escuela y tras su graduación logró una beca para proseguir estudios en París, donde residió en 1948.

Artista polifacético, preocupado desde muy temprano por el color y los efectos de la luz (sin duda, sus conocimientos sobre la técnica del vitral habían contribuido a desarrollar estas preocupaciones), mantuvo siempre un fuerte inconformismo frente a la pintura y el arte tradicional. Esta postura le llevó a fundar el principal grupo renovador del arte contemporáneo venezolano, el de los Disidentes.

Las primeras obras pictóricas de Otero revelan sus necesidades especulativas y su afán investigativo de la materia plástica. Su serie de 48 naturalezas muertas (Las Cafeteras), realizada entre 1949 y 1952, muestra al artista en busca de un lenguaje cuya economía de signos y ejecución replantea los presupuestos establecidos por la figuración, alineándose con el movimiento abstracto internacional.


Cafetera azul (1947)

A principios de 1949 Otero se encuentra de nuevo en Caracas, ciudad en la que se exhiben sus primeras obras francesas. Sus críticas al arte imperante en el país, asi como sus posicionamientos contrarios a una enseñanza tradicional, le enviaran de nuevo al exilio voluntario a orillas del Sena. En esta segunda etapa francesa, Otero viaja por Europa y se siente especialmente atraído por la obra de Mondrian, a quien conoció en Holanda. Mondrian inspiraría sus investigaciones sobre el color, reflejadas especialmente en las Composiciones Ortogonales. En ellas, Otero reinterpreta el espacio en función de las herencias del arte constructivista, con la línea como gran protagonista y, en relación con ella, coloca distintos planos de color.

Estos aspectos aventuran las futuras composiciones del artista y su abandono de la bidimensionalidad en favor de obras de caracter escultórico. Es el momento del universo de la vibración del color, que tanto ha preocupado a otros artistas cinéticos venezolanos. A partir de 1952 vuelve a Venezuela y participa en el proyecto integrador de las artes llevado a cabo por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva en la Ciudad Universitaria de Caracas (1952). Para esta experiencia realiza trabajos con diferentes técnicas, siendo su última intervención en 1959, con una Policromía.


Parabólica, de Alejandro Otero

En 1954 es nombrado profesor de la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, institución en la que permanece dos años y donde inicia un proceso de renovación educativa. Entre 1955 y 1960 desarrolla una de sus principales series, Los Coloritmos. En ella Otero se aferra a su lenguaje constructivo, en el que el color adquiere pleno protagonismo. A medida que avanza, las composiciones se hacen cada vez más densas, desbordando las preocupaciones iniciales (ritmo, vibración y movimiento), abriéndose hacia lo que el artista ha definido como "espacio-energía", la virtualidad creada a través de la reorganización del plano (por medio de la alternancia de bandas dispuestas paralelamente) conjuntada con otra dimensión espacial en la que el color introduce el ritmo estructural de la obra.

Con una selección de este trabajo representa a Venezuela en la Bienal de Venecia de 1956 y también en la de San Paulo del año siguiente. En 1958 participa activamente en la reformulación conceptual de la Escuela de Artes Plásticas, reiniciando asi su actividad docente. Asimismo, se interesa por el decorado teatral, participando en la escenografía de la obra Calígula de Albert Camus, presentada en el Ateneo de Caracas. Años más tarde, en 1966, repetirá esa experiencia con la obra Fuenteovejuna de Lope de vega, exhibida en el mismo lugar.

En 1959 había asumido también la coordinación del Museo de Bellas Artes, máxima institución expositiva del país. Sin embargo, en 1960 regresó a París, a encontrarse de nuevo con la experimentación e iniciar nuevas búsquedas de la mano del Neodadaísmo. Es el momento de sus assemblages y collages.

En 1963 representa otra vez a Venezuela en la Bienal de San Paulo y al año siguiente retorna al país. Hasta 1966 fue vicepresidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes. Ese mismo año se ofrece una retrospectiva de su obra en la XXXIII Bienal de Venecia. En esa época trabaja en los Papeles Coloreados, una de sus últimas series. Su poder de síntesis y el rigor colorista alcanzan sus límites máximos.

A partir de 1967 había comenzado a realizar una serie de Estructuras Espaciales, formadas por una serie de trabajos de gran tamaño realizados al aire libre ubicados en zonas emblemáticas de diversas ciudades del pais, como Maracay, Caracas y Ciudad Bolívar, asi como en otras capitales internacionales: Bogotá, Washington, México o Milán. Estas estructuras, realizadas preferentemente en aluminio, integran magistralmente el movimiento y los efectos luminosos producidos por el reflejo del material.

En 1975 Otero, junto con Miguel Otero Silva y Manuel Espinoza, dio a conocer el proyecto de creación de la actual Galería de Arte Nacional, inaugurada al año siguiente. Continuaba así con su labor en pos de la exhibición y divulgación del arte venezolano. Desde 1980 residió preferentemente en la ciudad de Nueva York.