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Participó en la segunda Cruzada, estuvo en Italia, se ocupó activamente de la reforma eclesiástica y de la fundación de monasterios; se vio obligado a mantener diversas controversias con feudatarios laicos y, aunque estaba estrechamente emparentado con los emperadores Conrado III y Federico I Barbarroja, no desempeñó elevados cargos en la Corte, y acaso no aprobó siempre la línea política seguida por sus soberanos. Murió en su antiguo monasterio, y su fiel discípulo Rahevin compuso en su honor un largo elogio poético. Los dos trabajos históricos de Otón de Frisinga son Crónica o Historia de las dos ciudades y Gestas del emperador Federico; la primera es una de las habituales crónicas universales medievales en 8 libros (el último trata de la venida del Anticristo y del Apocalipsis final) modelada sobre el esquema agustiniano, pero con un mayor interés por los episodios temporales; son dignos de mención en ella los varios prólogos, que exponen las teorías historiográficas del autor, así como la parte relativa a la época más próxima a él. A señalar también el hecho de que la obra, iniciada en 1143 y terminada en 1146, fue editada (por decirlo así) por segunda vez diez años más tarde con adiciones y sobre todo con un prólogo que modifica sustancialmente la visión demasiado pesimista que antes predominaba en el texto; ello fue debido al advenimiento de su sobrino Federico al trono y a sus sucesores que llevaron al imperio a su edad de oro y parecieron consolidar la paz en Europa. Con los mismos sentimientos emprendió la redacción de las Gestas, en cuyo primer libro se tratan brevemente los episodios alemanes e italianos desde los tiempos de Enrique IV, y en el segundo las empresas de Barbarroja de 1152 a 1156, sobre la base de una sucinta relación enviada por el mismo soberano y antepuesta a la obra. Otón de Frisinga es un historiador concienzudo y exacto, no demasiado partidista, aunque dé siempre a entender cuáles son sus ideales religioso-políticos, y dotado también de notable capacidad de exposición, aunque sus retratos dependan demasiado de modelos clásicos; y constituye una fuente muy preciosa por haber tenido la posibilidad de narrar casi siempre cosas que había visto u oído de testigos oculares. |